El adiós a Ricardo Pérez, el gran emprendedor

"Hay que conocer para amar y yo lo aprendí. Lo único que anhelo es ofrecer mi tiempo, mi esfuerzo, mi sacrificio y mi trabajo en bien de mi pueblo, que mi gente pueda tener un lugar donde llegar con su familia y disfrutar del pleno contacto con la naturaleza. Creo que todo ser humano debe dejar impresas sus huellas en obras buenas, obras que puedan disfrutar las presentes y futuras generaciones. Eso es lo que hago cada mañana". Fue uno de los mensajes que en las tantas entrevistas mantenidas con El Tribuno de Jujuy, expresó el fundador de la Reserva Natural de Flora y Fauna Silvestre, Rafael Ricardo Pérez, quien falleció la tarde del jueves último a la edad de 56 años, como consecuencia de una enfermedad terminal.

 

La Reserva fue visitada por miles de niños, delegaciones y gente llegada desde distintos puntos de la provincia y del país.

 

Para algunos fue un loco, para los entendidos fue un "gran emprendedor", porque sólo los emprendedores son capaces de soñar no para sí, sino para los demás y tanto sus sueños como el empuje para concretarlos, no tienen límites. La generosidad de su corazón lo llevó a compartir todo lo que Dios puso en sus manos. Muchos niños disfrutaron de las masitas dulces y el mate cocido que repartía para todos en el barrio y de los paseos por la verde espesura del paisaje de esta región. Siempre reconoció las cosas que hizo en la vida, y solía relatar que le gustaba cazar, iba con sus amigos al monte y un buen día observó que cada vez debían caminar más, que a los animales ya no se los encontraba fácilmente como antes. Ese fue el preciso momento en el que decidió dar un vuelco en su vida, dejó de ser un cazador para transformarse en un acérrimo defensor de la fauna silvestre. Ya en su mente, comenzó a bosquejar la forma de defender el entorno natural. Sabía que si ponía las manos en el arado, no podía volver la vista atrás y así lo hizo. No se sentó a esperar dádivas ni a golpear puertas en busca de subsidios. Dejó su casa, su trabajo y decidió afincarse y comenzar a trabajar en las tierras ubicadas en La Urbana, en el departamento San Pedro, pertenecientes a Ingenio La Esperanza, las que ya desde hace años atrás había ocupado al igual que otros pequeños productores.

Luces y sombras lo aguardaban en este enorme desafío, con gran sacrificio cumplió el sueño de brindarle a la comunidad un espacio para la revalorización de la naturaleza, el cuidado y preservación de la flora y la fauna silvestre y supo sobreponerse a la destrucción masiva y el desalojo de la reserva. Nadie pudo creer que de ese inmenso dolor, Ricardo sacaría las fuerzas para renacer de las cenizas, y ocupando, con el permiso legal, las otras parcelas, volvió a empezar, porque sus sueños estaban vivos. Y así fundó la única reserva donde se logró la reproducción de animales, como la corzuela en cautiverio, además de llamas, avestruces y chanchos del monte. Por primera vez, muchos pudieron conocer a animales que hasta ese momento, sólo habían visto en revistas o por internet, como el gato onza, pumas, coatí, pavas del monte, llamas, ñandú, águila real, mono, perro del monte, yacaré, entre otros. A ese altar natural, donde la mano del hombre sólo interviene para apostar a la vida y a la rica biodiversidad que está en constante peligro, lo llamó Rezzol, reserva natural ubicada a la vera de la ruta provincial Nº 56, enmarcada por la majestuosa serranía del Zapla y única en su característica en la región. Refugio no sólo para las especies animales y vegetales autóctonas sino también un vergel para todos aquellos corazones anhelantes de entrar en pleno contacto con el mundo natural para disfrutar de la contemplación, del descanso o de la investigación.

"Apenas tuve tiempo de concretar la mitad de todo el proyecto, porque comenzaron a llegar personas trayendo animales heridos, otros que vivían encadenados en cautiverio y algunos agonizantes por heridas de armas de fuego de cazadores. Entonces fue preciso doblegar los esfuerzos, invertir hasta los ahorros para acondicionar el lugar, porque aunque la naturaleza se ofrecía generosa, era necesario tener un lugar acorde para esos animalitos que llegaron y a los que había que preservarles la vida. Todavía nos queda por efectuar trámites ante distintos organismos, pero ante todo apostamos a la vida, eso fue prioritario, nos ofrecimos a cuidar de estos animales hermosos, que están en vía de extinción y de no ser por este grupo maravilloso que me acompaña y me sostiene, hoy la comunidad no podría disfrutarlos", había expresado Ricardo, el precursor, "el alma matter" de este emprendimiento.

Lamentablemente, en los últimos meses, cuando comenzó su enfermedad, aparecieron personas que lejos de ayudar, comenzaron con críticas y hasta amenazaron con denuncias si no soltaba a los animales porque no tenía el permiso correspondiente. Ningún organismo del Estado quiso hacerse cargo de los animales, y el "cacique" de la Reserva Natural entendió que ya no tenía fuerzas para luchar y dispuso que los animales curados fuesen llevados monte adentro, cumplió en devolverlos a la misma naturaleza, pero curiosamente, todavía algunos animales vuelven solos a la Reserva.

Se fue el "cacique", nadie pensaba que su partida sería tan rápida y tan pronta.

Se fue un gran hombre, con sentimientos nobles, capaz de generar y concretar gestos que enamoran el alma.

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