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"Rusia busca influir en Argentina”: fuerte advertencia en la Conferencia Internacional sobre desinformación

Especialistas internacionales alertaron sobre operaciones de injerencia rusa, financiamiento y construcción de redes de influencia en el país. Diario El Tribuno estuvo presente en el evento.  
Miércoles, 15 de abril de 2026 19:03

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En un contexto de creciente preocupación por la desinformación y la injerencia extranjera, expertos internacionales pusieron el foco en Argentina y advirtieron sobre el accionar de Rusia en el plano informativo y político. La definición más contundente fue del periodista español Marc Marginedas: “Rusia busca influir en Argentina”.

La Tercera Conferencia Internacional sobre la Manipulación Informativa e Injerencia Extranjera (FIMI), realizada en la Casa de la Cultura porteña, reunió a especialistas, diplomáticos y periodistas de distintos países. Diario El Tribuno estuvo presente en el evento, que incluyó tres paneles de debate sobre un fenómeno que crece a nivel global.

El concepto FIMI -sigla en inglés de Foreign Information Manipulation and Interference- refiere a acciones deliberadas de actores extranjeros que utilizan desinformación, bots y noticias falsas para manipular el entorno informativo, influir en la opinión pública y socavar los procesos democráticos.

Espionaje ruso

La conferencia se desarrolló pocos días después de que trascendiera una denuncia sobre un presunto esquema de espionaje ruso en Argentina, en el que se habrían destinado unos 280 mil dólares para financiar publicaciones en medios locales con el objetivo de desprestigiar al gobierno de Javier Milei. Este dato fue mencionado como parte del contexto que refuerza la preocupación por la injerencia extranjera.

Marc Marginedas, periodista especializado en política internacional, fue uno de los expositores más contundentes. “Argentina se interesa por Rusia y al revés. Rusia busca influir en Argentina”, sostuvo. Además, mostró imágenes de una sede vinculada a Rusia en el país que ocupa una manzana completa y sobre la que -según afirmó- existe escasa información pública. También advirtió sobre posibles mecanismos de financiamiento a actores políticos locales.

Marginedas agregó que unos 120 mil ciudadanos rusos ingresaron a la Argentina desde la invasión a Ucrania. En ese marco, mencionó publicaciones en Telegram donde se ofrecen servicios de seguridad privada por parte de rusos en el país. Según explicó, algunos tendrían entrenamiento militar y posibles vínculos con el Grupo Wagner, lo que -dijo- podría implicar la conformación de estructuras por fuera del Estado.

“Rusia actúa globalmente”

Mykola Balaban, subdirector del Centro de Comunicaciones Estratégicas “Spravdi” de Ucrania, remarcó el carácter global de estas operaciones. “Rusia actúa globalmente”, afirmó, y explicó que utiliza inteligencia artificial para traducir y amplificar mensajes en múltiples idiomas. También señaló que cuenta con una “infraestructura de tipo industrial” para multiplicar contenidos y advirtió que en Argentina “se animaron a crear periodistas fantasmas”.

Wojciech Solak, director del Centro para la Democracia y la Resiliencia de Globsec (Polonia), expuso el caso de su país tras la invasión rusa a Ucrania. Detalló cómo se instalaron narrativas falsas contra los refugiados ucranianos -ás de un millón en Polonia- acusándolos de quitar empleos, abusar del sistema de bienestar y aumentar la criminalidad. “El objetivo era generar rechazo social”, explicó. También relató un episodio en septiembre de 2025, cuando drones ingresaron al espacio aéreo polaco y luego circularon versiones falsas que culpaban a Ucrania. “Es típico de Rusia instalar narrativas tras eventos críticos”, afirmó.

Oleksandr Pankieiev, profesor del Programa de Ucrania en la Universidad de Alberta (Canadá), analizó la evolución de la propaganda rusa y su impacto. “No se trata solo del origen de la información, sino de cómo se construye el relato”, explicó. También advirtió sobre una lógica de influencia que busca consolidar poder sobre otras naciones y alertó por sus efectos en la libertad de expresión.

La lucha contra la desinformación

Philippe Bernés-Lasserre, director de AFP para Argentina y Paraguay, destacó el rol del periodismo en la lucha contra la desinformación. Señaló que la agencia cuenta con 150 verificadores en 26 idiomas y realiza unos 17 mil chequeos al año. “Somos como una fábrica de herramientas para combatir la desinformación, pero es como frenar un tsunami”, graficó. También subrayó el trabajo de capacitación a periodistas y estudiantes.

Además, explicó que el servicio AFP Factual trabaja con herramientas de código abierto, expertos y alianzas con organizaciones como Chequeado para verificar contenidos que circulan en redes sociales. “Hay un nivel casi de infantería en el trabajo de los verificadores, que deben actuar rápido y con precisión frente a la viralización de información falsa”, sostuvo, y advirtió sobre los límites de recursos frente a un fenómeno en constante expansión.

Fortalecer mecanismos de monitoreo

Jean-Christophe Boucher, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Calgary (Canadá), puso el foco en la necesidad de respuestas estatales. “Muchas veces las sociedades no perciben estas operaciones”, advirtió. En ese sentido, llamó a fortalecer los mecanismos de monitoreo, la cooperación internacional y la capacidad de los Estados para disputar el espacio informativo. “Es una batalla por la información”, sostuvo.

En esa línea, remarcó que los países deben avanzar en mecanismos de sanción contra quienes llevan adelante estas operaciones y en estrategias para interrumpir su funcionamiento. También señaló que existe una “competencia por el espacio informativo” donde las democracias deben ofrecer alternativas frente a modelos autoritarios, promoviendo la colaboración entre Estados, medios y sociedad civil.

La conferencia se consolidó como uno de los principales espacios de análisis sobre desinformación en América Latina. En un escenario cada vez más complejo, los especialistas coincidieron en que la injerencia extranjera representa un desafío creciente para las democracias y requiere respuestas coordinadas, información de calidad y una ciudadanía crítica.

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