La guerra comercial entre Estados Unidos y China

Desde abril del 2018, las dos economías mundiales mayores se encuentran enfrascadas en la que se denomina la mayor guerra comercial de la historia. La guerra se gestó con la llegada de Trump a la presidencia. Para Trump y su equipo hay un problema con que Estados Unidos le venda 130.000 millones de dólares de bienes y servicios a China, pero le compre 505.000. Su percepción es que les están haciendo trampa.

Este 2019 no fue la excepción y las amenazas fueron y vinieron de este a oeste.

El primer antecedente se remonta a 2017 cuando el presidente Trump le dio la orden al representante del Comercio Robert Lighthizer de comenzar con la investigación de la Sección 302 del Office of the United States Trade Representative (Ustr). A grandes rasgos se investigaron las prácticas comerciales "desleales" de China, los cuales van desde políticas y prácticas del país asiático relacionadas con la transferencia de tecnología, propiedad intelectual e innovación hasta dumping, venta por debajo de costos de producción.

De acuerdo con el Ustr, China tiene una política industrial para ser líder en tecnología, que se engloba en su meta de Made in China 2025. Su preocupación es que Estados Unidos sea desplazado. Según la CIA, el PIB medido en dólares en PPA de China ya es mayor que el de Estados Unidos.

Es decir, mientras EEUU crea mayores hostilidades internacionales, China afianza la cooperación.

EEUU le ha impuesto una serie de aranceles no sólo a China sino a otros socios comerciales cercanos, como Canadá, México y la Unión Europea, mientras China ha liberado aranceles a 1.585 productos de otros socios y cancelado todos los aranceles para los países menos desarrollados

Mientras los aranceles le sirven a Estados Unidos como proteccionismo para América del Norte y sus industrias de baja competitividad, para China son una política industrial y de desarrollo.

Esta guerra comercial en las narices de la OMC, se acompaña del quejido que los chinos les hacen ingeniería de reversa a sus productos y aceleran las innovaciones tecnológicas sin costo, en una repetición de que hicieron antes Japón y Corea del Sur. El problema es que los chinos innovan sin el costo hundido de la investigación. Productos que salen al mercado en Estados Unidos con cinco años de investigación, son rebasados por actualizaciones chinas meses más tarde, haciendo la innovación no rentable para los americanos, pero muy rentable para los chinos.

El paso más reciente de esta misma guerra comercial ha sido la incorporación en el tratado trilateral de libre comercio Mexcusa, de una cláusula 32.10 Non-Market Country FTA que le impide a Canadá y México hacer tratados comerciales con países que no tengan economía de mercado: China y Cuba. Para México, todo esto suma malas noticias.

En ese contexto hay países que padecen los vaivenes de quienes manejan los grandes mercados mundiales.

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