Inmensidad

Jazmín me dice, en su mensaje, que la profesora, que sigue sus clases de modo virtual, le pidió que analizaran un cuento mío: La Misma Inmensidad. Se trata, en realidad, de dos historias que escuché alguna vez, porque si hay algo que me gusta es escuchar cosas que cuenta la gente de esta tierra.

Una es de Tilcara y habla de una mujer que ve a otra solita, cada tarde, junto a una peña. Se le acerca y conversan. No duda, pese a que nunca se lo dice, que se trata de un milagro y que pasa esos ratos de la tarde con la Virgen María. Ese cuento, que dicen que sucedió en Cerro Chico, me conmovió por su simpleza.

En muchos cuentos quebradeños, alcanza con la aparición milagrosa para ser interesantes. No precisan curas maravillosas ni el hallazgo de cosas perdidas. Son milagros porque es la misma Madre de Dios quien aparece, sea en una piedra, sea en persona. Me hacen pensar en una fe que envidio porque no precisa de muchos argumentos para creerse.

El otro cuento (que en el mío junto como si fueran de la misma persona), lo escuché en Tres Cruces: es el de una niña que debe caminar, junto a su padre, largas horas por los alrededores de El Aguilar. El padre, bebedor, cada tanto se peleaba solo y creía que su enemigo, a quien la niña no ve, es el diablo.

Cuando escribí La Misma Inmensidad, hice que esos recuerdos fueran los de la mujer que conversaba con la Virgen, y le agregué algunas cosas más de mi propia inspiración, pero traté de respetar ese modo difuso de los relatos orales donde hay demasiadas cosas no dichas.

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