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Entre máquinas, sueños y amor por sus hijos: la historia de Elena Siquila

A los 46 años opera maquinaria pesada y continúa capacitándose en la actividad minera. Tiene un objetivo colectivo: que otras mujeres de la Puna salteña puedan formarse.
Elena maneja maquinaria pesada, contra los pronósticos de muchos hombres que la subestimaban.

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Elena ingresó a la actividad minera en 2017, cuando comenzó a trabajar en un servicio de catering en la mina Lindero, en Mansfield. Durante aproximadamente un año, sus tareas estuvieron vinculadas con la cocina, un oficio que conocía y en el que había desarrollado su experiencia laboral.

Por entonces, había estudiado hasta séptimo grado, no sabía manejar y tampoco tenía conocimientos técnicos relacionados con la operación de equipos pesados. Su horizonte laboral parecía estar ligado a la cocina, hasta que surgió la posibilidad de capacitarse para conducir camiones fuera de ruta.

"Yo arranco en el año 17 en la mina, ingresando primeramente en un servicio de catering, acá en la mina Lindero, Mansfield. Estuve ahí un año, más o menos, y se abrieron oportunidades para poder capacitarse para operar los equipos pesados", recordó.

La propuesta significaba abrir una puerta hacia un mundo desconocido, pero también despertó dudas. Elena había escuchado que para acceder a la formación era necesario tener estudios secundarios, algo que consideraba una limitación. "En ese entonces eran los camiones fuera de ruta, que en un principio lo veía difícil porque no sabía manejar nada. Mi lugar, que siempre me gustó y en lo que trabajaba, era la cocina, y más que eso no sabía", relató.

También recordó los comentarios sobre los requisitos académicos: "Había muchos comentarios de que había que tener secundario y esas cosas. Entonces no le veía la posibilidad, porque yo estudié hasta séptimo grado".

Aun así, decidió presentarse y comenzó el curso. Debió aprender a manejar, incorporar conceptos de física y familiarizarse con el funcionamiento de máquinas de gran porte.

Aprender desde cero

La capacitación fue uno de los primeros grandes desafíos de su trayectoria. No solo tenía que aprender a conducir, sino también comprender contenidos técnicos que hasta ese momento le resultaban ajenos. La dificultad la llevó a pensar en abandonar y regresar a la cocina, el espacio en el que se sentía segura. "En el momento se me cruzó decir: 'Bueno, me vuelvo a seguir cocinando'", recordó.

Sin embargo, eligió continuar. "Tuve que ponerle todas las ganas que podía, así que aprendí y logré llegar a aprender a manejar los camiones fuera de ruta", contó. Ese logro marcó un cambio en su vida laboral. Elena comprobó que la falta de estudios secundarios y la ausencia de experiencia previa no tenían por qué definir sus posibilidades. Desde entonces, continuó vinculada a la mina Lindero y amplió sus conocimientos en distintas áreas de la operación minera.

Después de aprender a manejar camiones fuera de ruta, Elena se propuso asumir nuevos desafíos. Uno de ellos fue capacitarse para operar una motoniveladora. La posibilidad estuvo acompañada por comentarios que intentaban marcarle un límite. Algunas personas consideraban que las mujeres no podían manejar ese equipo o que se trataba de una tarea reservada para los hombres.

"Después también quise aprender otros equipos y decían: 'No, si las mujeres nunca operaron ese equipo'. Por ejemplo, la motoniveladora. No había mujeres que lo hubieran aprendido y yo les discutía, porque ya era más fuerte, sabía que podía y quería lograrlo", relató.

Finalmente, consiguió aprender a operar la máquina. Según su testimonio, continúa siendo la única mujer de la Puna salteña con esa experiencia. Para Elena, no se trató solamente de aprender a manejar un equipo. También significó demostrar que las mujeres pueden desarrollar capacidades técnicas, asumir responsabilidades operativas y acceder a puestos que durante mucho tiempo estuvieron ocupados principalmente por hombres.

Su trayectoria no se limitó a la operación de maquinaria pesada. Con el tiempo, también recibió la oportunidad de desempeñarse como controladora de flota, una tarea que requiere conocimientos de computación y el uso de herramientas tecnológicas.

"Hay otra oportunidad que me dio la empresa misma, que es una tarea de controladora de flota, donde tenés que saber mucho de computación y todas esas cosas, pero sin saber nada aprendí y estoy ahí también en ese sector", explicó.

Actualmente, trabaja allí por temporadas y alterna esa función con otras tareas dentro de la operación minera. También sumó experiencia con camiones de menor porte, conocidos en su relato como camiones de escaña.

Cada nuevo puesto implicó aprender procedimientos diferentes y salir de su zona de comodidad. Para Elena, esa disposición a capacitarse fue clave para seguir creciendo.

Elena, con la inmensidad de la Puna de fondo, su lugar de trabajo.

"Volvé a la olla"

Además de las exigencias propias de cada tarea, Elena debió enfrentar prejuicios vinculados con su condición de mujer. Durante su formación, algunas personas dudaron de que pudiera aprender a operar maquinaria pesada y la asociaron exclusivamente con su experiencia en la cocina.

