"Música Alquimia", el placer del buen sonido

"Música Alquimia", el CD en el que casi todos los sonidos fueron ejecutados, grabados y mezclados por Fidel Flores, es uno de los anuncios esperados de nuestra música, por lo que quisimos presentar una bitácora de sus temas, todos, salvo dos, de autoría propia. El arte de tapa de Fernando Fernández es otro de los motivos que se aprecian a la hora de tenerlo en las manos.

El recorrido comienza con "Arena", de Lucía Carmona y Walter Michel, donde un coro de tipo africano se mezcla con el riff que remeda el sayal de una caja para que la voz clara de Flores, por momentos al unísono del bajo de cinco cuerdas, nos sugiera la "hostia de siglos, puerta azul" y pueda reposar, tras el estribillo, en una melodía de corte folclórico.

"Viento" tiene su tono de baguala con brillo de guitarra para elevarse en espirales que recalan en distintos fragmentos de bellas melodías, y "Candombe" con tanto del ritmo uruguayo como del sonido del jazz rock que le es parte, y la suerte de bosa "Más", primer corte que se difundió en las plataformas digitales, una confesión trasnochada en la que trinan algunas cuerdas donde "quizás confié de más" y se demora la línea de vientos que viene reclamando toda la canción.

"Chapa" recuerda aquellas viejas historias contadas por el rock nacional y algunos de sus sonidos y cadencias, y "La casa de al lado", con la voz de Julio Cortázar leyendo momentos de Casa Tomada, la descripción enumerada de la canción de Fernando Cabrera y la voz de Laura Chaker y de Fidel entrelazadas con un ritmo que pasa como una línea continua, y "Por venir", compuesta junto a ella, donde "se deja ir el tiempo, se deja ir".

"Soledad" vuelve a sonar carioca para decir: "apágate en mí", y nos permite imaginar un bar a media luz y la interpretación de una bella cantante, y el noveno tema, "Zamba por mil", con toda la dulzura del género, el trino de los pájaros y la voz de Violeta Parra hablando en un peculiar rasguido que aúna el percutir del palito sobre el borde del redoblante y la cuerda del bajo, para recordar al "patio al que puedo volver".

Para hoy y mañana

Es un disco que satisface las expectativas generadas, y al que habrá que volver cuando Fidel Flores vaya a saberse qué cosas hará con la música, con canciones propias que se pueden imaginar en interpretaciones ajenas, con un sonido que se sostiene desde la primera a la novena de las canciones, por más disímiles que sean, y que con los años, estoy seguro, volveremos a escuchar con placer tanto como lo podemos hacer ahora, que es lo que realmente importa.

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