Chaya de mojones en Maimará por un buen año

Chayar es darle a la tierra una ofrenda, generalmente líquida y hojas de coca, como modo de augurarse su reciprocidad.

No es nueva la costumbre de acercarse al comenzar el año y chayar en los mojones de las comparsas, donde aún está enterrado el diablito de la alegría, pero solía ser cosa más de la familia, de la comisión directiva de las comparsas, costumbre de unos pocos nomás.

Se chaya en el mojón, dicen, cuando hay que pedirle a la Pacha un permiso para sacar el disfraz fuera de los carnavales o al tener que ausentarse para el desentierro, pero habrá corrido la voz, la fama de los bailes maimareños, los conjuntos en los mojones, y las calles empezaron a colmarse año a año para alcanzar a las multitudes que hoy se llegan para el primer día del año.

Hay quienes quieren cálculos. ¿Cómo saberlo? El mojón de los Runkankos es allá arriba, y hay que andar entre harta gente por esas calles que suben casi hasta la ruta donde, como volviendo para el lado del cementerio, se alza el Cerro Negro.

Los Ácidos arman su escenario sobre la avenida y ya hay cientos de personas bailando en la tarde, no tantos como los hay frente al mojón de Casatschok, al pie de la escalinata, que empieza a festejar sus cincuenta años de vida y más abajo, más cerca del río, el de avenida de Mayo.

En las calles cantidad de puestos ofreciendo bebidas, empanadas, la tentación del perfume de una parrilla, carpas que se transforman en comedores y se venden vasos alusivos, sombreros, anteojos antiespuma, remeras que recuerdan que uno estuvo en la chaya maimareña 2020 y, dado que el calor se tornaba húmedo y el sol bravo, cantidad de vendedores de hielo que, nos dicen, esperaban hacerse así de un aguinaldo.

Algún locutor recuerda, como si no se supiera, que en la tarde, mientras se chayan los mojones, los conjuntos tocan para que bailen los alegres sin que se le cobre a nadie un peso, aunque será distinto en los bailes nocturnos porque hay que recaudar para el Carnaval. Las calles cortadas permiten que la gente baile, en un operativo policial que convirtió a Maimará en una república peatonal, y hay harto ómnibus de viajes especiales sobre la ruta.

Público juvenil

Las chayas propiamente dichas estaban pautadas para las 14, por lo que aquellos que se querían llegar a tiempo a la ceremonia empezaban a salir tranquilamente de sus casas a las 16 y estaban a tiempo. Luego bajó una lluvia que, dicen, ya había caído en Huacalera y fue mojando la ruta, trajo algo de aire renovado pero es de suponer que muchos ni siquiera la notaron. Así Maimará se pone como protagonista del primer día del año, que lo es también de una década, convocando mayormente a un público juvenil para disfrutar y augurar un próspero 2020.

 

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