Cambio climático: la energía solar compensó su huella de carbono

Por Pablo Greco, consultor en energías renovables. CEO de la empresa Hissuma Solar

Según estimaciones de la ONU, la energía es el factor que contribuye principalmente al cambio climático y representa alrededor del 60% de todas las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Es por eso que el desafío de generar una matriz energética más limpia es un imperativo, tanto en nuestro país como en el mundo.

Pero a pesar del fuerte consenso sobre la transición hacia formas sustentables de producir energía, aún hoy existen varios mitos a su alrededor. Algunos de los más difundidos se centran en la generación de energía solar fotovoltaica. Uno ellos indica, por ejemplo, que para fabricar un panel solar se consume más energía de la que éste produce durante toda su vida útil.

Puede que esto fuera cierto en los inicios de la industria, pero lo tecnología ha avanzado tanto desde entonces que los paneles no solo se han hecho más eficientes, sino que en los últimos cuarenta años, han reducido entre un 17 y un 24 por ciento los gases que se emiten durante su fabricación.

Estos datos surgen de un estudio presentado en 2016, por un equipo de científicos, en Nature Communications. Allí se asegura que la energía solar ya equilibró las cuentas entre la cantidad de las emisiones de los gases de efecto invernadero producidas y evitadas por la construcción de los paneles, entre 1976 y 2014, concluyendo que, a más tardar en 2018, su huella de carbono se encontraría compensada.

Ahora bien, otra de las cuestiones que genera dudas tiene que ver con el ciclo de vida de los paneles. Se sabe que una de las ventajas que poseen es su durabilidad, que puede superar los 25 años, ¿pero qué sucede cuando se convierten en residuos?.

La apremiante emergencia ambiental que vivimos pone en evidencia que el viejo modelo que proponía extraer, producir, usar y tirar, es insostenible. Es en ese sentido que lo que se denomina "economía circular" propone un nuevo paradigma, donde la eficacia de los procesos productivos asegura la eficiencia de los productos a lo largo de todo su ciclo vital.

De esta forma la reutilización y el reciclado se vuelven esenciales, redefiniendo el concepto de lo que se consideraba residuo. Es así que dentro de las tecnologías energéticas, la fotovoltaica ha logrado la circularidad, llegando a obtener un reciclado de hasta un 85% de los materiales que componen los paneles solares.

Cobre, aluminio, vidrio, silicio, todo se recupera. Esto ya es una realidad en China, líder mundial de la producción solar, donde la organización sin fines de lucro PV Cycle, funciona desde 2007 gestionando los residuos de la industria fotovoltaica.

Esta importante experiencia, que se generó a raíz de una normativa europea, aún no tiene su correlato en América latina, porque no tenemos el volumen suficiente para operar este tipo de planta de depósito y tratamiento. Pero es un auspicioso modelo que nos prepara para un futuro con fuentes más limpias de energía y una industria comprometida con los procesos circulares y el desafío del triple impacto: económico, social y ambiental.

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