La vida del Padre Marcelo Göttig

En el imaginario de la SVD en Argentina, la figura del Padre Marcelo se identifica con el Colegio Del Salvador, en Jujuy. Y no es para menos, pues allí pasó 44 años de los 60 que llegó a cumplir como sacerdote verbita. Las aulas y las canchas de ese instituto educacional fueron los principales escenarios de su actividad.

El deporte, la música y el canto tuvieron en él a un fervoroso cultor. Más de un futbolista profesional de conocida trayectoria recibió los primeros alientos y directivas del P. Marcelo. En el campo de la música, formó y dirigió durante largos años uno de los dos coros más importantes de Jujuy: el de la Santa Cruz.

Marcelo nació el 5 de agosto de 1914, en Crespo; provincia de Entre Ríos, del matrimonio de Adán Göttig y Elisa Burghardt. Su padre fue, durante muchos años, Schulmeister en la parroquia San José de Crespo. Quienes saben de las costumbres y tradiciones de los alemanes del Volga, bien entienden que para desempeñar tal función, se requerían condiciones especiales de probidad y reconocida integridad moral, acompañadas de firmes conocimientos en religión y en música. Todo ello contribuyó, seguramente, al nacimiento de la vocación religiosa en Marcelo, así como a su afición a la música.

En seguimiento de esa vocación, ingresó como alumno al Colegio Apostólico San Francisco Javier, en Rafael Calzada, el 25 de febrero de 1929. El 1 de marzo de 1936, emitió sus primeros votos en la Congregación del Verbo Divino y en 1940 profesó a perpetuidad. El 1 de diciembre de ese mismo año, fue ordenado sacerdote.

Los primeros años dedicó su servicio misionero a la formación del clero nacional, lo que constituía una de las prioridades que el Beato Arnoldo Janssen había señalado a sus misioneros en Argentina. Marcelo trabajó sucesivamente en los seminarios diocesanos de Salta, Catamarca y Corrientes, hasta 1953, a excepción del año 1946, en que se desempeñó como docente en el Colegio San José de Esperanza.

A partir del 5 de marzo de 1953, lo encontramos en el Colegio Del Salvador en la ciudad de Jujuy, donde enseñaría historia y música y cumpliría diversas funciones directivas. Allí transcurrió el resto de su vida religiosa y misionera, a excepción de tres años, entre 1978 y 1981. En el primero de los años citados, fue designado Vicario Cooperador en la parroquia de Merlo, en la provincia de San Luis, donde permaneció dos años. En el 80 pasó en igual carácter a la iglesia del Espíritu Santo, en Palpalá (Jujuy); pero, al año siguiente, regresó a su querido Colegio Del Salvador, donde permaneció hasta ser derivado, en octubre del 2000, a Rafael Calzada, lugar en que la Congregación dispone de un centro asistencial.

Hombre sencillo y afable, de trato agradable, Marcelo supo ganarse el aprecio de cuantos lo conocieron como hombre y como religioso. Su popularidad en San Salvador de Jujuy queda evidenciada en un homenaje que a pocos mortales les es concedido -como no sean los dictadores que se lo autoconceden-: tener en vida una calle con su nombre en la ciudad.

Del establecimiento educativo surgieron grandes deportistas del fútbol mundial, entre ellos: José Daniel Valencia (campeón del mundo 1978), Óscar “Pájaro” Juárez, Jorge Ortega, José “El Turco” Alul y Mario Humberto Lobo, entre otros.

 

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