Domingo de Ramos en el ramal jujeño

Esta situación inédita por la que el mundo atraviesa, ha tocado muy profundamente en el corazón de todos y el sentir religioso no es la excepción. No ha sido nada fácil entender un Domingo de Ramos sin la tradicional procesión y la emoción de contemplar el mar de ramos y palmas que caracteriza esta celebración que es la puerta grande  de la Semana Santa. Hoy, en medio del silencio de las calles vacías y las iglesias cerradas, la fe movilizó las fibras más íntimas de la grey católica que desde sus hogares, y gracias a los trabajadores de los medios de comunicación y las redes sociales, pudo participar de este acontecimiento tan caro para las comunidades creyentes.

La mayoría de los sacerdotes, y por expreso pedido de la Iglesia, en cada jurisdicción, han buscado el modo de llegar con esta celebración, trasladando el clima de emotividad, a cada hogar, a cada familia, cumpliéndose el mandato de hacer de "cada familia una iglesia doméstica". A puertas cerradas y con los bancos vacíos de fieles, fue necesario reinventar la alegría del Domingo de Ramos, en un canto de esperanza y de fe. Con escasas personas para cumplir con los ritos esenciales de la celebración, y otros en la más profunda soledad, los sacerdotes llevaron a las familias, el don de la Palabra y la Eucaristía, de modo virtual, con mensajes de apuesta a la vida, a la esperanza y por sobre todo a la fe de que todo esto, pasará.

Los detalles pintorescos que giraron en torno a este tan especial Domingo de Ramos, giraron en torno al protagonismo de las familias que cumpliendo la cuarentena,  prepararon altares adornados con los signos de este día como el agua, los ramos, la luz, la Palabra, además de disponer en las puertas de sus hogares, ornamentos con palmas, ramas de olivo y plantas ornamentales, para saludar el "paso de Jesús en su entrada triunfal a Jerusalén". En algunas comunidades también se colocaron pañuelos blancos para simbolizar la gratitud al apostolado del sacerdocio en todo el mundo. Finalizada la misa, algunos párrocos salieron a bendecir  las familias que aguardaban en las puertas o ventanas de sus casas.

 “Estamos celebrando el Domingo de Ramos, este día en que comenzamos la Semana Santa, una semana que nos lleva  contemplar el misterio de la pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo. Es una semana particular para todos nosotros, porque por primera vez vamos a celebrarlo desde nuestros hogares, la iglesia doméstica. Nuestras familias hoy se convierten en verdaderos templos, se transforman en santuarios donde empezamos a celebrar juntos la semana santa, centro de nuestra fe, esta expresión tan grande que nos lleva a encontrarnos con el Dios de la vida, con este misterio pascual, pasión, muerte y resurrección. Ustedes ahora están reunidos  frente a una pantalla y nos acompañan a celebrar este misterio tan hermoso. En familia queremos celebrar la pascua, en familia queremos celebrar la Semana  Santa,  en familia queremos alabar al Señor en su entrada triunfal a Jerusalén”. Fueron los conceptos pronunciados por el párroco Héctor Martínez,  durante la misa que a puertas cerradas se ofició en la jornada de ayer en el templo Nuestra Señora de Fátima de barrio Belgrano, jurisdicción de la parroquia San Andrés Apóstol.

El otro tramo, el sacerdote sostuvo que en este tiempo, descubrimos a un  Dios que se anonadó, que asumió nuestra naturaleza, nuestra historia, y  tocó aquello que nos provoca miedo como el dolor, el sufrimiento, la muerte.  “En muchas situaciones descubrimos el abandono de Dios que calla, y decimos Dios mío, porqué me has abandonado. En el lenguaje bíblico eso significa poner confianza en Dios y  esa situación límite se transforma en esperanza, en tus manos encomiendo mi espíritu. En este día contemplamos en familia, que Jesús asumió nuestra naturaleza y la transformó en vida, con  la resurrección. Hoy, alabamos y adoramos al Dios de la vida, queremos convertirnos en mantas, en ramos,  queremos consagrar  nuestra familia. El ramo se seca pero si Jesús pasa por nuestra vida,  nuestra familia reverdecerá y tendrá vida en abundancia”, dijo al finalizar su prédica.

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