"Me decían: 'No vas a aprender, mejor volvé a tu olla'. Hacían comentarios como que solamente servía para la olla y no para poder aprender", recordó.

Esas expresiones cuestionaban su capacidad y buscaban devolverla al lugar laboral que otros consideraban apropiado para ella. Sin embargo, en vez de abandonar, Elena tomó esas palabras como una motivación. "Eso, en cierto modo, me daba más fuerza para decir: 'Bueno, yo sí voy a demostrar que puedo'", expresó.

Los prejuicios volvieron a aparecer cuando quiso aprender a operar otros equipos. "Por ahí los hombres dicen: 'No, si vos no podés', o, por ejemplo, cuando querés aprender una topadora, dicen que la mujer no puede porque se golpea. Yo creo que eso también es machismo", reflexionó.

Su experiencia muestra que las mujeres no solo deben capacitarse y cumplir con sus responsabilidades laborales. En muchos casos, también tienen que demostrar que pueden realizar tareas que todavía son asociadas principalmente con los hombres.

A pesar de los años de experiencia, Elena todavía tiene objetivos por cumplir. Entre sus próximos desafíos se encuentran aprender a operar una topadora y una retroexcavadora."Quizás poder aprender unos dos o tres equipos más, como te decía, topadora, retroexcavadora. Esa sería mi conclusión como aprendizaje", contó.

A los 46 años, considera que su recorrido demuestra que nunca es tarde para iniciar una nueva etapa. "Yo hoy por hoy tengo 46 años y aprendí de muy grande", expresó.

Su objetivo no es solamente sumar nuevas herramientas para su carrera. También quiere que su experiencia sirva como referencia para otras mujeres que buscan capacitarse y acceder a oportunidades laborales en la minería. Detrás de cada paso de Elena estuvo el acompañamiento de sus tres hijos. Cuando apareció la posibilidad de capacitarse para operar camiones, ella tenía dudas por la falta de estudios, la ausencia de experiencia al volante y la dificultad de los contenidos.

"En su momento, mis hijos eran niños jóvenes y fue la pregunta de ellos también, de si me animaba a ir a aprender eso", recordó. Sus hijos confiaron en ella y la alentaron a intentarlo. "Yo les decía que no tenía secundario ni nada, pero ellos me decían: 'Vos podés, porque podés con muchas cosas'", contó.

Ese respaldo fue fundamental para que pudiera sostener el esfuerzo durante la capacitación. "Siempre fue el apoyo de mis hijos", destacó. La familia también debió adaptarse al régimen laboral. Durante los 14 días que Elena permanece en la mina, sus hijos continúan con sus estudios y organizan la rutina cotidiana."En los 14 días que yo estaba acá, supieron estudiar y estar bien para que yo pueda seguir aprendiendo", expresó.

Catorce días lejos de casa

Elena trabaja 14 días consecutivos en la mina y luego tiene 14 días de descanso. Durante el período laboral cumple jornadas de 12 horas, alternando turnos diurnos y nocturnos. Cuando trabaja de noche, comienza alrededor de las 18, realiza el relevo y permanece en actividad hasta aproximadamente las 6.30 o 7 de la mañana.

La modalidad exige pasar largos períodos lejos del hogar y perderse algunos acontecimientos familiares. Un cumpleaños, una reunión o una celebración pueden coincidir con sus días de trabajo y quedar pendientes hasta su regreso. "No estar con tu familia en eventos especiales es el momento más difícil que se vive acá en la mina", manifestó.

La distancia no se mide únicamente en kilómetros. También implica el tiempo que no se comparte con los seres queridos y la necesidad de sostener los vínculos durante las ausencias.

Para Elena, el apoyo de sus hijos fue clave para poder concentrarse en su trabajo y continuar con sus objetivos. Cada regreso a casa representa la posibilidad de reencontrarse con ellos y recuperar parte del tiempo compartido. "Acá se tiene que tener más que nada en el corazón, porque no estar con tu familia en eventos especiales es el momento más difícil que se vive acá en la mina", expresó.

El sueño de enseñar a otras mujeres

El objetivo más importante de Elena está relacionado con las nuevas generaciones. Quiere enseñar a otras mujeres de la Puna salteña a operar maquinaria pesada y ayudarlas a encontrar oportunidades dentro de la actividad minera. "Mi objetivo, mi sueño, es poder enseñar a las mujeres de la Puna, para que puedan quedar", expresó.

Su intención es acompañar especialmente a las jóvenes que buscan capacitarse, adquirir experiencia y construir una trayectoria laboral en su propia región.

Elena sabe que el primer paso puede ser difícil. Ella misma comenzó sin saber manejar, sin estudios secundarios y con dudas sobre sus posibilidades. También tuvo que enfrentar comentarios que cuestionaban su capacidad por ser mujer.

Por eso, quiere que otras trabajadoras puedan acceder a una formación y a un entorno donde sus oportunidades no estén condicionadas por prejuicios.

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