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Los cimbronazos políticos hacen tambalear la fórmula libertaria 

La microeconomía no arranca y falta pericia para aflojar tensiones. Ei desgaste político se refleja en el caso Adorni y en la crisis con Irán. 
Sabado, 04 de abril de 2026 20:32
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El escenario político y social del país no atraviesa un momento de remanso. Y hay indicios de desorientación acerca de cómo seguir. La economía no arranca, el jefe de Gabinete Manuel Adorni se ha convertido en una figura tóxica y, en temas estratégicos, sigue faltando una mirada experta para que las razones no se sometan a las pasiones, o el desconocimiento.

En pie de guerra

La sobreactuación del alineamiento de Javier Milei con la aventura militar de Donald Trump en Medio Oriente lo lleva a transitar por senderos cenagosos. La alianza con Estados Unidos contra Irán no es aconsejable para el país. 

Argentina sufrió dos ataques de los grupos paramilitares iraníes, en 1992 y 1994. En su momento, optó por resolverlo a través de la vía diplomática, estrategia que quedó trunca cuando Cristina Kirchner decidió firmar un protocolo de acuerdo, que en los hechos era un pacto de amnistía. La Argentina debe romper ese pacto, pero por la vía diplomática nuevamente. Porque si Irán responde con su estilo, no lo hará a través de una declaración formal de guerra, sino a través de los métodos tradicionales que ya hemos experimentado. Y hoy, los servicios de Inteligencia, que son imprescindibles para cualquier país, no ofrecen garantías, enfrascados como están en una disputa entre dos inexpertos, Santigo Caputo y Karina Milei.

Expulsar al encargado de negocios de la República Islámica de Irán en Argentina, Mohsen Soltani Tehrani, tras declarar “organización terrorista internacional” a la Guardia Revolucionaria Islámica - aunque pueda ser cierto - supone una radicalización que habrá que ver cómo se la sostiene.

La apuesta al peso

Esos impulsos en materia de política exterior son el indicio de que, después de dos años en el poder, el gobierno libertario comienza a percibir que la fórmula mágica de “inflación cero, emisión cero y ajuste” requiere además de funcionarios fogueados, con idoneidad política y profesional y más leales al país real que a la sabiduría teórica de Murray Rothbard. Probablemente, el ministro de Economía Luis Caputo lo supiera desde el principio. Pero su fuerte son los cálculos financieros y monetarios, y un país necesita, además, los mismos esfuerzos y logros en el desarrollo industrial y productivo en general, en garantizar la capacidad de consumo y en la competitividad económica. Y los fracasos en estos puntos, que se reflejan en el humor social y la opinión pública, debilitan a un gobierno sin electorado propio y poco proclive a construir alianzas estables. Es entonces cuando aparece la sombra negra de la crisis política. 

En los últimos días, el ministro de Economía sorprendió al hablar en la Bolsa de Comercio de Rosario, preocupado por la suba de la inflación y la caída de la actividad. "Me preocupa la velocidad de la recuperación", dijo y añadió: "Tenemos potencial para estar creciendo al 9% o 10%", dijo. Pero su autocrítica se tradujo al lunfardo cuando habló de los economistas que recalcan que el peso está sobrevaluado frente al dólar y que esa es una de las causas del aumento proporcional de las importaciones y la pérdida de empleos. "Me dan ganas de cagarlos a patadas en el culo", dijo.

Hace 45 años, Lorenzo Sigaut, ministro de economía del general Roberto Viola pronunció una “frase maldita”: “El que apueste al dólar, perderá”. Obviamente, se multiplicaron las apuestas al dólar. Y todos ganaron. En Rosario, Caputo volvió a prometer que diciendo es que gracias a que no se emite más “en competencia de monedas, la moneda fuerte será el peso…".

Sin embargo, hablando con otros funcionarios de gobierno reconoció: “Hice todo lo que se podía hacer. Sin embargo, el índice de riesgo sigue sin bajar. Ya no depende de la gestión económica. Depende de la situación política”.

Y la situación política es el flanco cada vez más débil.

Adorni, Caputo y la caída de la credibilidad 

Cuando el ministro Luis Caputo ubica a la política como la causa de la baja credibilidad del país, parece referirse a que un eventual retorno del estatismo económico es el fantasma temido por aquellos que permitirían al país volver a los mercados como fuente de financiamiento de la deuda externa. 

En realidad, la credibilidad de este gobierno depende, básicamente, de su desempeño. Un logro, como es el de haber ganado la demanda planteada por accionistas desplazados de YPF, quedó opacado por la conducta de, nada más y nada menos, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni.  Aunque su rol siga pareciendo el de un vocero, según la Constitución nacional es el encargado de ejercer la administración general del país y coordinar al gabinete.

El mismo Adorni que proclamaba la austeridad del gobierno como principio esencial y diferenciador de la gestión libertaria, en pocos meses de su nueva función, complican al gobierno debido a las denuncias por el uso personal de los bienes del Estado y negocios inmobiliarios que comprometen la credibilidad del gobierno, especialmente, ante los electores. Y de ahí, las dudas de los inversores. Adorni no ha podido explicar el origen de los recursos con que incrementó su patrimonio. Y si la gente no le cree a él, el mercado no va a estar seguro sobre lo que ocurra en 2027.

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