Laberintos Humanos: Robo del tapado

En la serie de Pierro y Solón, filmada allá por los años setenta, un campesino empezaba a contarles que ya se previno cuando quiso desenterrar el tapado y no le salió ninguna alimaña, como dicen los abuelos que debe suceder para que las enfrente, las decapite y caigan en su lugar los doblones de plata.

En cambio, lo que encontró bajo la laja donde sus padres enterraron sus ahorros, fue una vasija vacía. Ustedes comprenderán que nos han robado, dijo al fin. Los abuelos confiaban más en enterrar su platita que en ponerla en el banco, pero nunca falta un vivo que se alza con lo ajeno. Por eso los he llamado, concluyó. Solón, pero aquel Solón joven de la serie, buscó con la mirada los bordes del pozo adonde los llevó el hombre. Buscaba algún rastro, alguna huella que pudiera delatar quien habrá sido el malviviente. Pierro, por su parte, se ocupó de averiguar por el botín.

¿Qué habían enterrado sus padres en el tapado?, quiso saber. El campesino alzó los hombros. Podía ser la plata de la venta de la cosecha, o acaso la que cobraron al llevar hacienda para vender, quien sabe, le informó. Entonces tampoco puede asegurar que hayan enterrado algo, concluyó el comisario y el otro le respondió que no van a andar enterrando una vasija vacía, ¿para qué lo harían? Y además la luminaria que brotó del suelo, agregó. Eso quiere decir que había plata. Si es así, dijo Solón atando cabos, será que le robaron desde que vio las luces hasta que empezó a cavar. El campesino se rascó la cabeza con evidente gesto de sorpresa.

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