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Agua segura y un jardín de infantes: dos sueños que empiezan a hacerse realidad en una comunidad originaria de Tartagal

Nancy López, cacique de la comunidad Kilómetro 5, recordó que cuando era niña debía llevar un bidón de agua desde su casa para poder asistir a la escuela. Hoy, la comunidad ya cuenta con agua segura y avanza la construcción de un nuevo jardín de infantes, una obra largamente esperada por las familias de la zona.
Jueves, 20 de agosto de 2026 14:01

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Dos demandas históricas de las comunidades originarias de Tartagal comienzan a transformarse en realidad: el acceso al agua segura y la construcción de un espacio educativo para los más pequeños. En la comunidad Kilómetro 5, donde durante años las familias debieron enfrentar las dificultades de contar con servicios básicos y trasladarse varios kilómetros para acceder a la educación inicial, hoy la escena es diferente.

Nancy López, cacique de la comunidad, recorrió la obra del nuevo jardín de infantes y no pudo evitar vincular lo que observa actualmente con su propia historia. “Estoy viendo la construcción de un jardín. ¿Nuevito? Nuevito. ¿Moderno? Con baños y todo”, relató con emoción al recordar sus años de estudiante.

López terminó la escuela primaria en esa misma zona en 1993 y recordó las dificultades que atravesaban entonces los alumnos para acceder a un elemento tan básico como el agua. “En esos años teníamos que traer bidoncito de agua desde la casa para venir a estudiar”, señaló.

La situación, sin embargo, comenzó a cambiar. “Y ahora tenemos agua. Y ahora tenemos aquí el agua. Y es agua segura”, destacó la dirigente, poniendo en palabras uno de los avances más significativos para la comunidad.

Una demanda de décadas

El acceso al jardín de infantes también representa una conquista largamente esperada. López explicó que durante años los niños debían trasladarse hasta establecimientos ubicados a varios kilómetros de sus hogares, una situación que representaba una dificultad especialmente importante para las madres.

“El jardín de infantes quedaba allá, donde vivían los suecos”, recordó. La distancia obligaba a las familias a recorrer varios kilómetros para que los chicos pudieran acceder a la educación inicial.

Según explicó, la demanda alcanzaba no solamente a las familias del Kilómetro 5, sino también a vecinos de los kilómetros 3, 4 y 6 y de sectores cercanos.

“¿Hace cuánto que vos venís luchando por el agua segura y los jardines de infantes?”, le preguntaron. La respuesta fue contundente: “Desde siempre”.

La frase resume buena parte de una historia marcada por reclamos y gestiones para garantizar condiciones básicas de vida y educación para las comunidades originarias de la zona.

De llevar un bidón a tener agua segura

El contraste entre aquella realidad y la actual es el aspecto que más conmueve a la dirigente. La misma mujer que durante su infancia debía llevar agua desde su casa para poder asistir a clases hoy observa cómo los niños de la comunidad tendrán un establecimiento propio, moderno y equipado, mientras el acceso al agua segura deja de ser una promesa para convertirse en una realidad.

El avance de la obra es presentado así como parte de un proceso más amplio: garantizar derechos básicos que durante generaciones fueron postergados.

En ese contexto, López valoró el acompañamiento recibido y el trabajo realizado  por la municipalidad de Tartagal, para concretar estas demandas históricas. La dirigente fue reconocida además como una referente comunitaria por su trayectoria y por la perseverancia con la que sostuvo durante años los reclamos de su comunidad.

“Esa es una mujer emprendedora, empoderada, referente, dirigente y, sobre todo, una gran amiga y compañera de trabajo”, fue la valoración expresada por el intendente de Tartagal, Franco Hernández Berni, durante el recorrido.

La construcción del jardín y la llegada del agua segura adquieren así un significado que va más allá de una obra de infraestructura. Para quienes durante años debieron trasladarse con un bidón de agua para estudiar o recorrer kilómetros para llevar a sus hijos al jardín, se trata de la posibilidad concreta de que las nuevas generaciones crezcan y estudien en mejores condiciones que las que tuvieron sus padres y abuelos.

El desafío ahora será que estas obras permitan consolidar una nueva etapa para las familias de las comunidades originarias de Tartagal, donde el acceso al agua y a la educación deje definitivamente de ser una lucha cotidiana para convertirse en un derecho garantizado.

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