Día Nacional del Mate: quién lo inventó y dónde

El mate es una infusión de origen sudamericano, muy popular en Argentina, Uruguay y Paraguay. Su historia se remonta a tiempos precolombinos, ya que grupos de aborígenes que habitaban este hemisferio sur fueron quienes descubrieron la planta donde se extraen las hojas para prepararlo.

Fueron los guaraníes, quienes habitaban el noreste del actual territorio de Argentina y gran parte de Paraguay y Brasil, quienes comenzaron a consumir las hojas de la planta de yeba mate, cuyo nombre científico es Ilex Paraguarensis Saint Hilaine.

Aunque esta comunidad se distribuía en un territorio que abarcaba zonas de varios países actuales del continente, se cree que las primeras tribus que utilizaron y consumieron las hojas de la planta se ubicaban en Paraguay, com quedó registrado en libros que se escribieron tras a la conquista de los españoles.

"Un antiguo grupo de los guaraníes llamados avá lo usaba como un ritual. Donde se moría un familiar se plantaba yerba mate. Consumir luego las hojas de la planta era una forma de sentir que ese pariente perdido había entrado en uno y seguía conviviendo", sostiene el historiador Sergio Wischñevsky.

Al principio, la forma de consumirlo era masticando las hojas y en infusiones frías, explica Wischñevsky, y agrega que, cuando llegaron los españoles quedaron impactados por esta costumbre y su efecto estimulante en los indios. "Se dieron cuenta de que los guaraníes trabajaban mejor cuando consumían mate, esto está documentado", observa.

El nombre "mate" llegó mucho tiempo después, cuando la infusión comenzó a servirse en cuencos que se formaban ahuecando la calabaza. La palabra proviene del quichua "mati", que significa calabaza.

De la planta de yerba mate al ritual de cebar el mate y tomarlo con bombilla

La interacción con la orden católica de los jesuitas que misionaron en la Mesopotamia la que terminó de moldear la forma en que actualmente se lo bebe, mezclado con agua caliente en un recipiente y sorbido con una bombilla.

Valeria Trápaga, sommelier de yerba mate, asegura que “la historia nace en el siglo XVI con los guaraníes en busca de la ‘Tierra sin mal’, donde ellos se trasladaron. En la selva paranaense encontraron una planta sagrada, que es el árbol de la yerba mate, que venía a traerles prosperidad, que venía a traerles salud y un montón de beneficios para sus vidas”.

La autora del libro El mate en cuerpo y alma (Ediciones Larivière), sostiene que los aborígenes le dieron hasta doce usos distintos a la planta, uno de los cuales fue tomarla infusionada pero previo tratamiento con fuego, "porque si a las ramas con hojas de la yerba mate no la hubieran procesado con calor, hoy no tendríamos la yerba mate entre nosotros”, aclara.

Precisamente, en la actualidad se realiza un proceso industrial que mantiene aquella tradición. Las hojas de yerba mate, después de cortadas del árbol, se someten primero al sapecado, una palabra que viene de origen guaraní que significa "abrir los ojos": genera una pérdida de humedad y fija la clorofila a través del calor que reciben en tubos enormes que giran con paletas, donde se les sella.

Luego pasan por secaderos, donde se las expone nuevamente a altas temperaturas. Se prosigue con el canchado, una primera molienda gruesa después de la cual queda estacionada entre 6 y hasta 15 meses. Finalmente, se le hace el molido final y el envasado para su comercialización.

El mate bebido con bombilla ya estaba presente en la cotidianeidad de los aborígenes y coincidió con la colonización. “Fue un descubrimiento de los guaraníes con la cañita tacuapí también en la época que llegan los jesuitas de España y comienzan la evangelización”, aporta Trápaga.

La especialista afirma que “cuando el mate nace como infusión entre los guaraníes, antes de la llegada de los padres jesuitas, bebían la infusión en un cuenco que se iban pasando de mano en mano y filtrando las hojas del líquido entre los dientes”.

“Pero al tiempo, y junto con la llegada de los jesuitas, aparece esta manera distinta de poder tomarla y compartirla”, refuerza. Con respecto al recipiente de calabaza -llamado Lagenaria vulgaris-, explica que los guaraníes le daban utilidades múltiples, como si fuera su vajilla y por eso la utilizaron también para el mate.

Según la sommelier, esa forma de beber la infusión “facilitó a los padres jesuitas el hecho de poder compartir el mate con los guaraníes”, lo que, se infiere, fue un un modo más de comunicación entre los españoles y los nativos.

Es por ello que se anima a aseverar que “los jesuitas tuvieron un gran aporte” en la forma actual de tomar mate aunque también tuvieron sus cruces con los nativos en tiempos de la prohibición de la yerba mate. Fue a principios del siglo XVII, cuando el entonces gobernador del Río de la Plata, Hernando Arias de Saavedra (conocido como Hernandarias) consideró que era “un mal hábito”.

“Finalmente los españoles se tuvieron que hacer amigos, y fueron ellos los que lograron hacer las primeras plantaciones racionales de yerba mate y convertirla en un gran negocio productivo, tanto que pasó a ser una especie de oro verde”, indica Trápaga, en una primera reivindicación del “gran aporte fue el de los inmigrantes que llegaron a todo lo que hoy es la zona yerbatera y pudieron aportarle la industrialización perfeccionada”.

Define, en tal sentido, que en la historia de cinco siglos, la yerba mate ha atravesado períodos en los que estuvo al borde de la extinción. Sin embargo, gracias a los guaraníes, los jesuitas y los inmigrantes que continuaron con la producción, la yerba mate sigue vigente y tal como se la conoce hoy en día.

Qué significa el mate para los argentinos

De esta manera fue que tomar mate se transformó en una de las tradiciones que, como pocas, no sólo se mantiene sino que además se expande en todo el mundo. En la actualidad, en Argentina se consumen alrededor de 100 litros de mate al año por persona, de acuerdo a las estadísticas del Instituto Nacional de la Yerba Mate.

“Frente al mate somos todos iguales”, subraya Valeria Trápaga, quien sostiene que esto es una herencia de los guaraníes: "Ellos consideraban que no era más rico el que más tenía si no el que mayor capacidad tuviera de compartir los bienes materiales y espirituales con los demás”.

Coincide con ella el historiador Wischñevsky, que resalta que desde que si bien el mate comenzó como una actividad indígena, cuando fue adoptada por los conquistadores y los criollos pasó a ser una costumbre que, como hasta hoy, atravesaba las distintas clases sociales.

“Por eso -agrega- cuando descubrieron la yerba mate la hicieron parte de sus vidas, porque para ellos era una pócima, decidieron que la tenían que compartir. Y fue frente al fuego, que era sagrado, y pasándose un cuenco, que tomaron esta decisión. Hoy al mate lo compartimos gracias a ese gesto, a ese mensaje tan místico y tan mágico de los guaraníes”.

Para los argentinos, el mate es un ritual “ligado a la sociabilización y al afecto” y que incluso “es distinto para el uruguayo, que lo usa como una extensión de su propio cuerpo y tiene un hábito más individual de tomarlo”, compara la sommelier.

“El mate va a estar siempre vigente con lo que está impreso en su ADN. Es compartir, acercarse, es esa infusión única en el mundo que tiene esta particularidad de ser convidada y de ser cebada, no es servida. Y el cebar implica una cuota de afecto y de intención para preparar algo rico para el que lo recibe, por lo tanto, siempre tiene que haber otro, un ida y vuelta”, concluye.

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