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“Piriqui” Andreu, como lo llamaban sus amigos, alumnos y conocidos, fue un pionero en el norte de la provincia. Tras regresar a Tartagal, luego de recibirse de profesor de Educación Física en San Miguel de Tucumán, instaló uno de los primeros gimnasios de la ciudad. Se había iniciado en el culturismo mientras cursaba sus estudios, por lo que, de regreso a su pueblo natal, con su figura tallada y esculpida por horas de gimnasio y una dieta adecuada a su disciplina, se convirtió en una inspiración para los jóvenes norteños.
Tenía una vocación innata por la enseñanza. Por eso, desde “La Maternidad”, como le gustaba llamar a su gimnasio, instalado en lo que durante años había sido la librería de sus abuelos, en el centro de la ciudad, se dedicó a difundir los beneficios de una alimentación saludable, de la actividad física en todas las edades y de una espiritualidad elevada. Su carácter afable, sus chistes espontáneos y su mansedumbre contrastaban con esa figura imponente con la que representó al departamento San Martín y a Salta en diferentes torneos.
De su gimnasio surgió un gran número de culturistas, tanto hombres como mujeres, que en más de una ocasión llegaron al podio, al igual que él. Otros, gracias a los conocimientos que Piriqui compartía con ellos, instalaron sus propios centros de entrenamiento.
Apasionado del ciclismo y de la música, era uno de los pocos saxofonistas del norte de la provincia y compitió en diversas carreras del NOA, como el Transmontaña, una competencia que lo tuvo durante muchos años como protagonista.
Durante la gestión del exintendente Darío Valenzuela, fue designado al frente de la Secretaría de Deportes, desde donde impulsó un sinnúmero de actividades deportivas y recreativas, además de organizar torneos de diferentes disciplinas.
Durante los años de la pandemia, cuando se vio obligado a cerrar las puertas de su única fuente de ingresos, el gimnasio “Universal Mega Gym”, supo reinventarse e inició un emprendimiento de repostería, con tortas de diseños personalizados. Porque, si había algo que practicaba, era la resiliencia y la capacidad de reinventarse siempre.
Hace poco tiempo fue declarado ciudadano ilustre de su ciudad, aunque, debido a su enfermedad, fueron sus hermanos quienes recibieron la distinción. Mientras tanto, él seguía el acto en su honor desde su habitación, a causa de las dificultades que tenía para movilizarse.
En tiempos en los que muy poco se hablaba de las enormes ventajas de la actividad física, la alimentación saludable y la salud mental como pilares imprescindibles para una buena calidad de vida, Esteban Andreu ya pregonaba esos principios con su ejemplo.
Por esas sinrazones que a veces tiene la vida, padeció una cruel enfermedad durante varios años. Su disciplina y los hábitos que cultivó a lo largo de su vida seguramente lo ayudaron a resistir durante tanto tiempo.
Como ferviente cristiano y estudioso autodidacta de la metafísica, había expresado un último deseo. Según informó su familia, sus cenizas serán esparcidas en inmediaciones del Santuario de la Virgen de la Peña, un sitio de reflexión y oración por el que el querido Esteban “Piriqui” Andreu sentía un cariño especial.