La historia de un hombre, de una familia, de un país

Y ahí estaban la máquina de escribir de Andrés Fidalgo, la ropa de Nélida y Alicia, el retrato del escritor homenajeado, todo en el escenario, cuando una iba entrando a la sala del Teatro El Pasillo. Así lo habían anunciado los creadores de esta obra que titularon "100 Fidalgo, tarjando la memoria en Jujuy". Todos estos elementos sin dudas acercan a la historia de este artista y luchador, desde lo material.

 

La obra cuenta con las actuaciones y Reynado Castro, Lola Castro Olivera y la música en vivo del Dúo Tojra.

La puesta se hizo por segunda vez en el marco de las acciones por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, atendiendo a la lucha incansable de Andrés como abogado defensor de los derechos humanos, y a la historia de vida que atraviesa a la familia como víctima del último proceso militar en nuestro país. La primera, el estreno, fue en oportunidad de cumplirse el centenario del natalicio del autor, abogado, ensayista, luchador, culto y promotor de la cultura popular, y hombre de buen humor a pesar de todo.

Era sumamente necesaria esta obra, en este momento, en que ya se cumplieron diez años de su fallecimiento, cuando todavía hay gente que tuvo la dicha de compartir con él y puede contarlo, antes que la gente de las nuevas generaciones que no lo conocieron comiencen su vida activa política y culturalmente hablando sin siquiera nombrarlo. Es el momento justo de la transferencia, para que su legado sea público.

Muy atinadamente, el escritor Reynaldo Castro y Carlos María Rivero (voz del Dúo Tojra), decidieron poner mucha información que tienen recopilada esperando publicar un libro con la vida y obra de Fidalgo, y ante la falta de recursos que retrasa el último fin, en una puesta multidisciplinaria. Se sumaron Gustavo Cruz con su guitarra (el otro integrante de Tojra), y la actriz y escritora Lola Castro Olivera. Juntos lograron una puesta exquisita, emotiva, profunda, que combina con dosis justas y claras de información periodística (impartidas desde un escritorio por Reynaldo, quien cuenta con un tono muy familiar denotando la cercanía que en la realidad tuvo con Fidalgo), la poesía de las letras del inspirador llevadas a la voz y el cuerpo de Lola, y a la voz y la guitarra de Carlos y Gustavo.

Lo primero que cuenta la obra es una curiosidad en su historia como es que su padre lo haya anotado en el registro civil, antes de nacer, por temor a las multas existentes en ese momento por demoras en este trámite. Es decir que de acuerdo a los registros, Andrés Fidalgo nació el 7 de marzo, pero desde la familia se sabe que fue días después. Por eso, ingeniosamente, el texto dice que "el nombre precede al hombre".

Nació en Buenos Aires, vivió en Córdoba, y en un momento de su vida, se radica en Jujuy para siempre. En medio, un exilio que lo llevó junto a su compañera Nélida Pizarro, a Venezuela (entre 1976 y 1982). Su participación como codirector de la revista Tarja, que sin dudas significó un movimiento cultural a nivel nacional inusitado, entre los años 1955 y 1960, y otros tantos datos biográficos salen de boca del periodista-actor que se siente a salvo detrás de la máquina de escribir que hoy es escenografía, pero que fue la verdadera arma de Fidalgo.

Cada bocanada de aire que toma el relator, se embellece en el escenario con la música de Tojra, y las intervenciones suaves pero contundentes de Lola, que es en distintos momentos de la puesta, Nélida, su esposa, o Alcira, la hija desaparecida de ambos. Primero con un vestido, un sombrero y el abrigo de Nélida (prestados por su hermana Estela que colaboró con esta producción), la artista recrea los oscuros momentos en una celda, cuando ella fue detenida junto a su marido, y pedía para que le no hagan nada a él destacando con profundo amor, la valía de un poeta y su vuelo.

Más adelante, ya sin el sombrero y sin el abrigo, Lola se transforma en Alcira, esa joven que fue secuestrada y nunca volvió, y de quien se publicó un libro con sus escritos.

El trabajo actoral de Castro Olivera es impecable, desanda sensaciones de dos mujeres fundamentales en la historia de Fidalgo, de una manera tan sentida, y tan cerca del público, que es muy fácil ingresar en esa narración y emocionarse hasta las lágrimas, con el sufrimiento y la fortaleza de ambas. También utiliza algunos movimientos coreográficos, que ilustran la interpretación de "No te cases con minero", un poema de Fidalgo, al que nada más ni nada menos, que Horacio Guaraní, le puso la música y se lo entregó en su propia casa. Esa casa que estaba acostumbrada a recibir a grandes artistas e intelectuales argentinos, porque la consigna era que ahí siempre tendrían sopa y colchón los amigos.

Todos los detalles comulgan para una sensación muy intensa de estar viviendo su vida, o por lo menos de estar dentro del relato.

Fidalgo en sus versos se refiere a él y a Nélida como "Los dositos", un romanticismo cargado de compromiso social por parte de ambos, definido así. Juntos fueron detenidos el 20 de noviembre de 1974, juntos se exiliaron en 1977, juntos volvieron en 1982. Ella falleció en 2005, y él unos años después en 2008. Siempre "los dositos".

Sin dudas, una puesta muy acertada de gran calidad artística, que no puede dejar de hacerse.

 

 

Últimas Noticias

Últimas Noticias de Espectáculos

Últimas Noticias de Edicion Impresa

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...