La economía, otra vez en el centro de la escena

Pese a los enormes esfuerzos del oficialismo por seguir manteniendo el tema en el candelero, las encuestas revelan que la atención de la opinión pública en el intento de magnicidio contra Cristina está empezando a decaer aceleradamente con el paso de los días. Los constantes ataques al periodismo y la oposición por generar un supuesto clima de odio en la sociedad atentan contra el discurso pacifista que viene esgrimiendo el kirchnerismo como presunto representante del "amor" en la Argentina. El odio y el amor son dos sentimientos que están en todas las personas, querer dividirlos por ideologías es tan absurdo como infantil.

Esa situación, obviamente, está volviendo a poner a la economía argentina en el centro de todas las miradas, lo que representa una muy mala noticia para los intereses electorales del Gobierno en medio de una crisis sin precedentes para el país.

La inflación del siete por ciento anunciada para el mes pasado fue aún mayor que la pronosticada por las consultoras privadas y confirma un dato espeluznante: este año el país terminará con una suba de precios cercana al cien por ciento, una cifra literalmente inalcanzable para cualquier paritaria o aumento jubilatorio. Otra vez, los argentinos verán reducido su poder adquisitivo de forma brutal y con ello se prolongará el clima de expectativas desfavorables que acapara a la economía hace más de cuatro años. Se trata de un golpe directo a la competitividad del Frente de Todos de cara a 2023, ya que la mayoría de los votantes acude a las urnas con una mano en el sobre y otra en el bolsillo, que llegará más raquítico que nunca.

El desánimo que reina en la población y en los operadores financieros no parece poder saldarse ni con las buenas relaciones con el Fondo Monetario Internacional ni con un dólar especial para los especuladores sojeros de la Pampa húmeda. Los temas de la macroeconomía, de suma relevancia para la estabilidad duradera del país, hoy ocupan un tercer o cuarto plano en las preocupaciones ciudadanas, basadas casi exclusivamente en llegar a fin de mes sin acudir al endeudamiento.

En ese contexto, el Banco Central aumentó exponencialmente la tasa de interés y la llevó al 75 por ciento anual, en un claro intento por desalentar el consumo y quitar pesos del mercado. La medida, recesiva como pocas, encarecerá el crédito privado a niveles insostenibles y también la deuda en moneda nacional del país. ¿De dónde saldrán los pesos para cancelar semejantes tasas de interés con los tenedores de las Leliqs? Una de dos: o más deuda o más emisión. Nada nuevo en el horizonte.

Cerca del ministro Sergio Massa afirman que estos índices inflacionarios no tienen que ver con su gestión sino con "el festival de emisión monetaria y subsidios" que había antes de su llegada al Palacio de Hacienda. La afirmación tiene asidero, ya que Massa lleva muy poco tiempo al frente de Economía y la inflación no se resuelve de un día para el otro, pero también es cierto que el aumento de las tarifas ejecutado íntegramente por él le echará aún más leña al fuego. Economistas privados ya están anticipando que la suba de precios de septiembre, que incluirá el impacto de las subas en los servicios, tendría un piso del 6,3 por ciento.

La estrategia del tigrense, enfocado en ser el elegido de Cristina si ella no va por la presidencia, es mostrarse como el garante del ordenamiento macroeconómico y también de la estabilidad cambiaria, dos factores que en el largo plazo deberían reducir la inflación. ¿Ese plazo será lo suficientemente largo como para no impactar en las preferencias del electorado? Sin dudas, esa es la gran duda que desvela a Cristina y al propio Massa.

"Sergio viene cosechando resultados por la gran espalda política con la que cuenta. Es la primera vez que un ministro de Economía del kirchnerismo aplica políticas de ajuste tan explícitas sin ser cuestionado por La Cámpora ni por sus seguidores, eso demuestra que Sergio está teniendo éxito más allá de lo que pasa con los precios", reveló ayer a El Tribuno de Jujuy un funcionario que trabaja diariamente al lado de Massa.

El expresidente de la Cámara de Diputados prefirió no decir ni una sola palabra sobre cómo piensa bajar la inflación en el corto plazo. Sucede que por el momento Massa tiene poco que señalar, ya que el único plan que está siguiendo al pie de la letra es el acordado con el FMI, que es lisa y llanamente un programa inflacionario. La suba de tarifas acordada con el organismo elevará directamente la tensión en torno a los precios y la devaluación del tipo de cambio oficial -que en diciembre de 2023 estaría en $270- actúa como una licuadora de pasivos en pesos. No es que no exista un plan para bajar la inflación, el único que se tiene contempla un incremento aún mayor.

El Presupuesto 2023 admite una inflación del sesenta por ciento, ocho puntos por encima de la que dejó Mauricio Macri en 2015. La cifra es ridículamente alta, pero si se la compara con la inflación estimada para este año estaría casi cuarenta puntos por debajo. ¿Cómo se conseguirá esa reducción en medio de un año electoral en donde siempre crece el gasto público? Dios dirá.

La política

Las versiones de una supuesta reunión entre Cristina y Macri para "bajar la confrontación en la política" parecen más una campaña de posicionamiento que una apertura real al diálogo. ¿De qué hablarían dos personas que consideran al otro el peor mal de la Argentina? ¿Qué acuerdo duradero podría salir de una reunión de extremos? En el entorno del expresidente creen que todo se trata de un intento de pegarlo a Cristina y restarle apoyos a manos de Javier Milei. "Macri no va a quedar como el que no quiere dialogar, pero si Cristina se niega a hablar de impuestos, retenciones y relaciones internacionales no sé de qué van a conversar", señaló anoche a este diario un estrecho colaborador de Macri en off the récord.

En Juntos por el Cambio comienzan a verse grietas de impredecibles consecuencias que parecen agigantarse a medida que crece la versión de que podría no haber Paso. A poco más de un año de las elecciones generales, eliminar ese sistema de selección de candidatos creado por el kirchnerismo entraría en un laberinto judicial ineludible. La intención del oficialismo no es eliminar las Paso a nivel nacional, sino limitar esa jugada a la mayor cantidad de provincias posibles. ¿Cuál sería el objetivo? Ir desgranando a Juntos por el Cambio en los comicios previos a las presidenciales y que esas internas terminen afectando las chances del espacio.

Últimas Noticias

Últimas Noticias de opiniones

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Importante ahora

cargando...