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La castración número 1000 no fue solamente una cifra simbólica. También sirvió para poner en evidencia una realidad que se repite en Rosario de Lerma y en muchas localidades del Valle de Lerma: cientos de perros y gatos que hoy tienen un hogar fueron alguna vez abandonados en las calles. La jornada se realizó en barrio Islas Malvinas y reunió a vecinos comprometidos con el bienestar animal, muchos de ellos dueños de mascotas adoptadas o personas que decidieron hacerse cargo de animales que otros dejaron librados a su suerte. "Esta perrita callejerita no es mía, pero la traje para que la castren", contó una vecina mientras esperaba su turno, reflejando un gesto de quienes entienden que la solución al problema de los animales abandonados pasa por la participación comunitaria.
Otro vecino destacó la importancia de la campaña y la necesidad de generar conciencia. "Es necesario castrar para cuidar a los animales y para que no sufran. Tiene mucho que ver con el cuidado que les tenemos que dar a las mascotas. En mi casa tenemos cuatro perros y tres gatos y todos están castrados", señaló Don Yapura de Barrio Islas Malvinas
La situación económica también aparece como uno de los factores que lleva a muchos propietarios a postergar este tipo de intervenciones. Sin embargo, las campañas gratuitas permiten que más familias accedan a este servicio. "Tengo una perrita que es arrimada y también la voy a castrar porque la dueña no se hace cargo. Es para evitar que haya más perros en la calle. En una veterinaria privada muchas veces no se cuenta con el dinero para hacerlo, pero si hay oportunidad, hay que ser responsables", expresó otra vecina.
La médica veterinaria Gabriela Castillo destacó el impacto social que tiene el programa y remarcó que cada castración representa una mejora en la calidad de vida de los animales y una herramienta concreta para reducir la población callejera.
"Es un efecto social importante y nos gustaría que la gente siga apoyando, siga trayendo sus animales y siga viendo los beneficios que tiene la castración tanto para el animal como para la sociedad. Si multiplicamos la cantidad de cachorros que podrían haber tenido estos mil animales, estamos hablando de un número muy grande", explicó.
Castillo detalló además que cada intervención demanda entre 15 y 20 minutos, aunque en algunos casos pueden surgir complicaciones que extiendan el procedimiento. Detrás de cada jornada existe un importante trabajo de organización, personal y recursos económicos.
La castración número 1000 deja una enseñanza que va mucho más allá de una estadística. La mayoría de esos animales no nacieron en hogares responsables. Muchos fueron abandonados, otros llegaron desde distintos barrios e incluso desde otras localidades donde nadie quiso hacerse cargo de ellos. Hoy, gracias a la castración gratuita en el móvil municipal, el compromiso de familias solidarias, tienen un plato de comida, atención veterinaria y una oportunidad de vivir mejor.