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El periodismo y su entorno

Domingo, 07 de junio de 2020 01:02

Con cinco mil entregas diarias que comenzaron a mediados de los años setenta para empezar a diluirse con el regreso de la vida democrática, y al fin tener que exiliarse en España por urgencias económicas, el Loco Chávez germinó generosamente en la fantasía de los argentinos. Fui niño y luego adolescente cuando se la publicaba, y sigo agradecido a sus autores.

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Con cinco mil entregas diarias que comenzaron a mediados de los años setenta para empezar a diluirse con el regreso de la vida democrática, y al fin tener que exiliarse en España por urgencias económicas, el Loco Chávez germinó generosamente en la fantasía de los argentinos. Fui niño y luego adolescente cuando se la publicaba, y sigo agradecido a sus autores.

La mística del oficio periodístico se entramó con los cuerpos bellos de sus amantes, con el dibujo sugerente de Horacio Altuna pero también con romances urdidos en la imaginación de Carlos Trillo, las amistades construidas en torno a la mesa de un bar y en el marco de la redacción, personajes tallados a la altura de los reales, reflexiones de una filosofía cotidiana y reflejos de la realidad de su momento.

Balderi, director del medio gráfico, le encarga al Loco una nota cuya construcción combina, como nos sucede a todos, el relato del tema, su análisis (que en la tira no recuerdo haber leído porque nunca han publicado un texto del Loco), y el entorno aventurero de lograrla: dar con el informante correcto, con el entorno del tema (que es el tema de la nota y de la aventura de conseguirla) e invariablemente en su caso, con la mujer que conoce en la ocasión.

Los lectores acaso no lo noten, salvo los más sagaces y por ciertas licencias del periodista: guiños, tonos, selección de adjetivos, pero cada nota que se lee en un periódico no refleja solamente el tema tratado, sino también el momento de la vida del periodista. Releer las tiras del Loco Chávez puede ayudarnos a imaginar ese marco en el que la noticia no es ya sólo lo que se informa, sino también una referencia a su autor.

No es esto restarle protagonismo a la información, sino comprender esa otra dimensión, porque las noticias del periodismo gráfico están armadas con palabras, y las palabras son girones del alma de quien las escribe. Podría sugerirse cierta asepsia que deslinde la noticia del estado de ánimo del periodista, del desgaste o florecimiento de un amor, del entorno económico, pero supongo que ni es posible ni, acaso, aconsejable.

Una nota tiene que ver con aquello que al periodista le produce la mirada del entrevistado, las emociones que se juegan a la hora de encontrarle la médula al tema, y también aquello que, ajeno por completo a lo que se dice, hace al día vivido de quien la redacta. De no ser de alguna manera visibles tales aspectos, sutil e involuntariamente visibles, podría caerse en la fácil ilusión de que la noticia es la realidad.

El periodista debe ser objetivo: fiel a la fuente que utiliza, despojado en el análisis, generoso con otras visiones del mismo hecho, pero nunca, por más que lo intente, ese texto que se entrega en redacción es la realidad misma.

Siempre es la realidad vista desde los ojos del periodista, siempre es, al fin de cuentas, lo que todo en el mundo: una mirada.

Releer el Loco Chávez, además de por su enorme valor estético, nos aporta esa perspectiva. No aparecen sus notas sino la trastienda, el backstage, realidades que hacen a la noticia y cuya descripción le permite al lector de un diario abordarlas desde una perspectiva más humana.

La noticia gráfica es una construcción con palabras e imágenes, honesta en el mejor de los casos, de lo que los periodistas alcanzamos a ver.