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A 78 años del terremoto que dio origen a los cultos, la feligresía metanense renovó este martes su pacto de fidelidad con el Señor y la Virgen del Milagro.
Se desarrolló una multitudinaria procesión por las calles de la localidad del sur provincial, que acompañó el recorrido de las imágenes.
El patrono de Metán es San José, pero existe una gran devoción hacia el Señor y la Virgen del Milagro que se transmite de generación en generación. Lo que ocurrió en esa localidad es una gran muestra de fe.
El 25 de agosto de 1948, a las 3,10 o 3,12 de la madrugada, se produjo un movimiento sísmico que fue precedido de un ruido subterráneo y que había alarmado a los que aún estaban despiertos. Un minuto después hubo un segundo movimiento y finalmente sucedió el último y más intenso, que casi termina en tragedia y se prolonga por interminables 60 segundos. La violencia del último movimiento fue comparada con el que unos años antes destruyera San Juan.
Su intensidad no pudo medirse pero se estimó en alrededor de los 7 grados de la Escala Mercalli. Se determinó que su epicentro estuvo en la finca El Rey y fue allí donde se produjeron los mayores daños materiales y las víctimas, junto con los pequeños poblados de Estancia Vieja, Las Víboras y La Trampa. En Metán se comprobó el derrumbe de tres viviendas, la caída de cornisas y el agrietamiento de paredes y techos en muchos inmuebles.
Poma destacó al padre Mir
El profesor e historiador Eduardo Poma destacó que el padre, José Mir, párroco en ese año, relató que el movimiento sísmico del 25 de agosto, que asoló toda la Provincia, constituyó la causa determinante de las honras de veneración que la feligresía metanense viene tributando al Señor y a la Virgen del Milagro. “La fatídica madrugada de ese día ¿cómo fue? Recuerdo que siendo las 3,30 de la mañana un grupo de unas 20 personas, encabezado por el Dr. Alberto Caro me solicitaron que abra las puertas del templo para orar.
Resulta imposible narrar el vibrante y emotivo momento que protagonizó ese núcleo de gente, de rodillas ante las imágenes, trémulos de fervor..., que nunca olvidaré. Luego de esta improvisada ceremonia, abandoné mi Parroquia y recorrí las calles de la ciudad, comprobando el derrumbe de paredes en la Escuela Gorriti y visité algunos hogares de la Villa y el Hospital del Carmen, hasta que llegué a la parte céntrica”, indicó el padre Mir.