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El “Diablero” era el artífice de las guitarreadas bohemias

Mario "Diablero" Arias falleció ayer en Salta, por complicaciones de salud. Será recordado por su especial talento para reunir y provocar la magia con grandes maestros.
Viernes, 28 de julio de 2023 00:58

MARÍA E. MONTERO

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MARÍA E. MONTERO

Mario "Diablero" Arias falleció ayer en Salta. Y cuando se trata de definir, conceptualizar, homenajear a una personalidad como la de él, es realmente difícil.

Músico, sí; guitarrero, sí; cantor, sí (de los más exquisitos y sentidos); pero además, convencido aliado de las luchas trabajadoras y de las comunidades originarias, de las tradiciones, las costumbres; investigador, y defensor. Estudió Historia en Tucumán y luego Antropología en Buenos Aires.

Nació en Tucumán, vivió muchos años en Tilcara (donde los recuerdos se grabaron en guitarreadas bohemias de creadores e intérpretes de los lugares más variados, todos amigos); luego se trasladó a Amaicha del Valle en Tucumán, y finalmente a Salta capital, donde falleció fruto de complicaciones de salud.

Sus restos fueron velados y cremados en Salta, y sus cenizas serán esparcidas donde y cuando la familia lo disponga.

Fue de los artistas que enarbolaron la figura de la bohemia como estilo de vida, no le interesó nunca grabar un disco, por ejemplo, y su arte, sentido, profundo, brillaba en guitarreadas de amigos, en encuentros cercanos, en los que esos amigos eran también grandes músicos. Y si es posible una lista simplemente ejemplificadora, se pueden mencionar en sus ruedas a Juan Falú, los hermanos Núñez, Luis Salinas, el "Coya" Mercado...

Mariel Cerezo, cantora y compañera de Mercado, recuerda que su casa en Tilcara era el escenario de semejantes encuentros. "Hablar del 'Diablero' es hablar de un amigo, del amigo de los amigos, del amigo de los enemigos, etc. Era un bohemio, y hace veinte años en Tilcara, se juntaban músicos que venían de Santiago, Buenos Aires, Tucumán, Salta, etc. Era el que juntaba en su casa, a los más exiguos, al guitarrero que le cantaba a la vida, que se amanecía cantando, diciendo poesía", dice con mucho sentimiento.

Instrumentista, guitarrero, cantor, con la capacidad de emocionar a quienes tenían el privilegio de escucharlo en algunos de esos escenarios difusos, no populares, ni publicitados.

Tenía en Tilcara su peña denominada "El Diablero", que más tarde se llamó "Sueñero". Ambas juntan momentos memorables, musicales y profundos por la luz que tenía para reunir almas musiqueras.

Por otro lado, es de destacar su compromiso social. Mario fue un experto en organización y capacitación campesina, sobre todo de comunidades originarias. Pero, además, se hizo experto en vitivinicultura en el NOA. En 1986 lideró un proyecto de desarrollo social de los pueblos originarios, financiado con fondos de una ONG italiana, en Tilcara y en Amaicha del Valle. Y cumplió el sueño de producir vino en la Quebrada. También trabajó con criadores de llamas, en Yavi, y con apicultores y horticultores de la Quebrada de Humahuaca.

En el año 2000 realizó la primera pisada de uvas de la Quebrada de Humahuaca, en la plaza de Tilcara, amplificando la voz grabada del poeta Jaime Dávalos recitando "El nacimiento del vino".

El periodista Gabriel Plaza mencionó en una nota que le hizo hace un tiempo que el propio "Diablero" se definía así: "Para los jóvenes soy como la memoria de los viejos, porque mi casa se ha transformado en un lugar de encuentro con gente de esa generación impresionante, como Perecito (autor de 'Si la zamba es tucumana') o alguien más joven, como Luis Salinas", refiriéndose a su casa de Tilcara en ese entonces.

En su repertorio no faltaban melodías de Lucho Salinas o con el Chango Farías Gómez, entre otros.

Mariel Cerezo también expresó, en comunicación con nuestro diario, que "lo quise mucho, lo aprecié tanto porque era muy buen amigo del 'Coya' (Mercado). Amó mucho el trabajo que hacía de investigación, estaba compenetrado con la lucha por lo que es nuestro, lo que es de la gente".

Y recordó con una sonrisa que "el 'Coya' salía de casa con algún pretexto, y era para encontrarse con el 'Diablero'. Muchos años después me enteré de que se encontraban ahí donde la bohemia producía algo mágico. Era mágico lo que se vivía ahí. Esa bohemia ya no existe, aunque por ahí se está restableciendo en el reencuentro de Claudio (Sosa), de Pachi (Alderete), etc".

Y comentó, "fue el abanderado de todo, entre chistes, bromas, poesías, un traguito de vino, una picadita, el 'Diablero' te alimentaba el alma, salías de ahí lleno, orgulloso de cantar y de cantarle a la vida".

Recordó también cuando con un profundo orgullo le pidió al "Coya" que lo escuchara tocar a su hijo, Santiago Arias, en ese momento era adolescente, y hoy es un músico destacado del bandoneón, digno de su sangre. Él sin dudas continúa con su legado de la mano de la música.

Y también con una sonrisa, Mariel recordó cómo llamaba la atención entre la gente: "En los Encuentros de Copleros de Purmamarca, llegábamos en grupo y el 'Diablero' se paraba y miraba a todos, era tan alto y buen mozo, que todos los demás decían: 'Bueno chicos, hemos perdido, llegó el Diablero'. Ja, ja. Tenía muy buena presencia", concluyó.

Pucho González, gran cantor y compositor jujeño, también habló de su legado. "Se fue una persona que era fundamental para la música del norte. Tenía dos aristas muy claras. Por un lado, siempre ha estado comprometido con las causas sociales argentinas, desde su juventud fue un participante activo en todo lo que tenía que ver con las cuestiones sociales, la clase trabajadora y sus derechos. Sus trabajos siempre tenían que ver con las comunidades en la Quebrada, en Amaicha. Y, por otro lado, hablar de la parte musical, es hablar de una música muy hermosa. Era amigo de toda la bohemia de los Núñez, Luis Salinas, y otros que en aquel momento que se iban a Tilcara a verlo y compartir con él porque captaba la esencia de la bohemia, la música andina y música en general".

Pucho lo definió como "exquisito para elegir su repertorio, cantaba muy lindo, y era de esos que cuando cantan, cantan diciendo y transmitiendo. Era un placer escucharlo, desde lo musical y desde el mensaje".

Y entendió que su gran legado es su hijo Santiago "que lleva toda su impronta", aseguró González.

"Se merece el homenaje más que sentido, no solo de Jujuy, sino de Salta, Tucumán y Santiago del Estero. Fue de las personas que nuclean y con las que es un placer estar porque te llevaba a esa búsqueda de los duendes", aseguró el músico.

"Lo despido con tristeza, pero con la satisfacción de saber de su deber cumplido en la transmisión de la cultura. Es un tipo que ha dejado cultura y amor por lo nuestro", concluyó.