inicia sesión o regístrate.
La muerte de Nancy Godoy es un ejemplo lacerante y extremo del sacrificio que exige su misión a los docentes de escuelas rurales, alejadas de los centros urbanos, con verdaderas travesías para llegar y para volver a su hogar, lejos de los centros de salud y sin que el Estado les garantice la seguridad en la inmensidad del campo.
La investigación de la muerte de Nancy está en los primeros pasos. Los fiscales no dudan de que se trata de un femicidio y todo indica, hasta ahora, que el agresor llevo su cuerpo al medio de un pantano, quizá con la expectativa de que nunca fuera encontrado.
A priori, da la impresión de que fue víctima de una agresión sexual, seguida de muerte. Sus colegas y sus familias agregan interrogantes y culpan al poder político. Tampoco de esto último hay pruebas, pero la víctima dejó un dato que es una brasa ardiendo.
Nancy Ester Godoy, de 52 años, había llegado un par de meses antes para hacerse cargo como directora interina de la Escuela Primaria Común N.º 626, ubicada en el paraje El Malezal, en la zona rural de Esquina. Para llegar o volver al pueblo debía esperar que un vehículo particular hiciera ese recorrido Una vez en la estancia debía trasladarse a caballo durante varias horas para llegar a la escuela. Era una mujer de campo, una gaucha correntina.
Apenas llegó a la escuela, Nancy le hizo conocer al Consejo de Educación el desastre que encontró. A través de una carta dejó documentado el estado de total abandono en que se encontraba el edificio, la falta de agua, el deterioro total de las instalaciones y, sobre todo, las reiteradas ausencias del director titular de la escuela a la que asistían ocho alumnos.
En esa denuncia dejó asentado que los baños estaban llenos de tierra, las paredes del frente tenían rajaduras, el techo se encontraba deteriorado y los ventanales, rotos. También señaló la presencia de humedad, ratas y murciélagos. Los pupitres cubiertos de suciedad, libros arruinados por el abandono, y sin los muebles indispensables. Y, sobre todo, informó que "no había registros ni documentación correspondientes a los períodos lectivos de 2024, 2025 y 2026". Los padres de los alumnos y muchos vecinos firmaron el documento donde se describía una verdadera escuela fantasma.
Que se sepa, no hubo respuesta oficial, ni inspección, ni una evaluación del estado educativo de los alumnos.
Cualquiera sea el desenlace judicial, no cabe ninguna duda de que Nancy es una heroína de la educación. Una mujer que llega al sacrificio extremo a que los obliga la negligencia de los responsables de la Educación pública. Porque la decadencia educativa abarca a todos los niveles, provincias y establecimientos, y el Estado lo ignora, al parecer, sin comprender que la enseñanza obligatoria y universal es uno de los instrumentos estratégicos más importantes para el desarrollo de la Nación.
Esta trágica muerte nos recuerda a los salteños a otra heroína reciente. Evelia Murillo tenía 44 años cuando la noche del 2 de octubre de 2014 fue asesinada a balazos por defender a una alumna en la escuela del paraje El Bobadal, cerca de Tartagal, Salta. El agresor -una persona de costumbres feudales y violentas- debe haberse sentido "propietario" de la jovencita, perteneciente a la etnia wichi. Pero, además, desconoció por completo la autoridad y la humanidad de Evelia.
Evelia y Nancy, dos docentes argentinas que llevaron al extremo el compromiso educativo.
Dos crímenes emblemáticos. Dos maestras que honran a los educadores argentinos. Dos femicidios que interpelan a quienes tienen a su cargo no solo la educación sino la seguridad de todas las escuelas del país y, también, la extirpación del machismo en la cultura argentina.