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La discriminación enrarece el clima del mundial de fútbol

Domingo, 14 de junio de 2026 00:00

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Las tensiones geopolíticas y la durísima política del gobierno de Donald Trump contra los inmigrantes, intensificada ahora por múltiples focos de conflicto de Estados Unidos en el mundo enrarecen el clima de profesionalidad y transparencia deportiva imprescindibles para el desarrollo del Torneo Mundial de Fútbol organizado por la FIFA.

El deporte, y en especial, la competencia de mayor impacto en todo el planeta debería abrir un paréntesis y garantizar el espíritu originario de esta copa, concebida para construir un espacio de hermandad entre los pueblos.

Una vez que Estados Unidos asumió la responsabilidad de ser sede de la competencia junto con Canadá y México, debió haber subordinado sus restricciones migratorias a la obligación, como anfitrión, de garantizar el ingreso y la estadía a todas las selecciones y los árbitros, que no son inmigrantes sino profesionales reconocidos por la FIFA.

Son numerosos los hechos que descalifican a EEUU como organizador y que debieron haber sido objetados institucionalmente por la entidad mayor del fútbol.

El más resonante y absurdo fue la deportación del prestigioso árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan. El Departamento de Seguridad Nacional le denegó la entrada aludiendo a "problemas relacionados con la verificación de sus antecedentes".

En diciembre, el presidente de la entidad Gianni Infantino le había entregado a Donald Trump el Premio FIFA de la Paz durante la ceremonia del sorteo final de la Copa, como insólito "desagravio" por el Premio Nobel que, previsiblemente, no había recibido. Paradójicamente, la consigna había sido "El fútbol une al mundo". Al ser consultado sobre la discriminación al árbitro Omar Artan, Infantino mostró un asombroso grado de subordinación al responder: "No somos los reyes del mundo". Y añadió: "Es lamentable lo que le pasó a Omar. Tal vez sea bueno simplemente relajarse, tomárselo con calma".

En cambio, desde Canadá, el primer ministro de Columbia Británica, David Eby, le ofreció una calurosa bienvenida al árbitro somalí para dirigir los partidos que se jugarán en Vancouver. Y la asociación europea lo invitó para hacerlo en la Supercopa de la UEFA 2026. En su país, Artan fue recibido como un héroe nacional.

A este episodio debe agregarse la segregación contra la selección de Irán, injustificada más allá de la guerra actual, a la que le prohibieron pernoctar en Estados Unidos. Cuando le toque jugar en ese país, deberá trasladarse en el día del partido desde México o Canadá, y volver apenas terminado el encuentro. Una decisión que, además, implica una clara desventaja deportiva, es decir, afecta directamente a los estatutos reglamentarios de la FIFA. Porque, cabe destacarlo, este torneo se desarrolla en tres países cuya superficie total equivale a un continente.

Otro acto de discriminación fue el sufrido por el máximo goleador de la selección de Irak, Aymen Hussein, quien fue retenido al aterrizar en el aeropuerto O'Hare de Chicago y sometido a un interrogatorio de siete horas. La explicación oficial fue que se trató de un error administrativo. Incluso, al fotógrafo oficial de esa misma selección, Talal Salah, le denegaron el acceso luego de permanecer detenido durante doce horas en el aeropuerto.

Todos los países organizadores de un torneo internacional están obligados a tomar severas medidas de seguridad. Sin embargo, la xenofobia evidenciada por el gobierno estadounidense no es garantía alguna de seguridad mundial. El fútbol debe ser una fiesta, no un campo de batalla. Esto vale para los deportistas, pero también para los gobernantes.

Hoy es muy intensa la conflictividad global y la paz atraviesa, por eso, una dramática fragilidad. Por eso, es necesario que la diplomacia reemplace a la prepotencia. Sumergir al deporte más popular del mundo en el clima sórdido de la guerra es, simplemente, potenciar rencores y enfrentamientos.

Lamentablemente, todo indica que este torneo no contribuirá en absoluto a la armonía sino al malestar y el odio entre los pueblos.

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