Una pesadilla que nos hizo despertar...

Me dormí y tuve un sueño, más bien una pesadilla, era un mundo que conocía muy bien, era un mundo que todos conocíamos muy bien, un mundo de desperdicios y maravillas, penuria y abundancia, antes de que nos diéramos cuenta de que en retrospectiva era perfecto.

En mi mundo los hombres construyeron industrias poderosas para intercambiar a través de todos los países sus productos, todo era posible en ese universo y obteníamos todo tan rápido, podíamos tener lo que deseábamos en un mismo día, en un instante.

Las familias dejaron de compartir y dialogar, no quiere decir que nunca se hablaban, pero se fue el sentido y las ganas de hacerlo, porque ya no había un equilibrio entre el trabajo y la vida. Era una vida sin sentidos, personas trabajando como robots, solo por el dinero y el poder.

Esas actividades humanas de cada día, contaminaba más y más los cielos, hasta que ya no podíamos ver las estrellas y por debajo, nuestros vehículos se manejaban en círculos día tras días, creíamos que era tan importante el auto más rápido, porque la vida era cada vez más agitada, olvidamos, caminar despacio, suplantamos césped por autopistas, redujimos los espacios verdes a acero, llenamos el mar de plástico y nuestra basura ya no tenía límites.

Ese mundo lo conocía muy bien.

Hasta que un día, en el año 2020, un virus apareció, un virus que mataba personas y el mundo se detuvo por primera vez, los gobiernos sorprendidos, reaccionaron y nos dijeron a todos que nos escondiésemos y todos nos ocultamos, el miedo y el pánico se apoderó de las personas.

Vivimos meses encerrados, por que el virus estaba allí afuera.

Entonces la gente comenzó a volver sus instintos, recordar cómo era sonreír sin todo aquello que tenían, empezaron a aplaudir y dar gracias por cada día que vivían y llamaron a sus familiares y las llaves del autos , se cubrieron de polvo, comenzaron a apreciar las simplezas de vida, a caminar más lento, a correr y ver los cielos sin aviones, se podían ver las estrellas en el silencio de la noche, la tierra empezó a respirar, las playas eran espejos de agua, que reflejaban el cielo más azul.

En el encierro, algunos se pusieron a pintar, cantar, otros a bailar, nos habíamos acostumbrado tanto a las malas noticias, pero pronto vendrían buenas noticias, cuando encontraron la cura y nos dieron permiso para salir afuera, vimos un mundo nuevo, todos preferíamos quedarnos con ese nuevo mundo y no con el que dejamos atrás, los viejos hábitos se extinguieron, y cada simple acto de bondad era apreciado y valorado, ese virus había unido a las personas.

Esa pesadilla, nos hizo despertar, y todo lo que sucede hoy, tenía que ocurrir, para que podamos cambiar interiormente.

La pandemia existe, es real y se expande, provocando muertes y cuarentena de la población humana y ese encierro provoca un impacto positivo en el ambiente y la sanación de los ecosistemas, la reducción de los gases de efecto invernadero, el cambio climático, etc., paradójicamente "LA TIERRA RESPIRA".

Los estudios realizados por centro de investigación en energía y aire limpio (CREA) en Estados Unidos, indicó que el cierre de fábricas, comercios, y la prohibición del tráfico vehicular, restricción de viajes, etc., impuestas por los gobiernos del mundo, produjo una disminución en la emisiones de dióxido de carbono(co2), debido a la baja sustancial del consumo de combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), entre otros.

Tristemente, en medio de una crisis mundial, causada por un virus mortal, nos hace recapacitar sobre el daño que los hombres y sus acciones causan a nuestra naturaleza.

Una pesadilla nos hizo cambiar...

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