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El Salar de Arizaro concentra 17 de los 54 proyectos de exploración avanzada con Declaración de Impacto Ambiental (DIA) vigente en Salta, el 31,5% del total. En exploración superficial, la proporción se repite: Arizaro reúne 13 de los 78 proyectos activos, el 16,7%. Son datos que expuso la semana pasada el secretario de Minería de la Provincia, Gustavo Carrizo, en un seminario sobre exploración minera realizado en la Universidad Católica de Salta y organizado por el Idemis (Instituto para el Desarrollo de la Minería Sustentable).
Detrás de Arizaro aparece el Salar de Río Grande, con 5 DIA en exploración superficial y 9 en avanzada. Completan el listado los salares Pocitos, Taca Taca, del Rincón, de Pastos Grandes, del Hombre Muerto, Tolillar, de Llullaillaco, Cauchari y Centenario, cada uno con porcentajes de entre el 4% y el 11% según la etapa. En total, la provincia acumula 132 proyectos de primera categoría con impacto ambiental aprobado entre las dos etapas, y 126 expedientes asociados solo en exploración superficial.
Desarrollar la exploración en Salta es una de las obsesiones de Carrizo desde que asumió en su cargo a fines del año pasado. Es básico. La etapa de producción de las minas no suelen durar más que un par de décadas, por lo que la exploración es clave para que la cadena productiva no se corte en una provincia que busca hacer de la minería su principal base de sustento económico.
Sobre qué se está buscando, Carrizo describió un cambio en el tipo de minerales que motoriza la exploración. Históricamente, el foco estuvo puesto en oro, plata, cobre, hierro y boratos. Hoy esa lista convive con litio, cobre, níquel, cobalto, tierras raras, grafito y manganeso, impulsados por la transición energética y la digitalización global.
"Los minerales críticos no reemplazan a los tradicionales; se suman a ellos y amplían las oportunidades exploratorias", señaló.
Ese cambio se refleja en el estado de los proyectos productivos de la provincia. En el rubro metalífero -plata, oro y cobre- Salta tiene 1 mina en producción (Lindero, con oro), 1 proyecto con DIA para construcción (Diablillos, de plata y oro) y 1 proyecto con Informe de Impacto Ambiental (IIA) en evaluación para construcción (Taca Taca, con cobre). En litio, la cartera incluye 4 minas en producción, 5 proyectos en construcción con DIA, 2 proyectos con IIA en evaluación para construcción y 3 proyectos en etapa de planta piloto con DIA.
El funcionario ubicó estos números dentro de un dato nacional: según un relevamiento del Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar), Argentina tiene 26.142 registros minerales identificados, pero solo el 20% del territorio con potencial geológico fue explorado en profundidad. El 80% restante permanece sin explorar, con la Cordillera Oriental, la Puna y los Andes Centrales como las zonas de mayor potencial pendiente de estudio. En ese mapa, Salta figura entre los territorios con mayor potencial geológico del país, con recursos identificados de litio, cobre, oro, plata, boratos, tierras raras y otros minerales críticos.
Entre las fortalezas de la provincia, Carrizo mencionó el liderazgo nacional en litio, el potencial de clase mundial para cobre, las amplias áreas aún subexploradas en la Puna y la Cordillera Oriental, y la experiencia acumulada en exploración de salares y sistemas metalíferos. A esa lista sumó un factor no técnico: el talento humano, la identidad y el arraigo de la provincia con la actividad minera.
"La pregunta ya no es si Salta tiene recursos minerales. La pregunta es cuánto potencial permanece aún oculto bajo un territorio que continúa revelando nuevas oportunidades geológicas", sintetizó el secretario de Minería.
Uno en 200: el dato que explica el riesgo de explorar
En la presentación del Idemis también expuso el reconocido geólogo Gonzalo Mauro de la Hoz. Señaló que, en base a un estudio de Schodde (2014), sobre 930 depósitos de cobre, níquel, plomo y zinc con descubrimiento confirmado en el mundo: de cada 200 proyectos que arrancan en la etapa conceptual de exploración, solo uno termina convertido en una mina en producción. El recorrido entre ambos puntos atraviesa varias etapas: generación de zonas target, perforación de zona target, evaluación de recursos y reservas, definición de recursos y reservas, y estudios de viabilidad. En cada una de esas etapas, la cantidad de proyectos que continúa se reduce.
El mismo estudio de Schodde muestra un cambio en los métodos de descubrimiento a lo largo del siglo XX. Entre 1900 y mediados de siglo, la mayor parte de los hallazgos se produjo por prospección visual directa o por extrapolación a partir de yacimientos ya conocidos. Desde la década de 1950, la geofísica y la geoquímica pasaron a explicar una proporción creciente de los descubrimientos, hasta representar en conjunto más del 50% en los períodos más recientes relevados por el estudio.
Señaló, además, que en 2020 entraron en funcionamiento 240 minas nuevas a nivel mundial, contra 520 en 2014. Atribuyó esa caída a la disminución de los recursos de fácil acceso y a que las minas nuevas tienden a ubicarse en zonas más remotas, con mayores costos de operación.
La mirada hacia el futuro
Como oportunidades emergentes para los próximos años, Carrizo ubicó a los minerales críticos y las tierras raras, los sistemas geológicos asociados al cobre, y las nuevas aplicaciones tecnológicas para minerales ya conocidos en la provincia. A eso agregó la integración de inteligencia artificial, geofísica avanzada y modelado predictivo a los procesos de exploración.