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La crecida de los ríos Paraná y Uruguay mantiene en alerta a los productores ganaderos del Litoral argentino, que trabajan contrarreloj para trasladar sus animales hacia campos más altos y evitar pérdidas. El incremento de los caudales, impulsado por las lluvias en Brasil y las descargas de las represas, complica la actividad y eleva los costos de transporte, alimentación y logística.
En Santa Fe, las zonas ribereñas concentran unas 710.000 cabezas de ganado, de las cuales cerca del 90% son bovinas. El departamento San Javier reúne alrededor de 260.000 animales expuestos a la crecida. Ante la emergencia, el Gobierno provincial habilitó un registro para vincular a los productores con propietarios de campos, proveedores de alimentos y transportistas. También flexibilizó temporalmente los procedimientos para trasladar hacienda cuando no sea posible completar de inmediato la documentación exigida.
En Entre Ríos, el movimiento de animales desde las islas y los campos bajos redujo considerablemente la cantidad de cabezas en esas zonas. Según registros del Senasa citados por autoridades provinciales, el número pasó de unas 480.000 al comienzo de la campaña a menos de 200.000.
Corrientes teme quedarse sin pasturas
La situación también preocupa en Corrientes, donde el principal riesgo no se limita a la evacuación del ganado, sino a las consecuencias que puede dejar la permanencia prolongada del agua sobre los campos y las pasturas.
Carlos Roldán, presidente de la Asociación de Sociedades Rurales de Corrientes, explicó que la crecida responde principalmente a las precipitaciones registradas en la cuenca superior de los ríos y a las descargas de las represas.
En las islas de Empedrado, se preparaba el traslado de 1.700 cabezas pertenecientes a unos 70 pequeños productores. En tanto, en Apipé Grande y Apipé Chico ya habían salido 500 animales, mientras se esperaba la evacuación de más de 2.000.
La preocupación del sector está puesta en cuánto tiempo permanecerán inundados los campos. Si el agua demora en retirarse, la recuperación de las pasturas podría verse comprometida y dejar a los productores con menos alimento disponible para sostener los rodeos durante el próximo invierno.