Martes de la chaya, un tiempo en el carnaval

Como tanto de lo que tiene que ver con nuestra cultura, el carnaval se rige por momentos.

 

Después del Martes de Chaya llega el Miércoles de Cenizas, cuando comienza el tiempo de la Cuaresma.

 

Si uno consulta a la gente mayor, a la que se entiende que es la que sabe, es más fácil que nos respondan qué gesto viene después de tal otro. No siempre, sin embargo, nos dirán aquello que esos gestos significan, y de ninguna manera se trata de una ignorancia sino de un modo bien propio de ver la vida.

La fiesta del carnaval tiene reglas precisas y, sobre todo, momentos en los que esas reglas se cumplen.

Algunas se fueron sumando con los años hasta volverse inamovibles, otras se fueron olvidando.

El Jueves de Comadres se anuncia la fiesta que se acerca y en el desentierro del diablito, que la mayor parte de las comparsas realizó el sábado, se pide permiso y protección a la Pacha, se libera la alegría guardada todo un año y se comienza ya con buen augurio.

Entre los nueve días que van desde el desentierro hasta la despedida, en el Domingo de Tentación, un escalón importante es el Martes de Chaya.

Como tantas cosas de nuestro hacer, lo de chayar lo heredamos del quechua, y tiene que ver con ofrendar, con verter, con solicitar que se nos sea propicio. Se chayan las cosas, se chaya la gente e incluso se chaya el destino.

Hay gestos que le son propios: se echa cerveza, chicha, alguna bebida que nos alegre, sobre aquello que se chaya, y como parte de esa alegría se lo enflora con papel picado, con serpentina, con talco.

Es común ver los vehículos chayados este martes, los comercios y las casas. Es esa una imagen habitual del Martes de Chaya.

Junto a ello, se limpia con sahumerio. Con ese sahumerio que brota sobre todo en la puna: la koa, que se echa sobre las brasas para que su humito y su perfume aleje todo lo malo, y hay quienes notaron que ese perfume de la koa se siente dos veces en el año: en el mes de agosto, cuando se celebra a la Pachamama, y a los seis meses, medio año después, cuando es el Martes de Chaya.

Hay familias que, además de chayar sus pertenencias y su futuro, su año por venir, tienen la costumbre de realizar sus invitaciones carnavaleras el martes, y así la ofrenda es a la Pachamama, que la recibe en medio del carnaval, y a la gente que participa.

Dar, en el más profundo sentido de la reciprocidad, es en sí mismo una forma de recibir, y hay invitaciones del Martes que ya son parte de nuestra memoria, como la de Leonor Tolaba en el barrio de Pueblo Nuevo, Tilcara.

Quien practica desde hace años esta costumbre de invitar para la chaya es Tukuta Gordillo, en la plaza Chica, frente a la iglesia y a la puerta de su casa, sumando artistas de todo género: músicos, pintores, bailarines y poetas, que junto a la ofrenda que se convida a la misma tierra y a los presentes con un asado, comparten su arte en un espectáculo de alta calidad dados los invitados, y que se extiende por toda la tarde.

Después del Martes de Chaya llega del Miércoles de Cenizas, cuando comienza el tiempo de la Cuaresma, pero aún nos resta el Carnaval Chico, cuando se despide el diablito que regresa al fondo del mojón, desaparecen los disfrazados de las calles, y nos deja a los pies del último de los festejos, cuando nos queda tan sólo la alegría por compartir, en el Carnaval de Flores, un fin de semana más para celebrar el tiempo de cosecha.

 

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