Laberintos Humanos: Sonrisa dibujada

El comisario Pierro nos dijo que el hombre, de quien no diré ni oficio ni apellido, había entrado al despacho para anoticiarnos del desbarrancamiento de su ayudante, un joven al que dijo apreciar y que trabajaba con él desde hacía unos meses. Entonces tomé mi sobretodo y esperé que Bautisto Solón me acompañara. Fue en ese momento que lo escuché decirme que era innecesario ir hasta el lugar del hecho para resolver el enigma.

Mande a alguien para buscar el cuerpo, con eso alcanza porque los elementos necesarios los tenemos todos presentes, dijo y me llamó la atención, en primer lugar, que viera en ese accidente un enigma. Yo creo que van a llegar pronto otros datos solitos, dijo Solón y no debimos esperar mucho: pasado el mediodía, una muchacha agraciada pidió hablar conmigo, dijo el comisario, se sentó frente a mi escritorio y no tuvo en cuenta que Bautisto Solón estaba, tras ella, en el sillón. Yo trabajaba con el joven que cayó por el barranco, dijo. Trabajaba con el patrón desde antes, a él lo contrató hará unos meses.

Les llamará la atención que tuvieran a una mujer en este oficio, es algo raro a simple vista, dijo. Supondrán que le gustaba al hombre, una se da cuenta cuando pasan esas cosas, pero nunca me molestó, eso tengo que dejarlo claro. Es como que sólo quería estar conmigo, que con mirarme le alcanzaba. Lo cierto es que, con el correr de las semanas, nació algo entre el muchacho y yo, algo que no pudimos ni tuvimos motivo para evitar, agregó y en el rostro de Bautisto Solón se dibujó una sonrisa.

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