Consideraciones sobre el exorcismo en realidad

La idea de posesión demoníaca tiene varios miles de años de antigüedad. Hasta hace pocos siglos no tuvo cambios sustanciales. Endemoniado o poseído era todo aquel que tenía alteraciones en su conducta. El primer cambio importante ocurre el 23 de septiembre de 1793 cuando el médico francés Philippe Pinel decide desencadenar a los internos en el hospital Bicetre, por considerarlos simples enfermos. Pinel sostiene que estas personas sometidas a tratos inhumanos eran seres con trastornos mentales. De esta manera, la idea de que el demonio podía actuar en forma directa sobre las personas causando alteraciones en su forma de ser comienza a perder terreno, que será ocupado por un concepto nuevo y amplio: el de enfermedad psíquica. "Se decía antes que eran cosas del diablo. Hoy se las llama neurosis", escribió el sabio suizo Carl G. Jung, pionero de la Psicología contemporánea, ya iniciado el siglo XX.

Sin embargo -aún hoy-, a nivel popular se sigue hablando de posesiones demoníacas y aplicándose el exorcismo para arrojar supuestas fuerzas oscuras del cuerpo de la víctima poseída por Satán. Es para esta finalidad que se suele invocar la necesidad de realizar un "exorcismo". El exorcismo es un ritual ideado por religiosos en tiempos que la Psicología, la Psiquiatría y la Parapsicología no eran ciencias. En nuestro país, ya son numerosas las víctimas mortales -generalmente menores de edad- provocadas por quienes se presentan como exorcistas afirmado estar capacitados para poder discernir cuando alguien está poseído por el demonio y, además, para practicar los rituales necesarios para extraerlo del poseído.

La Iglesia Católica Apostólica Romana tiene, actualmente, una posición clara. Un sacerdote solo puede aplicar exorcismos si tiene la autorización del obispo de la diócesis, y este solo lo otorga cuando los exámenes médicos, psicológicos, psiquiátricos y parapsicológicos no permitan explicar el origen de los síntomas. Hay, sin embargo, algunos cultos donde continúan insistiendo en la necesidad de administración de este ritual con fines armonizadores. Lo hacen de dos formas: individual o grupal. Estos últimos durante el transcurso de alguna ceremonia religiosa. Así, quienes padecen de neurosis histéricas generan escenas de gritos, contorsiones y desmayos.

Como científico se me ha criticado que estas aclaraciones no tienen en cuenta las enseñanzas bíblicas. No es así. En marzo de 1995, organizado por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma, se desarrolló el encuentro: "El desafío de Belcebú. ¿Complejidad psíquica o influjo de lo maligno?". El sacerdote Corrado Balducci -demonólogo- señaló que sobre mil casos posibles de hipotéticas posesiones sólo diez resultaron -a su parecer- verdaderos. Y agregó refiriéndose a los criterios modernos aplicables para discernir de un auténtico o falso caso de posesión: "...si el Diablo se encuentra realmente en una persona, no se limita a manifestaciones de orden psiquiátrico. Debe demostrar su poder... levitación, psiquinesis y el hablar en otras lenguas desconocidas...".

Las verdaderas posesiones, si es que realmente ocurren, son fenómenos excepcionalísismos. Lo usual es que, en verdad, se trata de personas que padecen perturbaciones psicológicas. La mejor prueba es que ningún Demonio sigue manifestando su fuerza después que el supuesto "poseso" recibe adecuado tratamiento profesional.

(*) Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, magíster en Psicoanálisis y parapsicólogo.

 

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