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La cartera de proyectos de cobre y litio en Argentina reúne necesidades de inversión por más de US$50.000 millones y, de concretarse, podría triplicar las exportaciones del sector y duplicar el empleo directo durante la próxima década. Así lo establece "Proveedores Mineros en Argentina: escenarios y proyecciones de desarrollo", un informe elaborado en conjunto por la Unión Industrial Argentina (UIA), la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con financiamiento de la Unión Europea, que construyó dos proyectos modelo, uno de litio y otro de cobre, para dimensionar con precisión qué va a comprar la minería y quién está en condiciones de vendérselo.
En mayo pasado se había expuesto un adelanto de este informe, en un jornada sobre minería en el Senado nacional y ahora se conoce el documento con todos sus detalles.
El trabajo, coordinado por Francisco Abramovich, jefe del Departamento de Minería de la UIA, y Nadav Rajzman, jefe de Economía de CAEM, releva 72 proyectos con necesidades de inversión. Más del 70% de ese monto se concentra en seis proyectos avanzados de cobre y cerca del 25% en 16 proyectos de litio. Entre esos emprendimientos aparecen dos con desarrollo en territorio salteño: Taca Taca, de la empresa canadiense First Quantum Minerals, el segundo yacimiento de cobre en escala entre los seis relevados, y los proyectos de litio Rincón, de la multinacional Rio Tinto y Pozuelo Pastos Grandes, a cargo de la minera china Ganfeng Lithium, que forman parte de los doce casos de expansión litífera considerados en el estudio.
Arranca en la salmuera
El informe describe la lógica productiva del litio en salmuera como "más asimilable a un proceso químico que a uno de minería metalífera convencional", y esa condición define su demanda. En la etapa de construcción, estimada en dos años, el proyecto modelo requiere un movimiento de suelos de 3,4 millones de metros cúbicos, unos 21.500 metros cúbicos de hormigón en promedio (hasta 35.000 en los picos), 3.500 toneladas de acero estructural, 150 kilómetros de tuberías (hasta 250) y 8,5 millones de metros cuadrados de geomembranas y geotextiles (hasta 11,25 millones). También exige campamentos para entre 1.000 y 1.500 trabajadores, unas 110 bombas de producción de salmuera, entre 19 y 25 reactores, espesadores y filtros, y 51 equipos pesados de construcción.
Una vez en operación, la estructura de la demanda se estabiliza en torno al gasto corriente. El proyecto tipo consume entre 25 y 30 MW de electricidad, entre 6 y 12 millones de litros anuales de diésel y 65 millones de metros cúbicos de gas natural. El insumo más relevante son los reactivos químicos: unas 42.000 toneladas anuales de soda ash y 120.000 toneladas de cal en promedio, además de soda cáustica, ácido clorhídrico, ácido sulfúrico y dióxido de carbono en volúmenes significativos. Esa intensidad química es la que explica que el informe compare la actividad con una planta industrial más que con una mina tradicional.
Proyectada al conjunto de los proyectos de litio hasta 2035, la demanda para la fase de construcción se mantendrá constante hasta 2033, con picos entre 2028 y 2030: entre 4 y 10 millones de metros cúbicos de movimiento de suelos por año, entre 25.000 y 65.000 metros cúbicos de hormigón, entre 169 y 450 kilómetros de tuberías y hasta 26 millones de metros cuadrados de geomembranas. En paralelo se deberán construir entre 1.100 y 3.000 módulos habitacionales anuales. Del lado de la operación, el consumo agregado de soda ash treparía de unas 300.000 toneladas en 2026 a cerca de 850.000 en 2036, mientras que la cal pasaría de 900.000 a más de 2,4 millones de toneladas en el mismo período.
Cambia la escala
El proyecto modelo de cobre (un millón de toneladas anuales de concentrado, típico de los grandes pórfidos que se están desarrollando en la cordillera) tiene una construcción que se extiende entre 3 y 5 años y una demanda de bienes de capital de otra escala. Solo en obras civiles se necesitan unos 220.000 metros cúbicos de hormigón y más de 68.000 toneladas de acero estructural, con campamentos para unos 8.000 trabajadores. El parque de maquinaria incorpora en promedio 7 perforadoras de producción, 4 palas eléctricas o hidráulicas, 25 camiones de extracción para la etapa constructiva y 65 camiones de alto tonelaje para la operación , además de chancadores, molinos SAG y molinos de bolas.
En operación, el gasto pasa a estar dominado por el OPEX: un relevamiento de CAEM con los seis proyectos de cobre más avanzados, realizado junto con las empresas mineras en 2023, proyectó un flujo de compras promedio de USD 3.000 millones anuales por ese concepto una vez en marcha.
Agregada a nivel país, la proyección de la construcción de capacidad instalada de cobre muestra que, a partir de 2028, comenzarán a incorporarse nuevas operaciones con una trayectoria ascendente que llevaría la producción de cobre fino a alrededor de 1,25 millones de toneladas hacia 2040, ubicando a la Argentina entre los diez principales productores mundiales.
Dónde hay lugar
El informe identifica dos grandes bolsones de oportunidad: uno ligado a componentes y estructuras metálicas para la construcción de la mina, y otro en los servicios de la etapa de operación que exceden el apoyo logístico básico. Entre los rubros con capacidades ya relevadas aparecen estructuras metálicas, bandejas portacables, racks, pasarelas, chutes, tolvas y tanques; partes y piezas de recambio para maquinaria de perforación; bolas de molienda fabricadas por firmas locales pese a que los molinos SAG son importados; bombas y skids de bombeo (con una demanda de unas 40 bombas de producción y entre 70 y 80 bombas de planta por proyecto de litio); cañerías y spools de acero y HDPE; montajes electromecánicos; recubrimientos antiabrasión y kits de mantenimiento en plásticos y caucho; y la provisión de vehículos 4x4 y sus repuestos. También se destaca la industria de indumentaria y calzado de seguridad.
La competitividad de estos proveedores, señala el estudio, no depende solo del precio unitario frente a la importación: el costo logístico puesto en sitio, los tiempos de entrega más cortos y la capacidad de servicio posventa, son un ventaja.
Cuellos de botella
El informe distingue entre factores transversales, que golpean a todo el entramado productivo argentino, y restricciones específicas de la cadena minera. Entre los primeros ubica la inestabilidad macroeconómica y del tipo de cambio real, que erosiona la competitividad de firmas que ya desarrollaron capacidades técnicas en otras cadenas industriales; los elevados costos logísticos derivados de la distancia entre los polos industriales de la región centro y los proyectos del NOA y Cuyo, agravados por la infraestructura de transporte deficitaria; la presión impositiva sobre el sector formal, identificada por la UIA como parte del "costo argentino"; y las restricciones de financiamiento, que en contratos con esquemas de pago contra entrega y garantías de cumplimiento exigidas por las mineras terminan limitando la escala de los proveedores más chicos y generando una fuerte prociclicidad en sus decisiones de inversión.