Lo que dejaron las encuestas

El fin de semana se terminó el plazo para la publicación y explotación de las encuestas previas a la gran encuesta: las Paso. Consultoras conocidas, no tan conocidas y otras recién inauguradas colaron sus datos y opiniones hasta el último minuto. Ahora, la calma se instala en la comarca y los votantes siguen todavía bastante indiferentes a pesar del bombardeo de preguntas de los días pasados. ¿Qué dejó la abrumadora avalancha de informes de las encuestadoras? Sólo más incertidumbre. El jujeño primero debió esquivar el pertinaz abordaje de los preguntones que aparecían en cualquier esquina, en los teléfonos fijos, en los celulares y en las aplicaciones de cada computadora. Después tenía la tarea de ubicar qué candidato, partido o frente era el que mandaba al consultor, y recién tratar de comprender el grado de manipulación y de elegante inducción al voto que le presentaban en las columnas, gráficos y coloridas tortas plenas de información. Como la mayoría coincidía en la polarización que ya se sabía desde hacía mucho, las finísimas diferencias no resolvían la pregunta del millón: ¿quién gana las Paso? Ahora es el turno de los spots que arrecian por estas horas en radio, TV y redes sociales, y vuelven a copar los medios gráficos intentando imponer la imagen de los precandidatos. Eso sí está claro: imagen, porque ideas y proyectos, está quedando para otra oportunidad. Sólo está bien definido que compiten dos modelos diametralmente opuestos: el macrista y el cristinista. Todo lo demás, se puede desyuyar del jardín político y no cambiará en nada ni la esencia ni el escenario de la contienda preelectoral. Jujuy es un reflejo cabal de lo que ocurre en la Nación. Pero nuestras provincianas particularidades siguen siendo muy especiales. A saber:

La elección pasada le permitió a Gerardo Morales y asociados estirar cuatro años su permanencia en el poder. Pero lo que siguió fue tan abrupto y revuelto, que el GM no tuvo tiempo -y tal vez ni ganas- de disfrutar la "luna de miel política" que generalmente usan los ganadores para apretar clavijas, introducir giros importantes, marcar rumbos y mostrar el arranque de una etapa superadora a la anterior. Fue así aunque nadie esperaba cambios significativos en su gestión. Ocurre -en primer lugar- que es él su propio heredero, y en segundo lugar, la vorágine nacional absorbió el interés general. Lo cierto es que el triunfo de Cambiemos en Jujuy deberá esperar dos o tres escalas antes de prolongar el festejo con firmeza o reprogramar su trayectoria sin amigos en la Casa Rosada. Las Paso en Jujuy no serán una prueba más, marcarán la posición provincial frente al nuevo presidente, sea quien fuera. Si es Macri, el buen entendimiento afirmará la excelente relación ya demostrada. Si es Fernández, la tensión será inevitable, aunque las declaraciones hablen de convivencia armoniosa y democrática. La política en estas cuestiones ni esconde secretos ni brinda sorpresas. En este punto, cobran trascendencia especial los precandidatos que disputan los tres lugares a diputados nacionales. En Buenos Aires, se contarán de a uno los que lleguen a integrar cada bloque. En Jujuy, la elección teñirá del color del ganador los próximos cuatro años de vida pública, la renovación intermedia del 2021 y la general del 2023. Dirá el amable lector que falta una eternidad, y es así. Pero en este país y en estos temas, es tan cierto que un mes puede ser una eternidad, como que una eternidad puede comenzar a mostrarse mañana.

