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Lo que debería ser un tránsito fluido por una vía nacional, el domingo mutó nuevamente en una escena de terror psicológico para quienes circulaban por la Ruta Nacional 50. No se trató de un hecho aislado, sino de la manifestación más cruda de una anarquía vial que parece haberle ganado la pulseada a las autoridades en el tramo que conecta Hipólito Yrigoyen con Pichanal. La escena quedó registrada en un video que circuló con fuerza en redes sociales y que, más allá del impacto inmediato, quedó de manifiesto un grave problema que continúa sin resolverse. Un grupo numeroso de motociclistas -muchos de ellos menores de edad- avanzó a toda velocidad en contramano, obligando a los conductores a esquivar un choque frontal que, por segundos, no terminó en tragedia.
El episodio ocurrió el domingo por la tarde, en un horario de alto tránsito. Quienes circulaban correctamente describieron maniobras desesperadas para evitar el impacto. La secuencia no fue aislada ni excepcional: se trata de una postal que comienza a repetirse con inquietante frecuencia durante los fines de semana en este corredor clave del norte provincial.
Una ruta tomada por la imprudencia
Según relataron testigos, los motociclistas se desplazaban en grupos que oscilaban entre 20 y 30 jóvenes, ocupando carriles en sentido contrario y realizando maniobras de alto riesgo. La velocidad, la falta de protección y la ausencia de control configuran un escenario que excede la infracción y se acerca peligrosamente a una conducta temeraria.
La falta de cultura vial aparece como uno de los factores centrales. Muchos de estos conductores no cuentan con licencia, no utilizan casco y circulan en vehículos sin condiciones técnicas adecuadas. En ese contexto, la ruta deja de ser un espacio de circulación para transformarse en un terreno sin reglas.
El estado de la calzada, otro factor crítico
A la imprudencia se suma una variable estructural que agrava el riesgo: el deterioro de la calzada. El tramo presenta baches profundos, deformaciones y desniveles que obligan a los automovilistas a maniobrar constantemente para evitar daños en sus vehículos.
Esa combinación -infraestructura en mal estado más circulación en contramano- genera un escenario de riesgo extremo. Los conductores no solo deben anticipar obstáculos en la ruta, sino también reaccionar ante la aparición repentina de motos en sentido opuesto.
Controles en duda y sensación de abandono
El episodio también volvió a poner bajo la lupa la eficacia de los sistemas de control. En la zona existen cámaras del Sistema de Emergencias 911 y un puesto de control vial, pero vecinos y usuarios frecuentes cuestionan su escasa intervención frente a situaciones que, aseguran, son recurrentes.
La percepción de quienes transitan habitualmente por la Ruta 50 es clara: hay una sensación creciente de desprotección. La falta de sanciones visibles y de operativos sostenidos termina consolidando un circuito donde las conductas peligrosas se repiten sin consecuencias inmediatas.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, lo ocurrido este domingo se inscribe en una dinámica que se repite. Grupos de motociclistas se concentran en distintos puntos y utilizan la ruta como espacio para circular sin control, muchas veces en condiciones que ponen en riesgo tanto sus propias vidas como la de terceros.