Diablo de la Quebrada, un compromiso con la identidad de Jujuy en Carnaval

Sabiendo que el “diablo anda suelto” por la llegada de esta bonita fiesta , nos recorrimos la Quebrada de Humahuaca para compartir con los Caprichosos, Los Puya Puya, La Juventud, La Unión, Rosas y Claveles entre tantas otras comparsas, en busca del principal personaje del Carnaval jujeño.


Misión dificultosa la nuestra pretender hablar con ellos justo en estos días, en que envueltos en algarabía tienen como único afán despertar al cuerpo y espíritu, con sus brillantes atavíos multicolor y esa vocecita chillona que invitan a la tentación de dejarse llevar…

Días de pura diversión y tradición sagrada, cuyos elementos, personajes y rituales merecen el mayor de los respetos por lo que implican al acervo cultural que nos identifica, primero como jujeños luego como universales.
Así es, llegamos en medio de todo el jolgorio porque ayer las comparsas de toda laya han desenterrado el Carnaval y otras lo han de hacer hoy durante la tarde. Y envueltos en una excitante sensación que recorre las venas, observamos los movimientos, gestos, rituales…y rompiendo el silencio las bombas y luego un interminable chillar de anatas, de repente decenas de diablos aparecen bajando los cerros o por detrás de pedregales, bailando, riendo, cantando y gritando felices el comienzo de la fiesta más esperada del año.

Para el que desconoce, propio o extraño, este personaje es tan sólo un disfraz “colorido” que hombres y algunas mujeres usan para darle un marco atractivo a su comparsa y que sirve de mera postal turística.
El fundamento de nuestros hombres de los cerros es mucho más profundo que ser una “imagen”, porque su realidad es cumplir con el compromiso que adquieren con su cultura, con su identidad, y que tiene como máxima finalidad preservar y difundir lo heredado.

PERSONAJE PRINCIPAL
Considerando difícil llegar hacia ellos, sin poder evitar entregarse a la tentación de liberar el cuerpo, acudimos a quien sabemos nos puede contar sobre los diablos de la Quebrada y no sólo porque es maestro sino por ser un leal defensor de las tradiciones jujeñas.

Es don Fortunato Ramos, quien nos recibe con brazos abiertos y sabias palabras, para presentarnos al diablo del Carnaval, mientras en las calles el gentío se divierte al compás de bailecitos y carnavalitos o se entrega a lanzar sus coplas picarescas; de pronto se siente todo el aire aromado de albahaca que encanta y enamora los sentidos…

“Ser diablo – nos dice- es un compromiso que el hombre de la Quebrada adquiere con su tierra, su Pachamama, con su costumbre, con su Carnaval. Se es diablo por un año, por cinco o, los más avezados, por toda la vida. Al momento del desentierro del Carnaval, el hombre de los cerros con su traje en un bolso, se acerca al mojón y de rodillas pide permiso a la Pachamama y adquiere ese compromiso.
Luego se va detrás de los cerros y en secreto se coloca su disfraz, esperando la señal para salir. Luego son las bombas, anatas y las canciones de esa comparsa, las que anuncian la llegada del Carnaval y el despertar del diablo, es allí que el diablo sale como `desde las entrañas de la tierra´ bailando y gritando con interminable frenesí entre el gentío y alrededor del mojón.
¿Quién es diablo?, es el policía, el obrero del campo o el municipal, es el vecino que decide cumplir con el compromiso de divertir a la gente durante estos días, con la misión de ser el más alegre de la comparsa. Es tan importante su función de ser fiel a su cumplimiento que no se debe ver al diablo enfermo, dormido o borracho”.

El diablo, y con él su regocijo, va decayendo con el correr de los días con el irse del Carnaval y recorre las calles pidiendo, con lamentosa voz, frutos que en señal de ofrenda entregará el día del entierro a la Pachamama. Luego penan y hasta se revuelcan de dolor por el fin del Carnaval, todos los presentes los espantan y éstos se vuelven hacia los cerros donde se quitan el disfraz y lo llevan a guardar hasta el próximo año.

Los hombres de esta región toman con mucha seriedad su función y personaje de diablos, porque se trata de un símbolo del Carnaval jujeño, cuyo traje de colores vivos representan la vida, la naturaleza y la alegría sin fin, porque en su sacrificada vida consideran necesario llenar todos los espacios con alegría porque esto supone un buen augurio por el año a comenzar.


CURIOSIDAD
Cuentan que hay un sacerdote entre los diablos que entretiene en los Carnavales de la Quebrada, sucede que siendo aún joven asumió el compromiso de ser diablo por toda la vida. Para esta época obtiene un permiso especial para poder cumplir con sus costumbres.

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