Con profunda fe, los puneños vivieron la Semana Santa

Desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, comunas como La Quiaca y Yavi vivieron con mucha solemnidad, profundo recogimiento y un verdadero espíritu penitencial, la Semana Santa. La religión está fuertemente arraigada en todos sus habitantes, producto de siglos de evangelización católica. Claro ejemplo son los templos que datan del siglo XVII y las imágenes del arte cuzqueño que corresponden al período colonial.

El Viernes Santo se revivió un sobrecogedor acontecimiento de religiosidad popular que convocó a pobladores y turistas ávidos de conocer la cultura que persiste a pesar del cambio global.

Desde la parroquia Perpetuo Socorro de La Quiaca, el cura párroco Aníbal Silli acompañado de las Hermanas Mercedarias de la Caridad, celebró los misterios de la Pasión y Muerte de Jesucristo, jornadas centrales de la Semana Santa.

En la mañana del viernes, en algunos barrios de La Quiaca, los vecinos compartieron un grato momento cuando, con sus propias manos, levantaron los denominados calvarios con molle y flores de la zona que sirven para adornar el lugar.

EN YAVI | “LAS DOCTRINAS” ACOMPAÑARON AL CRISTO YACENTE.

Luego de dos años, a las 16 dio inicio el paso de Cristo por sectores de la zona céntrica y cercanos, teniendo como punto de partida y llegada la iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Por la noche, se trasladó hasta la ruta 5, donde residen miles de vecinos quiaqueños.

Solemnidad en Yavi

Con alojamientos colmados y gran cantidad de turistas, este 2022 la localidad histórica de Yavi, ubicada a 16 kilómetros hacia el este de La Quiaca, también celebró los días Santos. El viernes, las doctrinas con su andar parsimonioso llegaron desde toda la jurisdicción. Y es que las niñas, desde los 12 años, son preparadas para entonar la lectura de la Pasión con cánticos traducidos en un profundo lamento y sincero dolor hasta llegar a las lágrimas.

En las primeras horas de la noche la iglesia estuvo repleta; culminado el oficio litúrgico, se procedió a realizar el descenso de un lugareño representando a José de Arimatea en su ascenso al Monte Calvario, iniciando el Vía Crucis.

Finalizado el sermón, las damas del pueblo colocaron el cuerpo del Señor en un hermoso sepulcro para la posterior procesión por las calles del pintoresco poblado. El cuerpo yacente de Cristo fue llevado en andas por las calles seguido por la Virgen de los Dolores, Juan Bautista y María Magdalena, deteniéndose en cada una de las 14 ermitas preparadas con flores.

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