Poeta y músico: García Lorca

El lector ilustrado seguramente ha leído o tenido que leer en la escuela la poesía de Federico García Lorca (tan llena de simbolismos, por cierto), a veces muy clara en su mensaje, otras no tanto.

Lo que sí, Federico García Lorca fue además de un gran poeta un buen músico: tocaba muy bien el piano y adoraba la música popular del pueblo español. Tuvo el privilegio de tener amigos como Manuel de Falla, Salvador Dalí, entre otros, y así formaba parte de un selecto grupo de intelectuales y hacedores de cultura de su país.

Quizás nuestro lector haya encontrado difícil de interpretar la poesía de García Lorca en la asignatura de Literatura en la escuela, pero más accesible y más simples de entender son las "Canciones antiguas españolas" que el poeta granadino recogió, investigó y armonizó para el piano.

Nació en Fuentevaqueros, Granada, en 1898 y murió fusilado en Alfacar en 1936, víctima de la intolerancia y la guerra.

Recuerdo que algunos compañeros de la escuela habían logrado memorizar "Verde que te quiero verde" o el "Romance de la luna, luna". Todos sus poemas nos transportan a una magia que juega con las imágenes, las palabras y la belleza en sí misma. Pura poesía.

García Lorca fue un gran investigador, conocedor e intérprete: había estudiado diez años el folclore de España, con sentido de poeta, haciendo hincapié en los cancioneros populares, afirma el mismo en sus "Obras completas".

Como coronación de su investigación musical, realizó las grabaciones de las canciones antiguas que él mismo había armonizado en 1931, con la bailaora y cantante Encarnación López, conocida como "La Argentinita" (1895-1941).

De la música, dice García Lorca en sus obras:

"Las canciones son criaturas, delicadas criaturas, a la que hay que cuidar para que no se altere en nada su ritmo. Cada canción es una maravilla de equilibrio, que puede romperse con facilidad: es como una onza que se mantiene sobre la punta de una aguja.

Las canciones -prosigue- son como las personas. Viven, se perfeccionan, y algunas degeneran, se deshacen hasta que sólo nos quedan esos palimpestos llenos de lagunas y de contrasentidos".

Incluyó canciones en varias de sus obras de teatro, como "Mariana Pineda" y "La zapatera prodigiosa", escenificando las canciones con los actores.

Era mucho su interés por la música del Siglo de Oro, la música antigua española. Tenía intenciones de incluir esta música en sus obras teatrales. Dijo en una entrevista en 1933: "Renovaremos estas canciones escenificadas con otras, de distinto tono, que ofreceremos haciéndolas coincidir con las fiestas de Navidad y fin de año. Pienso escenificar lo que se llama "villancicos", villancicos de Góngora, de Lope de Vega, de Calderón, de Tirso de Molina, muy breves y muy sabrosos con un sentido profundo".

Las canciones que armonizó para el piano y que grabó él mismo son: Anda jaleo, Los cuatro muleros (canción típica del Albaicín), Las tres hojas, Los mozos de Monleón (incluída en el Cancionero Salmantino), Las morillas de Jaén (del Cancionero de Palacio), Sevillanas del siglo XVIII (se dice que estaba presente una obra de Lope de Vega), El Café de Chinitas (una muerte trágica), Nana de Sevilla (canción de cuna gitana), Los pelegrinitos (canción pascual andaluza), Zorongo (danza con zapateado), Romance de Don Boyso (romance medieval), Los reyes de la baraja (canción y juego infantil, a modo de las "escondidas") y la Tarara (danza frenética). Sus canciones fueron interpretadas por grandes, entre ellos Lolita Torres y varios cantantes clásicos argentinos y jujeños. El cuerpo de Federico García Lorca yace en una fosa común, anónima, pero la que sí no es anónima es su obra, que lo inmortaliza como uno de los mayores autores en lengua española no sólo en la poesía y el teatro sino también en la música, popular y culta.

 

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