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En Santa María, una comunidad wichí de Santa Victoria Este, las puertas de una casa volvieron a abrirse para recibir a los más pequeños. Esta vez, el gesto tiene un significado especial: allí comenzó a funcionar el quinto Espacio de Primera Infancia impulsado por el Centro Misionero Franciscano Santa Teresita, una obra que desde hace 12 años intenta convertir el cuidado de los niños en una herramienta para fortalecer también a sus familias y sus comunidades.
El nuevo espacio funciona en la Capilla Santa María Niña donde se encuentra la Casa Nanenchepha. Acompaña actualmente a 63 niñas y niños menores de cuatro años, junto a sus madres y familias. Se llama Nowhatsan Che Yaj Wet, en la lengua propia de la comunidad, como una manera de conservar el espíritu de los llamados “Lugares de Más Vida”, pero adaptándolo a la identidad, la cultura y los modos de vida de Santa María.
La experiencia comenzó hace más de una década en Misión San Francisco, en Pichanal, con la apertura del primer Tekove Katu, una expresión guaraní que significa precisamente “Lugar de Más Vida”. Desde entonces, la propuesta fue creciendo y extendiéndose hacia distintas comunidades del norte provincial.
Detrás de esa expansión está el trabajo del franciscano fray Martín Caserta, coordinador del Centro Misionero Franciscano Santa Teresita, quien convirtió el acompañamiento de niños, jóvenes y familias en una tarea sostenida en territorios donde las necesidades sociales son múltiples y donde muchas veces la distancia y las dificultades económicas hacen todavía más difícil el acceso a servicios básicos.
Pero los espacios de primera infancia no fueron pensados simplemente como lugares donde dejar a los chicos durante algunas horas. La propuesta parte de una idea más amplia: cuidar a un niño implica también acompañar a su madre, a su familia y a su comunidad.
Cada jornada combina alimentación, cuidado, juegos y actividades de estimulación. Hay canciones, cuentos, juegos corporales, movimiento, exploración de objetos y texturas y propuestas destinadas a favorecer el desarrollo del lenguaje, la motricidad, el aprendizaje y la expresión afectiva.
En ese esquema, las madres tienen un papel central. Participan de las actividades, cocinan, ordenan y cuidan el espacio, comparten sus conocimientos y encuentran allí un lugar para conversar y aprender junto a otras mujeres sobre alimentación, crianza y desarrollo infantil.
La mirada está puesta también en algo tan sencillo como fundamental: fortalecer el vínculo entre las madres y sus hijos. Jugar juntos, cantar, hablarse, mirarse, abrazarse y compartir un momento cotidiano son acciones que ayudan a construir confianza y seguridad durante los primeros años de vida.
Por eso, el proyecto franciscano fue adquiriendo con el tiempo una dimensión comunitaria que excede la atención de la primera infancia. La experiencia acumulada en estos 12 años mostró que cuando una comunidad se organiza alrededor del cuidado de sus niños también aparecen otros lazos: más solidaridad, mayor participación y nuevos espacios de encuentro.
Una obra que necesita sostenerse
La apertura del espacio de Santa María se inscribe además en una tarea más amplia que el Centro Misionero Franciscano Santa Teresita viene desarrollando en Santa Victoria Este.
En septiembre del año pasado se inauguró la primera etapa del Centro Nanenchepha y la Capilla Virgen Niña, también en Santa María. El complejo incorporó aulas destinadas a talleres y catequesis, un espacio de primera infancia y la capilla, concebidos como lugares de contención, formación y encuentro para niños y jóvenes de la comunidad.
La obra, sin embargo, está lejos de considerarse terminada. La segunda etapa contempla la construcción de baños y un aula de mayores dimensiones destinada a los talleres de oficios, para lo cual la comunidad y los franciscanos continúan buscando recursos.
La misma necesidad alcanza ahora al nuevo Lugar de Más Vida. Porque abrir las puertas es apenas el comienzo: después hay que garantizar todos los días la comida de los niños, los elementos para las actividades, el mantenimiento del espacio y los recursos necesarios para que la propuesta pueda continuar.
“Amar es cuidar” es la frase que resume el sentido de esta tarea. Y detrás de ella aparece una definición todavía más profunda: cuidar hoy a esos 63 niños es apostar también por el futuro de Santa María.
Por eso, el Centro Misionero Franciscano Santa Teresita lanzó una campaña para quienes quieran colaborar con el sostenimiento de la obra.
Los aportes pueden realizarse a la cuenta del Banco Macro a nombre de Orden de Frailes M V San Franc, CUIT 30-66912880-7, cuenta 410309557979456, CBU 2850103740095579794568, alias cmfsantateresita. Los depósitos pueden informarse al correo cmfsantateresita@gmail.com.
La tarea que comenzó hace 12 años con un primer espacio en Pichanal llega así a su quinto capítulo, esta vez en una comunidad wichí. En cada apertura hay una estructura, alimentos, juegos y actividades. Pero, sobre todo, hay una idea que los franciscanos buscan sostener en el tiempo: que ningún niño crezca sin experimentar que es cuidado, querido y acompañado por su familia, su comunidad y su entorno.
En Santa María, esa idea acaba de abrir nuevamente sus puertas.