Un trastorno gastrointestinal que se confunde con la acidez

No es ácido lo que vuelve a la boca, sino el alimento que previamente se ingirió. Pese a que la rumiación es un trastorno diferente del reflujo gastroesofágico y requiere un tratamiento distinto, a menudo se confunde con ese y otros cuadros digestivos, advierte un estudio.

"La rumiación es un trastorno funcional gastrointestinal, de origen no conocido, caracterizado por la regurgitación del contenido gástrico a la boca, que puede ser tragado nuevamente o escupido. Fue originalmente descripto en niños con trastornos del neurodesarrollo, pero actualmente, se reconoce a cualquier edad y sin trastornos cognitivos", explican a Clarín Andrés Ditaranto, Amanda Varela y Claudio Bilder, especialistas del servicio de NeuroGastroenterología del Hospital Universitario-Escuela de Medicina de la Fundación Favaloro.

Se trata de una afección que "causa mucha vergüenza" y que puede impedir que las personas que lo padecen coman con otras, sostiene Trisha Satya Pasricha, médica de la División de Gastroenterología del Hospital General de Massachusetts (MGH). "No se comprende bien y a menudo se confunde con otros trastornos", apunta.

Junto a su colega Helen Burton Murray lideraron un equipo que examinó a 242 pacientes que fueron derivados a especialistas por síntomas gástricos que podrían indicar la presencia de rumiación.

En la consulta, esos pacientes referían tener reflujo (acidez) o experimentar vómitos, síntomas que pueden confundirse con los de otros trastornos, entre los que se incluyen dispepsia (dolor de estómago o indigestión) y gastroparesia (una afección que reduce la capacidad del estómago para vaciar sus contenidos, por lo que la persona se siente llena y con náuseas después de comer solo una pequeña cantidad).

El 12,8% de los pacientes evaluados (31 de 242) en el marco del estudio encajaban en los criterios para el diagnóstico de síndrome de rumiación. Y casi la mitad de ellos (48%) reportaron deterioro psicosocial asociado, lo que significa que experimentaron dificultades en situaciones sociales debido a su condición. Los resultados del trabajo fueron publicados en Neurogastroenterology and Motility.

La rumiación se clasifica como un trastorno de la interacción intestino-cerebro (Dgbi, por sus siglas en inglés). Muchos expertos piensan que las regurgitaciones se desarrollan como un hábito que implica una sensación incómoda, creciente o tensión interna (similar a las que experimentan los pacientes con tics) que resulta en la contracción de las paredes abdominales después de comer. Este patrón se refuerza con asociaciones positivas (como el alivio de la ansiedad y el estrés después de la regurgitación), así como con asociaciones negativas (como la incomodidad de intentar suprimir la tensión interna sin regurgitar), explican los investigadores.

Diagnóstico errado o tardío

Según el trabajo, la rumiación puede no ser diagnosticada o mal diagnosticada durante un período prolongado, lo que puede derivar en una restricción social significativa y posiblemente a una pérdida de peso.

"La rumiación es un trastorno funcional motor muy poco frecuente en comparación con el reflujo, que es muy común y se produce cuando se abre el esfínter del estómago, se filtra líquido (sobre todo ácido), y el paciente lo percibe en el esófago o un poco más arriba. En la rumiación pasa todo el contenido alimentario y llega hasta la boca. Los autores del trabajo sostienen que puede ser más frecuente de lo que pensamos y que puede estar subdiagnosticado o confundido por los pacientes y los médicos como solamente reflujo", analiza Lisandro Pereyra, gastroenterólogo del Hospital Alemán, miembro de Endoscopistas Digestivos de Buenos Aires (Endiba) .

En Argentina, la enfermedad por reflujo gastroesofágico (Erge) es muy frecuente: afecta a uno de cada cuatro adultos, según un estudio realizado para evaluar su prevalencia. Ese porcentaje ubica al país, según un metaanálisis publicado en 2014, entre los que tienen las tasas más altas del mundo junto con Estados Unidos, Reino Unido, Turquía y Suecia. No hay datos de prevalencia de rumiación.

Desde el Servicio de NeuroGastroenterología de la Fundación Favaloro afirman que la rumiación "es reconocida de modo creciente" debido a que en la actualidad se dispone de medios diagnósticos precisos que identifican patrones que la caracterizan. Destacan, además, que entre las primeras contribuciones valiosas para la identificación del síndrome se destaca la del investigador argentino en Londres (Inglaterra) Daniel Sifrim, quien realizó experiencias con el empleo simultáneo de manometría e impedanciometría esofágicas que condujeron a la distinción de fenómenos como la regurgitación y la rumiación.

¿Cómo se diagnostica?

En primer lugar, "el interrogatorio médico permite reconocer la existencia de los síntomas que caracterizan a la rumiación, en particular, el regreso de la comida previamente ingerida a la boca", explican Ditaranto, Varela y Bilder.

La confirmación diagnóstica de la sospecha clínica se alcanza mediante la manometría de alta resolución esofágica, precisan. Se trata de un procedimiento ambulatorio, que dura unos 45 minutos, no requiere anestesia y permite visualizar la onda "R" que es un incremento de presión simultáneo y brusco, que proviene desde el estómago y se dirige hacia el esófago, cuando el paciente come y sobreviene la rumiación.

El estudio mide un conjunto de variables que permite distinguir fenómenos normales de otros que constituyen una variedad de trastornos motores y funcionales, entre ellos, la rumiación y su característica onda "R", que expresa la existencia de ese pasaje retrógrado, es decir, desde el estómago hacia el esófago de la comida (o parte de ella) previamente ingerida.

¿Cómo se trata?

Los especialistas de la Fundación Favaloro subraya que la rumiación y el reflujo pueden coexistir, pero requieren tratamientos diferentes. Asimismo, la terapia indicada dependerá de si el síndrome se presenta en forma aislada (cuando no está asociado a otra condición) o cuando se detecta junto a otro trastorno.

"La rumiación (y sus subtipos) pueden beneficiarse de tratamientos dirigidos a la re-educación y/o el aprendizaje de la respiración diafragmática. Se trata de técnicas que consisten en aprender a modificar los tiempos de inspiración y espiración mediante la regulación o manejo consciente del músculo diafragma. Estas técnicas y, según el criterio médico por la eventual asociación de entidades subyacentes, también pueden emplearse junto a tratamientos farmacológicos", concluyen.

Desde la División de Gastroenterología de MGH también recomiendan la terapia cognitivo-conductual integral, que ayuda a las personas a reorientar su pensamiento, enseñándoles nuevos procesos de pensamiento para reemplazar patrones que conducen a autolesiones.

 

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