Llegamos a la era del semáforo

El peor momento de la historia moderna de Argentina desnuda los tres problemas más graves que puede atravesar una sociedad: 1) no tener a la vista un objetivo como real y posible país; 2) no tener una clase dirigente que sea referencia sólida para lograrlo y 3) reconocer que la gente está totalmente desempoderada en medio de la crisis que la arrastra impiadosamente.

Hace poco -poquísimo- que en nuestro país se votó en elecciones libres y transparentes, algo que en cualquier país normal hubiese marcado destinos y rumbos. Pero ocurrió que los ganadores del Frente de Todos obtuvieron el 48% de los votos y los perdedores del Frentes Juntos por el Cambio alcanzaron el no despreciable porcentaje del 40%. Pero el país dividido prácticamente en dos mitades muy cercanas se compraba otro problema: vencedores y vencidos eran coaliciones, donde convivían medianamente bien porciones que llegaron a las elecciones pegadas con cintex. Era previsible que a poco de andar, las disputas internas por el poder aflorasen en toda su potencia. Eso ya ocurrió. Está ocurriendo cada día con más intensidad. El resultado es obvio: la labor de gobierno se entorpece notablemente y, ganen o pierdan sus pulseadas internas, el descrédito de los responsables de la gestión, aumenta en forma proporcional a sus presiones. El presidente Alberto Ángel Fernández parece haber abandonado el proyecto de consolidar un "albertismo moderado", que sintetice al kirchnerismo, el cristinismo, los restos de menemismo y duhaldismo, y el viejo peronismo, sobre las bases más permanentes del Movimiento Nacional Justicialista.

Cristina Elisabet Fernández de Kirchner, desde la vicepresidencia no descansó un solo día de que asumió para recuperar toda la fuerza de su primera presidencia, cuando disfrutaba de bonanzas políticas, financieras y un viento de cola de condiciones económicas internacionales inéditas para el país. Pero nadie podía prever que además llegaría el coronavirus, para ahondar los problemas "normales" de un país. Hoy la encuesta de Ricardo Rouvier y Asociados, cerrada el 3 de Julio en todo el país, señala que la imagen muy buena/buena del Presidente hoy llega a 39,9% y la regular/buena se ubica en 22,5%. Mientras la mala/muy mala subió a 23% y la regular/mala a 12,1%. La síntesis de la consultora arroja 62% positiva y 35,3% negativa para AAF. Cayó mucho, pero sigue siendo significativa. Para la vicepresidenta, la imagen buena/muy buena es de 34,9% y la regular/buena de 9,3%. En tanto el lado malo/muy malo asciende a 40,1% y el regular/malo a 13,9%. En síntesis su imagen negativa es del 44,7% y la positiva de 54,0%. Mantiene su núcleo duro. Con relación a la cuarentena, la opinión mayoritaria no objeta lo realizado, pero se inclina hacia una flexibilización importante. Lo hace en previsión de una presunción de que la inflación se agravará y la crisis económica se quedará varios años entre nosotros.

Traspolando los números a Jujuy, se puede considerar que se repiten en líneas generales. Es difícil asegurar hoy que las grandes líneas argumentales para cambiar las matrices productivas de Jujuy vayan a ponerse en marcha con la rapidez y la eficacia que se esperaba. El parque solar de Cauchari, hoy en su fase final de aprestos, tardará sin embargo en alcanzar su esplendor económico, sujeto a los vaivenes nacionales e internacionales. Por lo demás, los históricos pilares del azúcar, la minería y el tabaco seguirán soportando la crisis y la cuarta pata del turismo también seguirá desequilibrando la mesa durante un largo tiempo. En el plano político y de gestión, la situación remeda a la nacional, invirtiendo los signos políticos. La coalición gobernante (más de treinta partidos la compusieron en el 2019) se encuentra silenciada y expectante bajo las órdenes y decisiones del Poder Ejecutivo, sin opinar ni participar más que -quizás- con el silencioso acompañamiento, o simplemente el tolerante silencio.

La coalición opositora con base en el Justicialismo acompaña o se opone, sin tener mayoría ni lograr unificar criterios para generar una masa crítica que tuerza el dominio oficialista, al menos hasta hoy. Igual que a nivel nacional, la ciudadanía en general aplaude las medidas preventivas contra el coronavirus adoptadas en marzo, en muchos casos antes que en la Nación, pero ha comenzado a rechazar imposiciones y autoritarismos, justo en medio del aumento diario del índice de infectados del que dista mucho de avizorarse el pico máximo. La regresión al aislamiento fase 1 es el principal factor que agudiza la relación entre la opinión pública y las decisiones del Gobierno. Naturalmente, la crisis económica juega hoy en Jujuy un papel muy significativo en la desesperación y en la rebeldía de mucha gente y va limando los porcentajes de aprobación de gestión y de imagen positiva personal de los funcionarios responsables. Así, llega el tiempo del semáforo.

Las luces rojas, amarillas o verdes de cualquier esquina se instalarán de hecho en Jujuy, como lo hacen a nivel nacional en cada provincia, según sea su situación sanitaria y económica. Por fin, y obligado por la crisis, el drama económico de comercios, empresas y cuentapropistas, monotributistas y "changueros" se va poniendo a la par de las preocupaciones por la salud, que también comenzaron a mostrar talones de Aquiles que con toda lógica iban a aparecer a medida que el maldito virus se ensañara con los jujeños. La política del semáforo parece ser la más adecuada para aplicarse en este momento, y por supuesto, reclamar y exigir a cada uno de los habitantes de la provincia la misma responsabilidad que en las esquinas más peligrosas: entender que lo verde es un permitido con precauciones, lo amarillo, la advertencia de que puede sobrevenir lo peor, y lo rojo es desafiar a la muerte inconsciente y temeraria.

Lo demás, en esta instancia, aunque sea gravísimo, es casi anecdótico. Que oficialismo y oposición se esmeren por hacer política con el crimen de un exsecretario de CEFK; que el "caso Vicentín" esté freezado esperando mejores oportunidades para volver al tapete; que el espionaje ilegal del macrismo se quiera equiparar a la irresuelta muerte del fiscal Nisman; que el Presidente diga en una reunión virtual del Mercosur "estoy acá para que nos unamos" y tras atacar al presidente de Brasil se desconectó cuando estaba por hablar su par de Bolivia, mostró su doble discurso permanente; que afirme que "el virus se llevó puesta a la economía mundial" es cierto, pero que no admita que muchísimos países reaccionaron muy diferentes para recuperarla también es cierto; que recrudezcan los ataques a periodistas y a medios de comunicación con un archiconocido estilo de amedrentamiento; que hasta el exgobernador de Mendoza y titular de la UCR se haya animado a plantear que Mendoza "puede ser un país independiente y considerar seriamente su autonomía"... todo esto y tanto más realmente parecen anécdotas de una comarca de realismo mágico. Como que en Jujuy haya quienes persisten en culpar de los contagios nada menos que a los trabajadores de la policía o de la salud, los gladiadores más humildes de los combates diarios contra la pandemia, son cosas de un anecdotario loco y extravagante. Quizá se podría resolver, prudentemente, con que la gente, común y corriente, comience a recuperar el empoderamiento de sus sentimientos y decisiones, y quienes deban escuchar que escuchen. Antes que sea tarde.

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