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Alfredo "Cachito" Ance, un tradicional vendedor de empanadillas, fue reconocido por el Concejo Deliberante de la ciudad de Güemes por su larga trayectoria como vendedor ambulante, cuya presencia en la terminal de colectivos es parte del paisaje güemense. El proyecto fue presentado por la concejal Verónica Miranda y tuvo el apoyo de todos sus pares. "No se trata solo de una persona que vende un producto en la terminal, se trata de una persona generosa, que contribuye al movimiento económico local y es un ejemplo de perseverancia para los jóvenes", destacó al concejal Miranda.
La familia Ance comenzó hace 42 años vendiendo las empanadillas que elaboraba una vecina, "solo trabajamos con ella un año, cuando esta señora dijo que no podía seguir haciendo empanadillas, mi padre decidió hacerlas él mismo, así comenzó nuestro emprendimiento" expresó Cachito, quién con solo 9 años, junto a un hermano que lamentablemente falleció, eran los encargados de realizar las ventas en la terminal de Güemes, y también en la de Jujuy. "Mi papá trabajaba como jornalero en el campo, el dinero no alcanzaba, por esa razón tuvimos que sumar la venta de empanadillas" recordó.
La compra de empanadillas en la terminal se volvió tradicional, sus productos eran muy requeridos, las ventas se transformaron en algo rentable. "Hubo tiempos muy buenos y otros no tanto, pero nunca dejamos de vender, con los años pasó a ser la principal fuente de ingresos de nuestra familia, cuando mi padre se jubiló hace unos 15 años, me hice cargo de todo el trabajo con la misma dedicación que él me inculcó" manifestó.
El trabajo de elaboración de este tradicional producto regional, inicia a las 16 con la limpieza del cayote y su cocción, además del amasado y la elaboración del glasé. Alrededor de las 20, toda una producción de empanadillas queda lista para ser empaquetada y llevada a la terminal al día siguiente. "Me levanto muy tempranito y antes de las 6:30 ya estoy instalado, esperando por la llegada de los colectivos para vender el producto", comentó Cachito.
La familia Ance obtenía los primeros cayotes comprando aquellos que llegaban desde el Encón o Rosario de la Frontera. Con el tiempo, lograron que pequeños productores del departamento Güemes, como los instalados en el El Algarrobal, Santa Rita y otras zonas cercanas, cultivaran cayote. "No es un producto que sea muy demandado, pero yo me encargo de comprarles toda la producción, porque nosotros necesitamos hacer unos 13.000 kg de dulce de cayote al año", informó Cachito.
"La temporada de este fruto inicia en mayo y dura hasta diciembre, en los meses que no se produce, nosotros hacemos uso de aquellos que tenemos guardados, y para que no se dañen los almacenamos en una habitación ventilada sobre tarimas lejos del suelo, los damos vueltas cada cierto tiempo", explicó.
En la elaboración de empanadillas, actualmente trabajan otras cuatro personas, todos de la familia. "Unos amasan, otros hornean y otros extraen la pulpa del fruto; usamos hornos a gas y eléctrico, pero intentamos mantener la mayor parte del proceso en forma artesanal" destacó Alfredo.