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Bejarano, un padre de familia, primer diácono permanente de la ciudad

Bejarano tuvo su primera actividad en la fiesta de San Cayetano.
Viernes, 14 de agosto de 2026 01:16
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Máximo Bejarano, un comerciante de la ciudad de Güemes, fue consagrado por el Arzobispado de la ciudad de Salta como Diácono Permanente, durante un acto religioso que tuvo lugar en la capilla Sagrado Corazón de Jesús de barrio Castañares. Bejarano fue consagrado junto a otros dos consagrantes Fernando Hilarión Romero y Celso Pastrana, transformándose en el primer Diácono Permanente en la historia del departamento de Güemes. "Es muy grande lo que recibí, me hizo sentir muy emocionado, espero realizar una buena tarea para la gloria de Dios" manifestó Bejarano, quién con 54 años de edad, y una familia formada por su esposa y sus 7 hijos, cumplió el más importante de sus sueños.

Para el flamante Diácono todo comenzó cuando tenía 32 años y era padre de 4 hijos. "Mi hija mayor estaba asistiendo a catecismo por su Primera Comunión, la maestra me pidió que le comprara una Biblia y cuando llegué a mi negocio la puse sobre el mostrador y comencé a hojear, la abrí justo en un salmo que me cambió la vida, Jeremías 1:4 que dice lo siguiente: Antes que tú nacieras yo te conocía, antes que te formaras en el vientre de tu madre yo te consagré a ser profeta de tu nación. Esas palabras me llegaron tanto que sentí que era Dios quién me hablaba", explicó Máximo, quién nunca había leído la Biblia, pero a partir de ese día, decidió ampliar sus conocimientos y buscar respuestas.

Así se acercó a la Iglesia donde continuó con su formación. Bejarano decidió ingresar al seminario, y estudiaba desde las 0 hs hasta las 3 de la madrugada, sin dejar de asistir a las actividades de la Parroquia Santa Rosa de Lima, donde primero fue colaborador detrás del telón, después fue un colaborador visible, llegó a Ministro de la Eucaristía, cargo que ejerció por muchos años, luego fue Lector y finalmente fue consagrado como Diácono Permanente, obteniendo las facultades litúrgicas de: Bautizar Solemnemente, Asistir y Bendecir el matrimonio en nombre de la iglesia, Presidir los Ritos de Exequias y los Funerales, Proclamar el Evangelio y Predicar al Homilía durante la Misa. Lo que un Diácono no puede hacer es: Consagrar la Eucaristía, Celebrar la Misa, Confesar a los Fieles ni Administrar el Sacramento de la Unción de los Enfermos.

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