Vacunas, la principal arma contra las enfermedades

La politización de las campañas de vacunación en todo el mundo ha sido un factor favorable a la expansión del coronavirus. De todos modos, el intento de deslegitimar la principal herramienta para combatir la Covid-19, solo para hacer oposición política, parece perder terreno ante el avance de las vacunas.

La biología explica perfectamente los fenómenos de inmunización y de qué manera, entonces, funcionan. El conocimiento científico avala las campañas de vacunación.

Dese hace siglos que era conocido que el contraer una forma leve de una enfermedad que también podía tener una manifestación grave, evitaba un segundo contagio desbastador. Era una noción muy primaria de la inmunización.

Hace unos doscientos años Edward Jenner observó que mujeres que ordeñaban sus vacas y comercializaban leche no se contagiaban de viruela ni aun en comunidades con contagios masivos. Y lo relacionó con unos puntos que aparecían en las ubres de las vacas. Así, poniendo en contacto ese tejido con las manos de una persona ajena al ámbito rural, logró su inmunización. Hoy sabemos que se trataba de viruela bovina, parecida a la humana de manera suficiente como para alertar al sistema inmunitario.

En el siglo XIX, Pasteur desarrolló un tratamiento preventivo para la rabia, y la llamó vacuna porque se había inspirado, en parte, en la experiencia de Jenner. Con esa experiencia también apareció un tema interesante. El virus de la rabia se desarrollaba en la mielina del cerebro de ratones, se lo inactivaba y se inoculaba en personas. Pero apareció un efecto adverso: nuestro sistema inmunitario también reconocía al tejido cerebral como amenaza.

Nuestro organismo posee básicamente dos sistemas para la inmunización. Uno de rápida respuesta a nivel de los límites del cuerpo y el ambiente: piel y epitelio digestivo y respiratorio. Allí células especializadas y distintos compuestos orgánicos destruyen microorganismos u otras sustancias amenazadoras. Hay que recordar que la inflamación es un proceso que es parte de la respuesta. Permite restringir la entrada y salida de sustancias en la zona afectada para que los glóbulos blancos actúen mejor.

El otro sistema, la inmunidad adaptativa, actúa a medida de cada amenaza que aparece. Este es el que se aprovecha con las vacunas.

En general, la información sobre las proteínas (antígenos) del microorganismo extraño se hace llegar al sistema linfático a través de un fenómeno de transporte. Allí unos glóbulos blancos especiales se preparan, como anticuerpos, para el combate y se dirigen a los tejidos infectados para hacer su trabajo. Pero pueden tardar un tiempo importante en reconocer las cualidades de la amenaza. Pueden identificar entre 10 mil y 100 mil millones de antígenos distintos. Esta inmunización no solo es específica, sino que genera memoria. Un nuevo ataque tendrá respuesta inmediata y rápida. Las vacunas entrenan la respuesta inmune y la alertan. Ante un ataque serio, rápido genera anticuerpos.

Todas las vacunas que se aplican en nuestro país son seguras y eficaces. Todas se basan en el conocimiento de la biología de la respuesta inmune. Los conceptos y plataformas son diversas, aunque debidamente probadas. Algunas utilizan coronavirus inactivados, otras, virus de resfrío humano o de primate como vector para inocular genes del ADN del Sars.

Algunas llevan el famoso ANR para que nuestras propias células elaboren el antígeno que genera la respuesta. Hay vacunas diseñadas para dos dosis y otras para una. La vacuna rusa, por ejemplo, utiliza como vector un virus atenuado distinto para cada dosis. El de la segunda dosis es el mismo que se encuentra en la desarrollada por Canadá y China que se pensó para una sola inoculación y que llegará al país en los próximos días.

Científicos argentinos están testeando una vacuna que será innovadora porque se inocularán las espigas (spike) del Sars y se podrán cambiar con la aparición de cada cepa.

Hay al menos 200 años de historia del avance de las ciencias en el conocimiento de nuestra inmunidad y como se puede preparar ante una nueva amenaza. Las vacunas han sido herramientas valiosísimas, en el pasado, para desterrar enfermedades. Y siguen siendo nuestra principal arma. Avanzar con la vacunación de los más jóvenes, entre ellos la gran mayoría de los dos millones de estudiantes universitarios, nos permitirá alcanzar porcentajes de inmunización que le pongan fin a la pandemia en la Argentina.

 

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