Sin medidas climáticas, los daños serán extremos

Por ROBERTO VALENT, coordinador de ONU en Argentina.

El Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres se centra este año en la "Cooperación internacional para que los países en desarrollo reduzcan su riesgo de desastres y sus pérdidas por desastres" y se celebrará unas semanas antes de la COP26, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, que se espera generará mayor compromiso de la cooperación internacional para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y para la adaptación al cambio climático.

El 2021 será un año decisivo para el cumplimiento de la agenda climática acordada en 2015. Sin medidas reales sobre el clima en los próximos diez años, los fenómenos meteorológicos extremos serán abrumadores, especialmente para los países en desarrollo.

El Banco Mundial calcula el costo real de los desastres para la economía mundial, antes del Covid-19, en 150 millones de dólares anuales. El Covid-19 ha desencadenado la recesión global más profunda desde los años 30. La pobreza extrema ha aumentado por primera vez en 22 años, mientras 2.300 millones de personas sufrieron de escasez alimentaria en 2020.

Entre 1997 y 2017, uno de cada cuatro desastres registrados en el mundo ocurrió en América Latina y el Caribe. En ese periodo, nueve de cada diez personas perjudicadas por desastres en la región se vieron afectadas por eventos de origen climático, principalmente inundaciones, las cuales son potencialmente predecibles. A la vez, siete de cada diez murieron por eventos de origen geológico, sobre todo sismos.

Para nuestra región, los efectos del cambio climático a mediano plazo consistirán en mayor desertificación, períodos más largos de calor y escasez de lluvia o lluvias extremas regionales, intensificación del fenómeno de La Niña o El Niño, y un probable incremento en la intensidad y frecuencia de ciclones tropicales.

Los desastres tienen un impacto desproporcionado en los países de renta baja y media, en términos de mortalidad, personas heridas, desplazadas, pérdidas económicas y daños en infraestructura. En Argentina, durante 2020 sucedió una serie de incendios en tierras de las islas del delta del río Paraná, solamente en el período de enero a septiembre del año pasado se quemaron 328.995 hectáreas en las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires. Desde el año 2019 se han agudizado y extendido las sequías en el país, en muchos casos derivando en incendios que eliminan los pocos pastos de la zona del Gran Chaco, afectando directamente la alimentación del ganado y agravando aún más la capacidad productiva a nivel local para abastecer las necesidades alimentarias de la población. Las pérdidas por desastres merman el patrimonio de los países afectados, y afecta al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles.

En 2020 se constituyó la Red Humanitaria Internacional Argentina que establece un ámbito de diálogo y coordinación agrupando sectores humanitarios internacionales y organizaciones civiles humanitarias que colaboran con el Sistema Nacional para la Gestión Integral del Riesgo y la Protección Civil en la prevención, preparación y respuesta a la emergencia, la reducción de riesgos a desastres, y la recuperación sostenible.

En un contexto de pandemia y de crisis, la ONU desempeña un papel clave, ayudando en la respuesta a las emergencias y ubicando al cuidado de la salud y la vida en el centro de la escena.

No podremos erradicar la pobreza y el hambre sin un enfoque multisectorial y sin mayores inversiones en la reducción del riesgo de desastres. La creación de capacidades es esencial para impulsar la resiliencia a los fenómenos meteorológicos extremos y otras amenazas naturales y de origen humano. Sólo se podrán abordar las emergencias mediante una coordinación multilateral, incluyendo a los países de renta media como receptores de cooperación al desarrollo.

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