En la Quebrada se producen vinos familiares con uva criolla

La Quebrada avanza en las producciones familiares de vinos que se comercializan en el sector turístico. Una de ellas, que reside en Tilcara, logró producir vino con uvas criollas con ayuda de la cooperativa Prosol y por convenio los asiste la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Jujuy. Una Asociación de Vitivinicultores de la Quebrada comenzó a reflotar la actividad que hace una década llegó a tener 130 socios.

Por fuera de las grandes bodegas que producen en la Quebrada, siguiendo la tradición de sus abuelos, varias familias de la zona producen pequeñas cantidades de vinos que extraen de plantas heredadas de tiempos de los españoles, ahora uvas criollas. "La producción de ´Herederos´, que es el vino de casa, se hizo con base en cepas criollas que tenemos en la Casa Uwa Wasi, ubicada en el centro de Tilcara y que perteneció a mis abuelos", indicó Gustavo Chapor, al frente de dicho emprendimiento turístico.

Explicó que durante la pandemia ya trabajaron en la producción de vinos caseros elaborados en vasijas de barro, con el apoyo y acompañamiento del ingeniero Dante Aramayo, docente de la Unju y de la Cooperativa Prosol de Maimará. "Si bien nosotros nunca lo habíamos hecho, los abuelos trabajaban desde antes", recordó.

GUSTAVO CHAPOR / RETOMÓ LA PRODUCCIÓN DE VINO DE SUS ABUELOS EN TILCARA.

Por su parte, Aramayo explicó que se trata de "un vino blanco muy aromático. Tienen tres o cuatro variedades distintas de uva blanca, son todas uvas criollas que no se sabe el nombre, habría que hacer estudios genéticos para saber la progenia de esa planta, porque cuando entraron los españoles en el siglo XVI se aclimataron a distintos ambientes y empezaron a cruzarse y así hubo una variedad de mutaciones", dijo. Adelantó que es un trabajo que se está por hacer para determinar cuáles son, mientras se hace vino.

Dijo que en éste caso se produjo 60 botellas y supuso un acto simbólico de recuperar la tradición de los abuelos que hacían vinos y se estaba perdiendo. "Hay una tradición larga de vinos caseros, familiares en la Quebrada porque hasta el siglo XX nunca hubo bodegas importantes, pero sí en el sur de Bolivia a donde iba gente de la Quebrada y traía uvas, plantitas", detalló y diferenció de las bodegas que elaboran a otra escala.

En el caso del mencionado vino de Tilcara, la cosecha se hizo en abril, y en junio pudo ser embotellada para luego resguardarla durante tres meses en un lugar oscuro, fresco y que no se contamine.

Explicó que fue acompañado por el proyecto de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Unju junto a la Cooperativa Prosol de Maimará, quienes lo ayudaron a hacer el vino y la familia diseñó la etiqueta y así los presentaron entre amigos en noviembre.

Precisó que la base de los procesos es igual pero es distinto en una bodega familiar que industrial; en la primera se pueden controlarlos de manera más sencilla por los volúmenes pequeños.

Recordó que el Instituto Nacional de Vitivinicultura en 2004 diseñó un procedimiento para hacer vino en pequeña escala, de modo que no resulte peligroso para quien lo consuma, por lo que se puede hacer en envase de plástico, cuidando la asepsia, temperatura desde que se muele la uva hasta colocar el corcho. Ponderó que salen vinos muy buenos, y es que entiende que si son cuidadosos no puede salir mal ya que la clave es la calidad de la uva que, para esa zona, está prácticamente garantizada.

Planteó que en este tipo de producciones el vino tiene otro carácter e impacta en lo económico ya que le cuesta más barato que al productor industrial que debe tener infraestructura, ingenieros y enólogos. Dijo que hay otra gente con experiencia a pequeña escala, una en Purmamarca denominada "El Milagro" que hace una década produce, al igual que la familia Vilte, que tras una capacitación produce vinos y subproductos.

Cooperativa Prosol los impulsa

Pablo Quiroga de Cooperativa Prosol, explicó que la entidad viene haciendo vinos desde hace cuatro años con una pequeña planta y hace dos hicieron un convenio con la Facultad de Ciencias Agrarias de la Unju donde se montó una “bodega escuela” para pequeños productores que quieran hacer su vino. “Allí se hace la molienda, el trenzado, la cura, todo lo necesario para hacer un vino”, explicó Quiroga. Detalló que al principio la facultad asesoró técnicamente al personal de la cooperativa, ahora lo desarrollan solos y los visitan técnicos para la puesta a punto de acuerdo a la uva, tinta, blanca o rosada.

Hubo un proyecto por el cual se distribuyeron plantines y debido a que no tenían cómo ni donde hacer vino, buscan aglutinar a esos productores y el año pasado comenzaron a hacer los primeros vinos para ellos. “Intentamos trabajar e incentivar la producción para que la vitivinicultura no quede en los productores de afuera”, dijo y explicó que están comenzando a comercializar ya que hay buenos vinos.

Les queda completar la habilitación del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), para hacer análisis de vinos, porque la cooperativa produce alimentos deshidratados, no obstante trabajan con bodegas habilitadas. La idea es contar con la habilitación para que los pequeños productores también tengan circulación legal, por lo que actualmente aclaran en la etiqueta que se trata de vinos artesanales y destacó que su manejo es agroecológico en el cultivo, con ayuda de los agrónomos de la Unju. También coordinan con la Asociación de Pequeños Vitivinicultores de la Quebrada que trabaja en ello.

Reflotan la asociación

La Asociación de Vitivinicultores de la Quebrada de Humahuaca se creó en el 2005 y alrededor del 2010 comenzaron a trabajar con proyectos. Desde 2012 lograron un proyecto Proderi que les permitió obtener plantas y bodegas móviles, sumando socios.

Eran pequeños productores desde Tumbaya y de alrededores de Humahuaca y llegaron a 130 asociados en el 2013. Hubo un parate hasta el año pasado en que se conformó la nueva comisión que preside María Victoria Abalos. Sostuvo que eso hizo que se queden con pocos socios y ahora apuntan a reflotar la organización ya que el proyecto es viable y los pocos vinos que se hacen de seis pequeños productores, son de calidad syrah, malbec y cabernet y probando con uvas criollas.

Ellos cuentan con 500 a 600 plantas y comercializan el vino entre los turistas. Cuentan con la bodega móvil, no tienen una sede propia y actualmente actualizan sus papeles para presentar proyectos y buscar financiamiento.

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