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Aguaray celebra en comunidad sus 115 años de vida institucional

Al municipio lo conforman más de 20 parajes con una enorme biodiversidad.
Martes, 18 de agosto de 2026 00:54
Parroquia Santa Teresita en la actualidad.

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Aguaray (aguara-í, aguada de los zorros) celebra 115 años de vida institucional y junto a su veintena de parajes que comprenden este extenso municipio, honra a sus pobladores más antiguos, criollos, inmigrantes y pueblos ancestrales que residían en esta región desde tiempos inmemoriales y que, desde hace un siglo y medio aproximadamente, comenzó a recibir a quienes llegarían atraídos por la riqueza de sus montes vírgenes, por la cercanía con los pueblos del sur de Bolivia, con el objeto de comercializar con las modalidades de aquellos tiempos. Más tarde llegarían por las enormes posibilidades de trabajo que ofrecía la explotación del petróleo.

Su enorme extensión parte desde las Yungas en el oeste, hasta bien entrado el Chaco salteño al este. Al municipio de Aguaray lo conforman más de 20 parajes con una enorme biodiversidad. Se dice que uno de los más antiguos es Campo Durán, donde residía aquel pueblo Chané que se asentó a la vera del río Itiyuro porque en ese lugar la naturaleza les ofrecía todo lo que necesitaban para vivir. Tenían abundante agua, humedales y pastizales donde sus animales se criaban prácticamente solos, tenían árboles que les proveían la madera para construir sus viviendas, especies frutales de todo tipo y como si eso fuese poco, tenían los cerros que circundaban toda esa amplia región, de donde tomaban la arcilla para fabricar sus enseres diarios y artesanías.

La leyenda chané cuenta que los pobladores de Campo Durán, por una enfermedad que comenzó a diezmarlos, se fueron dispersando conformando otras comunidades como Capiazuty, Caraparí, Piquirenda, Mbapotendá, Tobantirenda, entre tantas otras que hoy conforman el municipio. Y es que toda la región era generosa y la sapiencia y la cultura de tantas generaciones en el trabajo de la tierra les permitía dispersarse sin que eso implicara riesgos de quedarse sin alimentos.

En esos tiempos ellos no lo sabían pero en las entrañas mismas de la tierra que pisaban, que disfrutaban cada día de sus vidas apacibles, moraba el petróleo que con el tiempo, con la llegada del criollo y más tarde de los profesionales argentinos y americanos habría de aflorar convirtiendo a todas las poblaciones del norte como el propio Aguaray en las más prósperas del norte argentino. Iquira -Iquirá (gua con aceite) ubicado en el otro extremo, en las faldas mismas de las Sierras de San Antonio, es otro paraje de ensueño que ocuparon también las familias originarias chané de aquel entonces.

Otros medios de vida

Pero los criollos que llegaban provenientes de provincias vecinas y los inmigrante que llegaban desde el otro lado de los mares -Europa y Medio Oriente- vieron en esos montes vírgenes, frondosos, que esa riqueza forestal podía ser explotada. De hecho que la industria maderera es anterior a la explotación de los hidrocarburos por eso de a poco se fueron instalando los primeros aserraderos que daban mano de obra a cientos de obreros, una actividad que con la llegada de la punta de rieles del ferrocarril Belgrano se potenció mucho más porque todo se pudo comercializar con el resto del país. Miles de rollos de distintas especies, especialmente las más cotizadas como el noble quebracho, el lapacho y la quina, eran trasladadas en las formaciones de vagones hasta las grandes fábricas del centro del país.

Desde el monte y la selva pedemontana, los rollos eran transportados hasta los vagones en "diablos" y "zorras" tirados por bueyes. Hombres endurecidos a fuerza de hacha, trabajaban desde el alba en los aserraderos de la zona por unos pocos pesos que apenas alcanzaban para el diario sustento de sus familias.

También la agricultura antecedió por años al petróleo y los antiguos pobladores solían recordar la cantidad de sembradíos que se veían a la distancia cuando se iba arribando al pueblo de Aguaray por el camino de huellas - o ruta primitiva- que por el uso y la costumbre de aquellos primeros pobladores se ubicó al pie de las serranías por donde iban y volvían desde y hacia Bolivia los vendedores ambulantes, los que trasladaban animales en pie o los carreros con mercaderías de todo tipo.

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