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Con el informe de Adorni y la presencia de Milei, el Congreso será espejo de la grieta aún vigente

Los diputados de la oposición esperan la llegada del jefe de Gabinete al recinto para interpelarlo. La presencia del Presidente, junto con varios ministros, será otro gesto de confianza al jefe de Gabinete.
Domingo, 26 de abril de 2026 01:04
Como los abrazos previos, Javier Milei irá el miércoles 29 al Congreso para apoyar una vez más a Manuel Adorni.

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El miércoles, Javier Milei acompañará al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, cuando se presente ante la Cámara de Diputados. Se trata de un informe que el jefe de los ministros debe realizar mensualmente, alternando entre las dos cámaras legislativas. Es un sistema que la Constitución Nacional establece con un propósito republicano, que obliga al Poder Ejecutivo hacer público lo realizado y lo proyectado, respondiendo además a las inquietudes institucionales de los legisladores.

El miércoles se espera una "batalla campal", es decir, un entrecruce de acusaciones –sin que falten los insultos de bajo calibre– que dejarán de lado la realidad del país, desplazada por el esfuerzo de opositores y oficialistas por poner en el centro de la escena denuncias mutuas de corrupción.

El caso de Manuel Adorni tiene ribetes inexplicables. Su función es la de fortalecer al Presidente cuando las circunstancias se tornen adversas para el gobierno. Las acusaciones sobre compra de inmuebles y contratos de viajes que no condicen con sus ingresos ni con su declaración patrimonial - más allá del desenlace judicial que tengan - requieren una explicación pública de su parte. Cada vez que lo intentó, quedó más comprometido.

Un funcionario político tiene obligaciones, que incluyen las explicaciones sobre temas que afectan al patrimonio del Estado, En su caso se agrava, porque su estilo provocador, exacerbado durante su desempeño como vocero, contrasta ahora ante las sombras que se proyectan sobre su persona, a las que trata de despejar con nuevas muestras de soberbia.

Incluso, la prohibición del ingreso de los periodistas acreditados a la Casa de Gobierno, con el pretexto de un hipotético complot originado en Rusia, es la peor forma de generar confianza en la transparencia.

Adorni debería ser el escudo de Milei; el miércoles, el presidente va a ir a una sesión muy dura, para respaldar a su subordinado.

El diálogo imposible

El escenario previo brinda elementos candentes para un país cada vez más polarizado. Una fractura maniquea que se fue agudizando en las dos últimas décadas, en medio de una economía fluctuante, con efectos sociales tangibles, y que ninguno de los dos modelos pudo resolver. Y, lógicamente, con posiciones absolutas va a ser imposible construir políticas de Estado.

En primer lugar, a las denuncias contra el jefe de Gabinete se contrapone el fallo de la Cámara de Casación que ordena la ejecución de bienes de Cristina Fernández de Kirchner, sus hijos y el operador kirchnerista Lázaro Báez por un valor de $ 685 mil millones, para reparar el desvío de fondos destinados a la obra pública en beneficio de los acusados. Lo cierto es que una competencia entre mayor o menor corrupción de uno u otro lado no resuelve nada. Solo contribuye a la pérdida de confianza en la democracia.

El proyecto presentado compulsivamente para eliminar las PASO es otro síntoma de esa marcha hacia los extremos que erosiona al sistema. Las primarias obligatorias fueron creadas ante el fracaso de los partidos políticos y coaliciones para celebrar elecciones internas, que serían el procedimiento más sencillo. Y para lograr que los afiliados fueran a votar para elegir candidatos.

El argumento de los costos para el Estado de la doble elección supone que la representatividad y la transparencia son un gasto prescindible para el Estado. Y cuando se plantea que la gente se agota de votar entre tres y cinco o seis veces por año, contabilizando elecciones nacionales y provinciales con balotaje, es absolutamente lógico. La sociedad no se motiva con luchas políticas cada vez más centradas en los intereses personales de los postulantes.

Los polos ideológicos

Los viajes de los últimos días, con el presidente viajando a Hungría para apoyar al luego derrotado Viktor Orban, y a Israel, a abrazarse con Benjamin Netanyahu, mientras el gobernador Axel Kicillof y la Cámpora llevaban la interna partidaria a Madrid, a un encuentro internacional convocado por el cuestionado presidente socialista Pedro Sánchez, son un fresco de los dos relatos en pugna. La "batalla cultural", una bandera que levantó Cristina Kirchner, en una visión chavista, y a la que Milei contrapone el "capitalismo libertario".

Y esta confrontación admite términos medios.

La última semana, el presidente recibió a Peter Thiel, uno de los empresarios e inversionistas más influyentes de Silicon Valley. Un experto en sistemas de seguridad, información militar y de espionaje digital, de alcance planetario. Milei relató, después del encuentro, que Thiel está interesado en ser "presidente anarcocapitalista". Y que él le aseguró que "la batalla cultural es lo que garantizaba el resultado a largo plazo".

Está claro que el espectáculo que ofrecen habitualmente los legisladores y los gobernantes en el Congreso o en las redes, a pesar del grotesco, son parte de esa batalla cultural, con motivaciones ideológicas y, por supuesto, intereses y ambiciones personales.

Estrategia de blindaje

El oficialismo define una estrategia para blindar a Manuel Adorni frente a las embestidas opositoras en Diputados. Una es la defensa institucional: ante preguntas por la causa por presunto enriquecimiento ilícito, responder que existe "un proceso judicial en curso" y evitar pronunciarse sobre el expediente. La otra opción es pasar al contraataque. En la Casa Rosada recopilaron información sobre la gestión kirchnerista —deuda, planes sociales y causas judiciales— para usarla como respuesta política si la sesión deriva en una ofensiva opositora.

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