¿Qué tiene Beethoven que no tenga la cumbia?

Este año por seguro no va a pasar desapercibido. Un año clave por muchos acontecimientos que han ocurrido en cada parte del mundo. Nunca hemos sentido hasta 2020 los efectos de que vivimos en una pequeña aldea, la aldea global.

Más que nunca sentimos que somos iguales, que los seres humanos no estamos divididos por raza, sexo, religión o creencia. A todos nos pasa lo mismo, todos sentimos igual, vivimos igual.

Ni rey ni príncipe, ni presidente ni pordiosero se ha librado del coronavirus, que nos ha hecho tomar conciencia de cuán corta es la vida y de que todos somos iguales, en verdad, iguales.

Ni Carlos de Gales, ni Donald Trump han podido evadir el virus, como tantas víctimas en nuestras ciudades y en quienes hemos pensado especialmente el 1 de noviembre, Día de las Almas.

Pero vamos a hablar sobre nuestro cometido y que el lector seguidor de esta columna espera con ansias cada domingo, un acontecimiento cultural y en especial, musical.

El toque de queda que cubre los países de Europa no permite que podamos visitar conciertos, museos o muestras de arte. Todo vuelve a celebrarse en privado.

Aunque hayan pasado ya nueve meses de un estado precario, este viene y va de restricciones hace que nos quedemos en casa y que disfrutemos del mundo a través de una computadora.

Quizás podemos todos, absolutamente TODOS, munidos de una computadora y una conexión fiable de internet, gozar y disfrutar de música, probablemente mucho más que antes.

Un universo se nos abre ante nosotros, pues muchos museos, casas de conciertos y óperas disponen de una emisión en vivo a través de su página web o de un medio social como facebook, instagram o youtube.

La solidaridad ha hecho que muchas instituciones abran su puerta al mundo virtual y estén al alcance de cada uno de nosotros, estemos donde estemos.

El idioma tampoco es un problema o un obstáculo, pues muchas páginas web disponen de menos en castellano, sabiendo que somos el cuarto idioma más hablado del mundo. También es posible traducir páginas web a través de traductores online y otros en forma de aplicación, que, al detectar una palabra extranjera con la pantalla, la traduce al instante.

Este año muchos conciertos se realizan, así como festivales internaciones, pero en versión on line, disponibles para el público de Londres o Moscú pero también para el público jujeño, melómano o aprendiz en el camino de la música clásica.

Este año se celebra especialmente la efemérides del nacimiento de Ludwig van Beethoven, uno de los más conocidos y prolíficos compositores alemanes, nacido en Bonn, el 16 de diciembre de 1770 y fallecido en Viena el 26 de marzo de 1827.

Su obra marcó la historia de la música y es por eso que seguramente a nuestro lector melómano tanto al que no conoce o cree mejor dicho, no conocer la música clásica, alguna vez ha escuchado y seguramente tararea sus melodías.

Es que no sólo escribió sonatas para el piano, instrumento que tocaba el mismo. Seguro de la generación anterior, la que aprendía a tocar el piano en la casa o en una escuela de música de Jujuy, ha tenido que estudiar como deber la sonata "Para Elisa"o "Claro de luna", muy conocidas ambas por la melodía y por formar parte de la banda sonora de alguna película, como por ejemplo "La amada inmortal", película sobre la vida de Beethoven.

Precisamente es en esta película donde vemos las vivencias y el duro destino de este compositor, afectado por la sordera y como músico y compositor, sumido en la mayor desgracia.

Sus canciones son muy memorables, dedicadas a la amada lejana inmortal, de quien aún no se sabe con certeza. Sin embargo, sus canciones, llenas de amor y misterio, nos representan con el piano la excitación, el corazón que late ante la presencia de esa amada anónima para nosotros pero tan presente para el compositor.

Es esa amada lejana que a través de sus canciones o Lieder (canción, en alemán y que fue el tema de la columna de la semana pasada) nos cuentan la fuerza del amor y cómo es un sentimiento universal, de todo ser humano.

También sus obras orquestales son tan reconocidas y presentes, sobretodo sus sinfonías.

Quizás para el lector carnavalero una le sea familiar: la Novena Sinfonía u Oda a la Alegría.

Seguro que la conoces, pues también hay una versión de cumbia carpera famosa y que en los carnavales de Providencia, en mi querido San Pedro de Jujuy, nadie dejaba de bailar, aún siendo un "temita" de Beethoven.

 

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