“Me siento muy bien, hago vida normal”

Fue en La Quiaca donde la madre de Celeste Zoe Flores notó que la molestia de su niña de tres años en el abdomen era de cuidado. Pese a la reticencia de los profesionales, logró la derivación y un especialista finalmente le diagnosticó tumor de Wilms. Su insistencia marcó la diferencia, su hija fue operada y tratada en el hospital Garrahan y mejoró, a los seis recayó y volvió, hoy con 14 vive plenamente y con su salud controlada.

"Mi hija dijo "mamá, me duele aquí", tenía como una pelotita en el estómago. La llevé a la salita y me dijeron que no era nada para preocuparse, le pedí una ecografía y me mandó al hospital, ahí la doctora de guardia dijo lo mismo y que no había para hacer ecografía para niños. Le dije que la iba a hacer de forma particular, volví y quizás no tenía conocimiento, otro médico dijo que mientras antes la trate mejor. No me querían dar ambulancia, pero me dieron la derivación", recordó Delia Cruz.

Era febrero del 2011, y su insistencia tanto para hacer la ecografía por sus medios como para obtener la derivación fueron clave para que la niña fuera revisada en el Hospital de Niños por otro profesional. Allí la internaron en la Sala Amarilla y tras 27 días, un oncólogo que llegó de Buenos Aires la diagnosticó.

"En una reunión me explicó, ella va a hacer quimio, se le va a caer el pelito pero va a crecer. Me dijo que la iban a trasladar a la Sala Fucsia y ahí me preocupé porque había otros chicos sin pelito", rememoró. "Ma, no llorés, yo me voy a curar", recordó que le dijo su niña al verla llorar de la preocupación.

Poco después la derivaron al hospital Garrahan de Buenos Aires y le confirmaron el "tumor de Wilms" que afecta al riñón, y luego le extrajeron uno en una intervención quirúrgica porque ya estaba muy avanzado. "El tumor que le sacaron pesaba 550 gramos, le sacaron todo el tumor derecho", precisó y la niña estuvo cuatro meses allí para luego seguir el tratamiento en esta ciudad logrando buen resultado.

Faltaban dos semanas para que se cumplieran los seis años, estimados en que el cáncer no volvería. "Estábamos felices, pero vamos a control y ahí nos damos con que volvió a recaer", recordó Cruz y entonces la derivaron nuevamente a Buenos Aires y la intervinieron para quitar la mitad del otro riñón.

Desesperada, la madre ofreció su riñón o la posibilidad de que se lo done alguno de sus hijos o su esposo, pero afortunadamente salió bien y le dijeron que podría vivir con el que tenía. "Salió todo bien, tenía más sesiones de terapia, más fuertes y ya tenía nueve años, se daba cuenta y sufría más", recordó Cruz.

Hoy procura no transmitir sus temores e impulsarla a seguir una vida normal en su vida de adolescencia, pese a las limitaciones y cuidados que debe tener.

Es que Celeste ya tiene 14 y está controlada y sus padres hacen lo posible para que eso suceda. Su madre Delia comentó que siempre fue difícil ya que su esposo es albañil y en invierno debe trabajar en San Salvador porque allá en La Quiaca el frío limita su labor.

Por los constantes controles, suelen alquilar para venir seguido al médico y a los estudios que necesita su hija, por lo que aportan también sus hijos mayores, de 32 y 25 años. Al pase para poder viajar se lo gestionaron desde la fundación "Fermín Morales" a quien recuerda agradecida, porque a ella le negaron la pensión por discapacidad. Hoy la acompaña la fundación "Tinkuna Kama" de reciente formación.

Delia Cruz también agradeció a la comunidad de la Escuela Normal que mientras su hija transitó momentos duros, se organizaron para ayudar con una rifa, la visitaban compañeros y siempre contemplaron su estado. Ahora Celeste cursa 1º año y vive una vida plena.

Le gustaría estudiar enfermería o farmacia

EN LA ACTUALIDAD / CURSA EL PRIMER AÑO DEL SECUNDARIO EN LA ESCUELA NORMAL.

“Me siento muy bien. Hago vida normal, como si no tendría nada”, explicó la joven Celeste Flores quien ahora tiene 14 años. Aunque reconoce que no recuerda nada de la primera etapa tratada desde los 3 años, sí se acuerda cuando tenía nueve años. “Ver cómo me pinchaban era difícil”, agregó la niña y recordó que también le costaba no poder ver a sus compañeros por entonces, ya que pasaba por una dura etapa de recaída de su enfermedad.

CELESTE FLORES / A LOS 9 RECUERDA QUE SUFRÍA LOS PINCHAZOS Y LA TERAPIA.

Actualmente cursa el primer año del colegio secundario en la Escuela Normal. Le gusta el fútbol, cantar, tocar la trompeta, también disfruta escuchar la música del grupo CNCO y se divierte haciendo “tiktoks” en los que prefiere bailar. Aunque recién comienza el colegio secundario y ya está cursando a diario en forma presencial con muchos cuidados, piensa en el futuro. Cuenta qué le gustaría estudiar al salir del colegio, y a la hora de elegir casualmente le gustaría seguir la carrera de enfermería o farmacia.

El tumor de Wilms o nefroblastoma

El tumor de Wilms es el tipo de cáncer de riñón más común en niños. También conocido como “nefroblastoma”. Afecta con mayor frecuencia a pequeños de 3 a 4 años y se vuelve mucho menos frecuente después de los 5 años de edad. Se presenta con mayor frecuencia en un solo riñón, aunque a veces puede estar en ambos riñones al mismo tiempo. Con el transcurso de los años, los avances en el diagnóstico y tratamiento del tumor de Wilms mejoraron el pronóstico para los niños que sufren esta enfermedad.

Con el tratamiento adecuado, la perspectiva es muy buena en la mayoría de los niños que tienen tumor de Wilms. Los síntomas varían y algunos niños no presentan signos evidentes. Se puede sentir una masa en el abdomen, hinchazón y dolor abdominal, fiebre, sangre en la orina, náuseas, vómitos o ambos, estreñimiento, pérdida de apetito, dificultad para respirar y presión arterial alta.

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