Las encuestas y sondeos en Jujuy permanecen guardados bajo siete llaves. Cada sector tiene las suyas y su propia incertidumbre -o pesadumbre- hace que prefieran el misterio antes que la euforia. Aquel es prudente protección, ésta puede ser enorme papelón. Desde el oficialismo, Jorge Rizzotti y Natalia Sarapura remaron contra viento y marea, y con la golpeada imagen del Presidente que no colabora con sus candidatos en ningún rincón del país. Consciente de ello, el GM volvió a vestirse de locomotora y aprovechando saldos y retazos de la campaña provincial y la persistente fortaleza de su propia imagen se puso al frente en los últimos días para arrastrar un convoy pesado y en subida. El riesgo del GM es alto: si gana, dirán que era lo que se esperaba de él. Si pierde, quedaría pedaleando en el aire y asumiendo la titularidad de una derrota. Pero el gobernador sabe que por pequeño que sea el aporte de Jujuy en una elección nacional, valdrá oro para Macri y para el gobierno que iniciará en diciembre por cuatro años más. Así juega sus fichas a medida de una final de campeonato. La visita reciente de Mauricio Macri, semiescondida, fugaz, fue casi malgastada. Un encuentro de dirigentes del NOA en Purmamarca no disimuló la falta del calor popular de aquel inolvidable final de campaña del 2015. Se fue el presidente y Gerardo volvió a la carga para galvanizar el voto anticristinista en Jujuy. Apuntó a la dirigente social presa y afirmó que el triunfo de F&F sería entregar Jujuy en manos de los viejos métodos del tupaquerismo. Lo ayudó Alberto Fernández, que por esas horas reiteró con energía que la señora Milagro Sala es una presa política. De esta declaración de principios, al posible indulto presidencial, es imposible no darle la razón al GM. Lo demás sigue siendo un camino duro en la campaña de Juntos por el Cambio, donde por un mito o por una realidad, se sigue pensando que Jujuy es peronista. El domingo se sabrá.

La oposición justicialista sueña con volver a oír campanas de victoria. Carolina Moisés compartiendo boleta larga con la imagen de Cristina Elisabet Fernández de Kirchner, Julio Ferreyra, siempre más alto en la aceptación popular, y Guillermo Sapag con redoblado entusiasmo y crecimiento en los últimos días conforman el trío de peronistas que usará las Paso para lo que son: ponerse a consideración de toda la ciudadanía y además, darse un baño democrático y participativo que hace muchos años el peronismo no vive. A diferencia de Gerardo Morales, el jefe justicialista Rubén Rivarola no puede -ni debe- aparecer en la campaña, más que de la manera que lo hace: apoyo equilibrado a sus precandidatos y criticando las políticas que el macrismo aplica en Argentina y en Jujuy. Y convocando a peronistas y no peronistas a sumarse a la cruzada por la recuperación del Gobierno. En el PJ muchos siguen lamentando haber desperdiciado la oportunidad de la unidad, seguros que podrían haber ganado la elección el 9-J, y piensan que el 11-A les puede ocurrir lo mismo. Han demostrado ser capaces de tropezar dos y más veces con la misma piedra. Pero van llenos de entusiasmo. Todavía soñando que algún Fernández importante llegue estas horas a visitarlos. A ellos, sí, esa visita los ayudaría a sumar.

Volviendo al principio, las encuestas en Jujuy fueron una pequeña réplica de las nacionales. Dos protagonistas, varios partenaires y un electorado con muy altos porcentajes de indecisos. Aunque muchos son indecisos que ya decidieron pero asumen que su voto es vergonzante y lo ocultan. Lo curioso es que las encuestadoras más importantes trabajaron en Jujuy con una pregunta especial: "Para diputado nacional: ¿cuál sería el candidato que nunca votaría?" Para no quedar al margen de la ley, sólo diremos que los resultados son sorprendentes. O tal vez no tanto. Muchos lectores ya deben haber acertado el pronóstico. Pero esta encuesta que resuelve el intríngulis por el lado negativo, mostrará el domingo el hartazgo de los jujeños por su clase dirigente, el cansancio por los nombres de siempre, y tal vez, sólo tal vez, la dirigencia asuma que deberá repensar concienzudamente los nombres, los discursos y los modos de hacer política si quieren contar con la gente en el 2021 y en el 2023.

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