La búsqueda de reflejar el sentir del pueblo en pandemia

Desde el inicio del confinamiento por la pandemia de covid19, el periodismo tuvo un rol clave para llevar información comprometida y desde las fuentes.

La ciencia cobró protagonismo pero también poder reflejar el sentir del pueblo, la incertidumbre de la gente y tratar de superar el propio proceso de impacto para llevar con la mayor veracidad, información confiable y humana.

En los meses de encierro y hubo que sacudirse los miedos por los propios para enfrentar el teclado y buscar el análisis y la historia. Buscar un anclaje de servicio y evitar polarizar las miradas fue una tarea importante a la hora de encarar la cobertura periodística aún desde el aislamiento, con la fortuna del trabajo en línea y buscando las fuentes ante la imposibilidad de experimentar "la calle".

Es que las nuevas formas de trabajo también llegaron al periodismo, y es que como parte del ‘grupo de riesgo‘ hubo que buscar la estrategia para seguir en el ruedo. Y el confinamiento no fue una burbuja sino que permitió también percibir las otredades, la mirada esquiva y dejarla de lado para ver lo importante y reflejar necesidades de la gente y sus historias, con criterio empatía y reflejándolas lo más humanamente posible.

Los datos y los números no debían confundir, porque detrás de cada una estaban las historias. La de la familia desesperada por una cama para su padre de 70 años, quien finalmente logró una y pudo contar lo que pasó. La de la familia entera con covid, dividida, con el padre internado en un centro de monitoreo y el resto en Perico, sin poder contener la angustia pero asistidos por la mano generosa de vecinos y amigos que dejaban alimentos en su puerta.

Las experiencias tenían en común la angustia, la de la incertidumbre y el de la pérdida a la distancia, de saberlos solos hasta en la última morada. Los homenajes no fueron pocos y siguen, como la del docente multifacético, amante de la plástica, la bici y el fútbol, querido por tantos y que no logró asistencia a tiempo y se quedó sin aire por el virus.

Es que las redes fueron el lugar donde se canalizó mucho, para bien y para mal, donde surgió la solidaridad pero también el escarnio, el estigma de los primeros contagiados, el desconocimiento y la confusión.

Por ello también era imperativo separar la información de las noticias falsas o fake news, para un público lector que nunca antes había demandado tanta información. Hubo que abordar con tino los picos de casos en la provincia, que abrumaban no sólo por su magnitud sino por su impacto humano, social y económico, que se iba agravando y dejó más víctimas que las de los contagiados.

Pero hubo mucho aprendizaje. La solidaridad y la empatía fueron de "lo mejor" que sacó la pandemia en la gente y hubo oportunidad de reflejarlo.

Y cuando todo se abrió ya en la calle, se pudo reflejar la nueva configuración de la ciudad de rostros tapados, del sector de salud que reclamaba ayuda, de velas y fotos de los afectos perdidos, paralelas al mundo virtual, lleno de listones negros, pedidos de plasma, aliento y homenajes a quienes no pudieron superar el virus.

Ahora resta un nuevo desafío, continuar informando, con un criterio trasparente y sin perder el rumbo de la información veraz, fundada en hechos, respaldada en fuentes confiables y especializadas, para no caer en el otro mundo paralelo de amarillismo aún vigente y honrar el ejercicio del periodismo.

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