“Llegué acá y la vida me enseñó que nunca hay plan”

A un año de haberse recibido de contadora, renunció a su trabajo para hacer un viaje con amigas al Sudeste Asiático, un viaje que le fue presentando nuevos caminos que hasta hoy no dejan de sorprenderla.

Con cientos de kilómetros a cuestas, y decenas de amigos cosechados a lo largo del camino, los frescos aires de Nueva Zelanda, país donde vive hace cinco años, produjeron en ella grandes cambios y muy profundos en su interior que le cambiaron la vida.

Como en una película de fantasía, desde un inicio cuando el viaje aún era solo un plan, las cosas se le fueron dando, los caminos se fueron abriendo y las señales no dejaron de aparecer. Desde conseguir la working holiday (visa de vacaciones y trabajo) de Nueva Zelanda en siete minutos (cuando se sabe que sólo ofrecen mil y por la alta demanda la página web se satura y resulta poco probable conseguirla), hasta el acomodamiento casi mágico de sucesos que hicieron que hasta hoy permanezca allí.

Ante todo este nuevo mundo de posibilidades que Soledad Domínguez tenía frente a sus ojos se dijo "voy al Sudeste Asiático con mis ahorros y en vez de volverme a la Argentina en junio, aprovecho la visa y me voy a Nueva Zelanda para trabajar y recuperar mis ahorros y recién me vuelvo. Ese era mi plan, pero llegué acá y la vida me enseñó que nunca hay plan", concluyó.

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Y así fue, llegó a Nueva Zelanda cargada de las compras que había hecho, cuadros, telas, ropa de cama y todo lo que ella creía necesario para su futura casa. Una característica que admite era típica de la Soledad de antes. Mismas cosas de las que con el tiempo se fue despojando y con ellas sus pensamientos estructurados, prejuicios y algunas formas de ser.

"Cambié mucho en estos cinco años, desde que estoy aquí soy una persona distinta. Una de las cosas que más cambié es que antes era muy estructurada, planeaba todo y quería tener todo bajo control. Me preocupaba por lo que iba a pasar mañana, pero aquí entendí que miles de cosas pueden pasar en el medio y en definitiva uno termina viviendo en un mañana falso. Y por las cosas que me vienen pasando aquí, hoy solo tengo planes tentativos porque la vida te va poniendo otras oportunidades, por eso hoy vivo más el día a día", compartió.

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En esta nueva sintonía más distendida, la jujeña empezó a prestar atención a otros aspectos de su vida como la alimentación, el tiempo de calidad con los amigos y el disfrute de la naturaleza a través de aventureros trekkings. Sus gustos cambiaron, destacó.

A los días de haber llegado, empezó a trabajar en un restaurante y a los tres meses empezó a viajar para hacer su working holiday y para sorpresa de todos la hizo en el campo, una experiencia que antes nunca hubiera estado entre sus posibilidades, pero que con los nuevos anteojos con los que ve la vida terminó siendo muy gratificante y enriquecedora para su crecimiento personal.

Contó que en estos cinco años planeó tres veces su partida de Nueva Zelanda, pero que sorprendentemente todos los caminos la llevaron a quedarse ahí.

La primera vez volvió de visita a la Argentina por un mes para pasar las fiestas de fin de año y como en sus planes estaba viajar luego a Europa, pero no quería hacerlo durante el invierno, decidió esperar la buena temporada en Nueva Zelanda donde fundamentalmente podía ahorrar dinero para el viaje y luego volver a la Argentina, pero llegó la pandemia y se quedó allá.

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La segunda vez que casi se va, estaba por rendir un sábado el examen de inglés para irse a Australia, pero el lunes previo la llamaron de una metalúrgica y le informaron que había quedado para un puesto administrativo, una excelente propuesta que no podía rechazar y se quedó comprometiéndose a permanecer por lo menos durante un año en la empresa.

Y ahora, a pocos días de cumplir el año laboral y cuando los preparativos para ese ansiado viaje a Australia se estaban reactivando, un ascenso en el trabajo se le presentó posponiendo por tercera vez su partida de Nueva Zelanda.

"Es como si este país no quisiera que me vaya" dijo la jujeña al tiempo que compartió que no se ve "tirando raíces lejos de mi familia".

Así, a un mes de cumplir cinco años allá y con sus 28 años de edad, Soledad Domínguez destaca de esta experiencia el crecimiento personal, sus cambios en cuanto a sus pensamientos, opiniones y ni hablar de su alimentación. Y como lo más valioso para ella, compartió que pese a que siempre le gustó la contabilidad, descubrió que su pasión es ayudar a las personas. "De eso no tengo dudas".

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