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La oposición se diluye, pero los números no ayudan y la interna bizarra complica todo

La macro da buenas señales, pero los datos del INDEC alarman. La pelea en la cúpula del poder muestra a un presidente que no ordena.
Domingo, 24 de mayo de 2026 01:58
Los tiempos felices, cuando MIlei, Karina y Caputo eran el triángulo de hierro.
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"Si un marciano viniera a la Argentina y viera los datos concretos concluiría que la reconstrucción del país es maravillosa". Esta frase la pronunció el presidente Javier Milei durante un evento realizado en el MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires). Suponía que el visitante extraterrestre leería los datos macroeconómicos e imaginaría que se encontraba ante una superpotencia en ciernes.

En boca del presidente, es sorprendente. Probablemente, si un extraterrestre llegara a la tierra, no vendría a leer el Boletín Oficial de la Casa Rosada, sino que trataría de comunicarse con las autoridades espaciales de Estados Unidos, China, Rusia, o con las grandes empresas que planifican incorporarse a la colonización del sistema solar.

Por cierto, nada de eso hay en la Argentina. No porque falten científicos e investigadores de primer nivel, sino porque la mayoría construye su carrera en el exterior. En la Argentina, la ciencia está demasiado condicionada por la ideologización académica y por el constante desfinanciamiento, un fenómeno que se viene repitiendo en los últimos cuarenta años.

Es inimaginable lo que podría pensar un extraterrestre sobre políticas educativas, científicas o laborales de un país, o si le importaría evaluar los números de la macroeconomía argentina. En todo caso, consultaría al respecto a organismos internacionales.

Y probablemente no creería que seamos una potencia en desarrollo. El ejemplo es un informe de la Universidad de St. Gallen en Suiza, citado en una reciente nota por el politólogo Ezequiel Jiménez, columnista de El Tribuno. Al analizar científicamente en qué medida las élites nacionales convierten su poder político y económico en creación sostenible de valor, ubica a la Argentina en el puesto 104 en un ránking mundial de 151 economías evaluadas. La nuestra cayó 34 puestos desde 2024.

Argentina ocupa en ese informe el puesto 22 en el indicador de inversión pública en educación como porcentaje del PBI y el puesto 8 en la relación alumno-docente. Sin embargo, esa inversión declarada no se traduce en resultados: el país ocupa el puesto 59 en los puntajes PISA.

Un clima de desconcierto

Por otra parte, si el extraterrestre aterrizara en Buenos Aires, se encontraría con movilizaciones masivas en defensa de la universidad pública, y no tan masivas, pero quizá más dramáticas, en reclamo del financiamiento de hospitales públicos y del sistema de obras sociales y medicina prepaga.

En este punto, cabe hacer un llamado de atención: los profesionales de hospitales de la provincia de Buenos Aires reclaman ante la Nación y no ante el responsable local, que es el ministro de Salud del gobierno de Axel Kicillof. Y en muchos casos, esos profesionales muestran pancartas que promueven a candidatos justicialistas en las internas provinciales.

Una buena síntesis para un visitante extraterrestre: una protesta válida, con un aroma partidario que la deslegitima, que promueve a un modelo que gobernó durante 16 años al país, y culminó con el triunfo libertario en 2023. Hay datos que hablan por si solos.

Pero la respuesta no es mejor. La euforia por la reducción del gasto público y el logro del superávit fiscal y financiero lleva al presidente a asegurar que él mismo es una de las tres personas más importantes del planeta. Parece una sobredosis de autoestima.

Porque los números no alcanzan para dar un salto cualitativo en el riesgo país, que sigue muy alto en relación con Latinoamérica. Descontamos a Venezuela, que bajó de casi 13.000 puntos a 5.700 desde diciembre, es decir, desde que Donald Trump secuestró a Maduro e instaló un gobierno dócil con los mismos funcionarios de la dictadura. Argentina sigue ocupando el segundo lugar, con 556 unidades, muy por encima de México (190), Brasil (174) y Perú (120) y a distancias siderales de Paraguay (108), Chile (83) y Uruguay (62).

¿Motosierra o destrozos?

El gran logro de haber puesto bajo control a la inflación no ha permitido detener la caída del poder adquisitivo del salario. Nadie olvida que Javier Milei heredó un país al borde de la catástrofe, y que el campo, la minería y la energía dan señales auspiciosas. Pero hay deudas pendientes cuya solución no se avizora. Una familia integrada por una pareja de 35 años, ambos económicamente activos y propietarios de la vivienda, con dos hijos de 9 y 6 años necesitó en abril ingresos mensuales de entre $2.384.515 y $7.630.448 para ser considerada de clase media.

Pero si se toma el nivel de ingresos por deciles, el 10 % más alto abarca a todos los hogares que perciben un total mensual superior a $3.624.000 (Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, que también debería de observado por el marciano que propuso Milei).

¿Y que pasa con el otro 90%: oscilan hacia abajo, al borde de la supervivencia, con recortes de gastos esenciales y un sistema de obras sociales ineficiente. El 10% de los hogares con menores ingresos, registra un rango entre $3.000 a $566.000.

Claro, si el marciano imaginario revisara las estadísticas históricas se daría cuenta de que la decadencia viene desde hace mucho tiempo. No es obra de Milei. Considerando lo ocurrido en el siglo XXI, la traumática salida de la convertibilidad nunca logró encaminar el crecimiento sostenido.

El populismo previsional duplicó arbitrariamente el número de jubilados con el fácil recurso de congelar los haberes para que los que habían hecho aportes toda su vida financiaran a los morosos. Es justo que quienes lo necesitan reciban una pensión a la vejez, los más alta posible. Pero las aventuras de Sergio Massa y Amado Boudou, (ambos surgidos de las filas de la UCeDe) durante la primera década de kirchnerismo en el ANSES contribuyeron a la emergencia previsional actual. Y lo mismo podría decirse con todas las áreas de la economía, como la arbitrariedad tributaria, la manipulación de las exportaciones y la pésima política energética, un verdadero pantano de dificultades que el marciano de Milei no entendería.

Hace falta una reforma previsional, una reforma tributaria y un avance inteligente en materia de política laboral, todo, en un consenso federal, y pensando en la gente más que en los votos.

"Demasiados jubilados"

Es difícil. Frente a la crisis del PAMI, el ministro de Salud, Mario Lugones, dio la respuesta más desconcertante que se podía esperar: "Hay abuelos de más de 80 años que representan una carga muy grande para el sistema". ¿Acaso Lugones pensó que la jubilación tenía otra fecha de caducidad que la marca la expectativa de vida?. Por supuesto que cada vez va a haber más jubilados y más personas de 90 años. Enhorabuena. Y esa es la tarea de un Estado: desarrollar un sistema productivo acorde a los tiempos y garantizar la calidad de vida a todos los ciudadanos. Y sí, es difícil. Sobre todo, si pasamos de "los bolsones de López" a las jubiladas que financian a Manuel Adorni. Está claro que hay pocas expectativas. Con una oposición acéfala, sin proyecto y encapsulada en una interna tosca y mediocre, enfrentada a un oficialismo en el que la voracidad de poder ha desencadenado una guerra bizarra en la cúpula del poder, con carpetazos y denuncias de corrupción mutuas, el presidente queda en una sombría posición de fragilidad que en nada va a contribuir a que el marciano de la metáfora crea en una muy cercana "Argentina potencia".

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